La actividad industrial volvió a hundirse en febrero, con caídas respecto al mes previo y comparado con el mismo mes del año pasado, según datos de Unión Industrial Argentina. El nivel de producción se mantiene estancado y por debajo de años anteriores, consecuencia de la caída del consumo que propicia el programa económico del Gobierno.
Según el informe del centro de estudios de la Unión Industrial Argentina, la actividad industrial registró en febrero una caída en torno al 3% interanual, mientras que en la comparación mensual mostró un retroceso del 0,8%.
El dato confirmó una tendencia que se viene consolidando: la actividad económica industrial no despega, se mantiene en niveles similares al promedio de 2025, y alrededor de un 10% por debajo de los niveles de 2022 y 2023.
Sectores en crisis: autos, acero y construcción entre los más golpeados
El deterioro no es homogéneo, pero afecta a buena parte del entramado productivo. Entre los sectores más comprometidos se destacan:
- Producción automotriz: caída mensual del -8,1%
- Acero: desplome del -11%
- Metalmecánica: baja del -1,9%
- Bebidas: caída del -5,2%
También la construcción continúa en niveles bajos. Aunque algunos indicadores muestran mejoras puntuales, el sector se mantiene hasta 20% por debajo de los niveles de 2022, evidenciando la debilidad estructural de la actividad económica.
En paralelo, sectores como el textil, indumentaria y calzado registran caídas interanuales de dos dígitos, afectados por la menor demanda interna y la mayor competencia de importaciones.
Demanda débil y consumo en retroceso
Uno de los principales factores detrás de la caída industrial es la debilidad del consumo. La pérdida de poder adquisitivo en un contexto de inflación alcista impacta directamente en la demanda de bienes, especialmente en los sectores de consumo durable y semidurable, que registraron caídas de hasta 32% interanual.
Exportaciones y contexto externo: otro frente de presión
A la debilidad del mercado interno se suma un contexto externo menos favorable. Las exportaciones industriales también mostraron señales de retroceso, con una caída del 2,6% en los envíos a Brasil, uno de los principales socios comerciales del país.
En particular, la menor demanda de autos impactó en la producción local, evidenciando la dependencia de ciertos sectores respecto del mercado externo.
A pesar de algunos datos positivos puntuales, como el aumento en el patentamiento de maquinaria industrial o el crecimiento en sectores vinculados a la energía y químicos, el panorama general sigue siendo de estancamiento.
Con una actividad económica débil, consumo retraído e inflación todavía alta, el sector industrial enfrenta dificultades para escapar del piso en el que se encuentra y no para de perforar.
