La Fed define su política monetaria en medio de la guerra

Con el petróleo en alza, se suma presión inflacionaria en EE.UU. y adiciona riesgos para la economía argentina. La Reserva Federal definirá en ese contexto qué hace con la tasa de interés. 

18 de marzo, 2026 | 14.21

El Comité Federal del Mercado Abierto de la Reserva Federal de Estados Unidos definirá este miércoles si lleva a cabo un nuevo recorte de las tasas de interés, en medio de la incertidumbre que genera el conflicto con Irán. Además, publicará un nuevo conjunto de previsiones económicas. Se espera por el discurso del titular de la Fed, Jerome Powell. En su última revisión, el pasado 28 de enero, la Fed las mantuvo inalteradas en el rango de 3,5% a 3,75% con miras a seguir apoyando las metas inflacionarias. Lo hizo después de haberla reducido tres veces a fines de 2025.

La expectativa está puesta en el impacto inflacionario que tendrá en el corto y mediano plazo la escalada del precio del petróleo en medio de la guerra en Medio Oriente. La suba del crudo reinstaló un factor de presión sobre la economía global en un momento en que la inflación parecía haber entrado en una etapa de desaceleración, con excepción de la Argentina donde la tendencia alcista se remonta a antes de octubre pasado. Probablemente, acelere esa tendencia en los próximos meses. El recrudecimiento del conflicto en Medio Oriente, con impacto sobre rutas clave de suministro, reconfiguró el mercado energético y encendió alertas sobre sus efectos en el crecimiento y los precios, tanto en Estados Unidos como en economías emergentes.

En las últimas semanas, el barril de crudo registró un incremento sostenido que lo acerca a los 100 dólares. La dinámica responde a la incertidumbre sobre el flujo de exportaciones en una región que concentra una parte relevante de la oferta global. La reacción del mercado fue inmediata: subieron los combustibles, se ajustaron expectativas y comenzaron a revisarse proyecciones económicas.

En Estados Unidos, el traslado a precios ya se observa en la gasolina y el diésel, con impacto directo sobre el consumo de los hogares y los costos de producción. En la Argentina ya suma un 11% en lo que va del mes el traslado al surtidor. Este encarecimiento no se limita al sector energético: se extiende al transporte, la logística y, en cadena, a los precios de bienes y alimentos.

Menor crecimiento y más inflación

El aumento del petróleo introduce una tensión conocida en la economía internacional: presiona sobre la inflación y, al mismo tiempo, afecta la actividad. Distintas estimaciones privadas señalan que, si el barril se mantiene en niveles elevados, el crecimiento de Estados Unidos podría desacelerarse entre 0,25 y 0,5 puntos porcentuales durante 2026, según destaca una publicación del Financial Times.

Por un lado, el encarecimiento de la energía reduce el ingreso disponible de los hogares, mientras, por el otro, incrementa los costos de las empresas, afectando márgenes y decisiones de inversión. En paralelo, la inflación encuentra un nuevo impulso. Incluso antes de la escalada del conflicto, algunos indicadores mostraban resistencia a la baja. El petróleo actúa ahora como un factor adicional que puede demorar la convergencia hacia niveles más bajos.

En este contexto, la política monetaria en Estados Unidos enfrenta restricciones. Con una inflación que puede reactivarse y un crecimiento que pierde dinamismo, la Reserva Federal ve reducido su margen de acción. Las expectativas del mercado apuntan a que las tasas de interés se mantendrán en niveles elevados por más tiempo, postergando eventuales recortes. La persistencia de precios altos, impulsada por la energía, condiciona cualquier intento de flexibilización monetaria.

Efectos globales y en Argentina

El encarecimiento del petróleo no queda circunscripto a Estados Unidos. Su impacto se transmite a nivel global a través de los costos energéticos, el transporte y las cadenas de producción. En economías importadoras de energía, la suba del crudo se traduce en mayores presiones sobre los precios internos y las cuentas externas. Incluso en países con producción propia, la referencia internacional termina fijando los valores locales.

Este fenómeno adquiere relevancia en un contexto donde la inflación global había comenzado a moderarse. El petróleo introduce un factor que puede interrumpir ese proceso y reconfigurar las expectativas. En Argentina, si bien podría ser un incentivo en materia de ingreso de divisas por la vía de la exportación de crudo, la suba del petróleo empezó a reflejarse en los surtidores.

Durante marzo, los combustibles registraron un aumento cercano al 11%, en línea con la suba internacional del crudo. Este ajuste impacta de manera directa en el índice de precios y en los costos de toda la economía. El traslado, que se inició con el encarecimiento de la nafta y el gasoil, alcanza al transporte y repercute en alimentos, bienes industriales y servicios, amplificando su efecto sobre la inflación. En una economía con alta inercia inflacionaria, estos shocks externos tienden a propagarse con rapidez.