Con la nueva medición de inflación, la caída salarial que generó Milei salta del 6% al 15%

Si se ajusta el índice de salarios registrados por inflación mediante la canasta de consumo que el Indec utilizará a partir de febrero, la pérdida del poder adquisitivo se profundiza aún más.

30 de enero, 2026 | 15.56

El Gobierno medirá la inflación de una manera distinta a partir de febrero y el cambio abre interrogantes sobre cómo hubiera impactado esta nueva metodología en variables claves de la economía que se ven influenciados directamente por el avance de los precios. Para el caso de los salarios, un informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA) afirmó que la caída acumulada del sueldo registrado durante el gobierno de Javier Milei saltaría del 6% al 15%. 

En noviembre, los salarios del empleo registrado privado cayeron 0,4 puntos porcentuales en términos reales (+2,1% nominal vs. 2,5% IPC), acumulando un retroceso de 1,2% vs noviembre 2023. Para el Sector público hubo una caída de 1,3% en términos reales y de 15,5% desde noviembre de 2023, mes previo a la megadevaluación anunciada por el ministro de Economía, Luis Caputo.

Al analizar el sector público se observa que, en noviembre, los salarios nacionales sufrieron una caída de 1,2% intermensual (1,3% nominal contra 2,5% de inflación) y acumulan una pérdida de 34,1% frente a noviembre 2023. Los salarios del sector público provincial también se retrajeron 1,3% real en el mes y se ubican 7,8% por debajo del nivel de noviembre 2023.

En resumen: los trabajadores sufrieron una caída de 6,4% en salarios registrados (públicos y privados) desde noviembre 2023. Sin embargo, si se ajusta el índice de salarios registrados por inflación mediante la canasta de consumo que el Indec utilizará a partir de febrero, la pérdida del poder adquisitivo entre noviembre de 2023 y noviembre de 2025 alcanza el 15,7%.

Qué cambia con la nueva medición de inflación

A partir de febrero, la inflación comenzará a calcularse con una metodología renovada. El Indec pasará a difundir el Índice de Precios al Consumidor (IPC) utilizando como base la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares (ENGHo) 2017/18, en reemplazo de la estructura de ponderaciones que se mantenía vigente desde 2004. Si bien el cambio no implica la creación de un “nuevo” índice de inflación, sí altera el peso relativo de distintos rubros —como alimentos, tarifas y servicios— y tendrá efectos concretos en la lectura mensual del indicador.

La modificación central del nuevo IPC es la actualización de la canasta de consumo. En más de veinte años, los hábitos de gasto de los hogares se transformaron de manera significativa: los servicios ganaron protagonismo dentro del presupuesto familiar, mientras que los alimentos redujeron su participación relativa.

Con la metodología anterior, el rubro alimentos y bebidas representaba cerca del 27% del índice. Con la nueva canasta, ese peso se reduce a aproximadamente el 22,7%. Esto significa que las variaciones en los precios de los alimentos seguirán siendo relevantes, aunque su impacto directo sobre la inflación general será menor al que tenían hasta ahora.

En sentido inverso, los gastos asociados a Vivienda, agua, electricidad y otros combustibles aumentan su ponderación, al pasar de menos del 10% a más del 14%. El rubro Transporte también gana mayor incidencia. Este ajuste metodológico vuelve al IPC más sensible a la evolución de tarifas y servicios regulados.

Más incidencia de servicios y tarifas, menor peso de los alimentos

Según un análisis de la consultora Qualy, uno de los efectos más visibles del cambio es lo que los especialistas describen como una “reducción relativa” del peso de los alimentos en el índice. Al disminuir su participación, la inflación se vuelve menos volátil frente a factores estacionales o climáticos —como los que afectan a frutas, verduras o carnes— y también ante shocks externos vinculados a los precios internacionales de commodities.

No obstante, esta menor exposición a los alimentos se combina con una mayor rigidez del indicador. Los precios de los servicios suelen ajustarse con menor frecuencia, pero de forma más sostenida en el tiempo, y muchos de ellos están regulados o indexados. Con la nueva metodología, los aumentos en tarifas de electricidad, gas, agua, transporte o comunicaciones tendrán un impacto más significativo en el IPC.

Así, por ejemplo, una suba del 10% en los servicios públicos generará ahora un efecto mayor sobre la inflación que bajo la canasta anterior, dado que este tipo de gastos representa actualmente una porción más elevada del ingreso de los hogares.

El efecto final del cambio metodológico no es uniforme y dependerá de qué rubros lideren los aumentos en cada período. Si las subas se concentran en tarifas y servicios, la nueva medición tenderá a reflejar una inflación más alta que la que habría mostrado la metodología previa. En cambio, si los incrementos más fuertes se dan en alimentos u otros bienes, el índice podría arrojar registros algo más moderados que en el esquema anterior.