Mientras Javier Milei festeja la baja en la pobreza medida por el Indec, y los expertos debaten sobre su verdadero alcance, hay otro fenómeno que los números reflejan pero del cual el Gobierno prefiere no hablar: cada vez es más la población de clase media baja que está a punto de caer en la pobreza.
Ayer, el Indec mostró que la pobreza cayó al 28,2% en el segundo semestre de 2025, una baja de 3,4 puntos porcentuales respecto al 31,6% del primer semestre del año pasado y de casi 10 puntos respecto al 38,1% del segundo semestre de 2024.
"LA POBREZA SIGUE BAJANDO. Dato no relato. MAGA!", salió a celebrar el Presidente en sus redes sociales. La baja es probablemente real, pero, como mostró El Destape, está sobreestimada.
Esto se debe, por un lado, a que se sigue utilizando la canasta de consumo del año 2004, que el Indec evitó actualizar en febrero pasado para medir el IPC. Y, por el otro, a que en 2024, por cuestiones metodológicas, comenzaron a medirse más fielmente los ingresos en la EPH, que el Indec utiliza para calcular la pobreza. Esto permitió que la subdeclaración sea menor, pero el Indec no realizó un empalme con las mediciones de años anteriores, por lo que la verdadera caída durante el gobierno de Milei es menor a la oficial por al menos 4 puntos, estiman los privados.
El aumento de la clase media vulnerable
Pero, más allá de esta discusión, hay una tendencia paralela que incomoda al oficialismo: el "achatamiento de la pirámide" de ingresos. Es decir que, aunque es posible que haya menos pobres, al mismo tiempo hay más personas que están cerca de caer en la pobreza.
Leo Tornarolli, analista de ingresos del CEDLAS y uno de los expertos que señaló la sobreestimación en la baja de la pobreza durante los últimos dos años, también advierte sobre este otro fenómeno.
"Los ingresos del 40% que sigue al 40% más pobre (o sea los que estan del 41% a 80% del ranking de ingresos) crecieron bastante menos que los ingresos del 40% mas pobre. Es gente que no se volvió pobre, pero que está más cerca que antes de los que menos tienen", explicó Tornarolli en diálogo con El Destape.
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Esta tendencia se refleja en algunas estadísticas oficiales. La más clara es la del Instituto de Estadística y Censos de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (IDECBA), equivalente al Indec pero dependiente del gobierno porteño, que distingue el porcentaje de personas no pobres pero "en situación vulnerable" y el porcentaje de "sector medio frágil".
En su informe de pobreza del tercer trimestre de 2025, el IDECBA mostró, por un lado, una baja en la pobreza e indigencia, que alcanzó al 17,3% de la población, es decir, 8,6 puntos menos que el 25,9% del tercer trimestre de 2023.
Pero, por otro lado, el mismo informe revela que creció el grupo que está cerca de caer en la pobreza. En concreto, la sumatoria del sector no pobre pero "en situación vulnerable" y del "sector medio frágil" alcanzó al 21,1% de la población en el tercer trimestre de 2025, unos 3,4 puntos más que el 17,7% del tercer trimestre de 2023.
A nivel país esto no es fácil de medir, porque el Indec simplemente distingue entre indigentes, pobres y no pobres. Aun asi, los informes de distribución del ingreso del organismo estadístico nacional dan cuenta de algo similar, que puede servir como indicador.
En el tercer trimestre de 2025, los deciles 5 a 8 de la población (es decir, los que están por arriba de los cuatro deciles más pobres) concentraron el 39,8% de los ingresos totales. Pero en el tercer trimestre de 2023 esta cifra era mayor, ya que estos mismos cuatro deciles del medio concentraban el 41,1% de los ingresos. Es decir, los sectores medios vieron un empobrecimiento relativo en estos dos años de Milei.
Lo curioso es que el mismo informe del Indec muestra que los ingresos relativos de los cuatro deciles más pobres también cayeron en este período: representaban el 21,2% de los ingresos totales en el tercer trimestre de 2023, pero el 20,8% de los ingresos totales en el tercer trimestre de 2025.
En otras palabras, descendió la cantidad de pobres, pero aun así aumentó la desigualdad. Sobre todo, porque el decil más rico pasó de concentrar el 23% a concentrar el 24,5% de los ingresos en el período. Esto implicaría que la mejora en el coeficiente Gini que se vio en el período (bajó de 0,434 a 0,431) obedecería a que pobres y no pobres están más cerca que antes entre sí. Y no a una mejor distribución del ingreso en general, ya que los ricos pasaron a ser más ricos.
Las cifras no son otra cosa que la consecuencia lógica de las políticas mileístas. Por una parte, el Gobierno procuró otorgar subas reales en la AUH, permitiendo mantener apenas por encima de la pobreza a cientos de miles de beneficiarios. Además, la Canasta básica total (que define la línea de pobreza) aumentó levemente por debajo del IPC general, reflejando un atraso relativo en algunos servicios clave para la población.
Pero, al mismo tiempo, se registró en este tiempo un atraso de los salarios formales, no solo del sector privado sino especialmente del sector público, alcanzando a cientos de miles de administrativos, policías, médicos y docentes.
