El INDEC dará a conocer este martes el Índice de Precios al Consumidor (IPC) de marzo, un dato que llega con expectativas de leve aceleración de la inflación respecto de febrero y que podría ubicarse en torno --incluso por encima-- del 3%, según las principales consultoras privadas. De confirmarse, sería el registro mensual más alto en lo que va de 2026 y marcaría el freno total en el proceso de desaceleración que el Gobierno viene señalando como eje de su política económica.
Las proyecciones del Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central coinciden con ese diagnóstico: estiman un IPC cercano al 3% para el tercer mes del año, con una inflación núcleo en torno al 2,9%. Esto implica un incremento de medio punto respecto del mes previo y deja un primer trimestre con una dinámica menos uniforme de lo esperado. En el primer bimestre, la inflación acumuló 5,9%.
El IPC porteño marcó en marzo un aumento del 3%, por encima del 2,6% de febrero. Si bien las metodologías difieren, el indicador suele anticipar la trayectoria del índice nacional, sobre todo en meses donde los ajustes de servicios regulados y estacionales tienen mayor incidencia. Detrás de ese número aparecen factores conocidos: educación, con el impacto del inicio del ciclo lectivo; aumentos en combustibles y transporte; y una dinámica persistente en alimentos. En el caso de educación, las subas fueron significativas, con un salto cercano al 9% que explicó buena parte del movimiento del índice.
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Cómo seguirá la inflación en abril
El informe del REM proyecta, hacia adelante, una desaceleración gradual: 2,6% en abril, 2,3% en mayo y una convergencia hacia el 2% en el bimestre junio-julio. Para el tramo final del año, las estimaciones ubican la inflación mensual por debajo del 2%, con un cierre anual en torno al 29,1%. Sin embargo, el dato de marzo introduce un matiz: la trayectoria no es lineal y los ajustes de precios relativos siguen generando tensiones.
En paralelo, los relevamientos de precios en supermercados muestran que la presión inflacionaria continúa concentrándose en productos de consumo masivo. Un informe del Centro de Estudios Mariano Moreno detectó aumentos de hasta casi 10% en artículos esenciales, con subas destacadas en alimentos y productos básicos. Entre los incrementos más relevantes aparecen galletitas dulces (9,13%), rollos de cocina (8,35%) y distintos cortes de carne de cerdo y vacuna con alzas superiores al 6%.
El comportamiento de la carne vuelve a ser central. En marzo, el cerdo registró aumentos significativos, consolidándose como un componente clave en la canasta luego de haber funcionado como sustituto frente al encarecimiento de la carne vacuna. Esta dinámica impacta de lleno en el índice general, pero sobre todo en el bolsillo de los hogares. Las subas en alimentos modifican patrones de consumo: se reducen cantidades, se reemplazan productos y se priorizan opciones más económicas. La presión es más visible en los sectores de ingresos medios y bajos, donde el gasto en alimentos tiene mayor peso relativo.
Este contexto se refleja también en la evolución del consumo masivo. Según datos de la consultora Scentia, en febrero se registró una caída interanual del 3,4%, profundizando el descenso de enero (-1,1%). Es el segundo mes consecutivo en baja del consumo y la contracción más marcada del último año. La retracción fue generalizada en todos los canales de venta, con excepción del comercio electrónico. Por un lado, los aumentos continúan trasladándose a góndola; por el otro, la pérdida de poder adquisitivo limita la capacidad de convalidar esos incrementos. Este desfasaje empieza a impactar en la dinámica comercial.
