Aumenta la inflación en EE.UU. por la guerra con Irán y presiona el tiempo de cambio en Argentina

El índice de precios al consumidor en Estados Unidos registró en abril una suba interanual del 3,8%, el mayor incremento en tres años, impulsado por el aumento de la gasolina tras el conflicto con Irán y el cierre parcial del estrecho de Ormuz.

12 de mayo, 2026 | 16.00

El rebrote inflacionario en Estados Unidos vuelve a centrarse en el precio de la energía en medio de la guerra contra Irán y las medidas que pueda tomar la Reserva Federal para amortiguar la suba de precios. Después de casi dos años de desaceleración gradual de los precios, la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán alteró el mercado petrolero internacional y generó un nuevo salto en los combustibles, con impacto directo sobre la inflación estadounidense y consecuencias indirectas para países con estructuras energéticas sensibles a las variaciones internacionales, como la Argentina.

El impacto a la Argentina podría llegar desde dos frentes; por un lado, en el plano de la economía real, la suba del petróleo irradiaría en los valores de los combustibles internos, lo que luego se traslada al resto de la economía. Por el lado financiero, si la Fed decide subir la tasa de interés para desacelerar la suba de precios en Estados Unidos, fortalecería el tipo de cambio de Estados Unidos y tensionaría un esquema cambiario que ya muestra un dólar atrasado.

Con el dato de inflación, los operadores financieros empezaron a poner en precio una leve posibilidad de alza de los tipos de interés hacia fin de año. Sin embargo, esa chance es mínima frente a un Donald Trump que exige una baja en las tasas para estimular la economía, que también se muestra con problemas para sostener cierto ritmo. Todo esto en medio de un cambio de titular de la Fed. El Senado de Estados Unidos aprobó este lunes cerrar la fase de debate y avanzar a la votación final sobre la candidatura de Kevin Warsh para convertirse en nuevo presidente de la Reserva, un sufragio que se convocará en la cámara antes del viernes, día en que Jerome Powell, actual presidente del banco central, abandona el cargo. Warsh fue nominado por Trump para el puesto. 

La inflación autoinfligida 

El Departamento de Trabajo estadounidense informó que el índice de precios al consumidor aumentó un 3,8 por ciento interanual en abril, el mayor incremento desde 2022. La variación mensual fue del 0,6 por ciento, impulsada principalmente por el aumento del 5,4 por ciento en los precios de la gasolina respecto de marzo. En términos interanuales, la suba de los combustibles supera el 28 por ciento, mientras que la asociación automovilística AAA registró un precio promedio superior a los 4,50 dólares por galón, un 44 por ciento más alto que hace un año.

El dato interrumpió la trayectoria descendente que había mostrado la inflación estadounidense desde el pico de 9,1 por ciento registrado en junio de 2022, cuando las disrupciones logísticas posteriores a la pandemia y la guerra en Ucrania habían disparado los costos energéticos y de transporte. 

Aunque la inflación núcleo —que excluye alimentos y energía— se mantuvo relativamente contenida, con un aumento interanual del 2,8 por ciento, el encarecimiento de la energía comenzó a trasladarse sobre el consumo cotidiano y sobre la percepción social del costo de vida. Los alimentos aumentaron 0,7 por ciento en abril, impulsados por la suba de la carne, y los salarios reales comenzaron a retroceder nuevamente. Según los datos oficiales, el salario promedio por hora cayó un 0,3 por ciento interanual una vez descontada la inflación.

La situación comenzó a reflejarse también en empresas vinculadas al consumo masivo, según consigna una nota de Associated Press (AP). Whirlpool informó una caída cercana al 10 por ciento en sus ingresos trimestrales y atribuyó parte de la retracción a una “caída del sector a nivel de recesión” vinculada a la pérdida de confianza de los consumidores frente al aumento del costo de vida y del combustible.

El escenario reintrodujo además un debate monetario en Estados Unidos. La Reserva Federal esperaba iniciar un ciclo de reducción de tasas durante 2026, pero el nuevo cuadro inflacionario obligó a revisar expectativas. El presidente Donald Trump volvió a cuestionar públicamente a la Fed y a Jerome Powell por no acelerar los recortes de tasas, mientras el Senado se prepara para confirmar a Kevin Warsh como próximo titular del organismo.

La persistencia de tasas elevadas en Estados Unidos tiene consecuencias directas para economías emergentes. Por un lado, fortalece al dólar a nivel global y dificulta el acceso al financiamiento externo. Por otro lado, mantiene elevados los rendimientos de los bonos estadounidenses, lo que reduce el atractivo relativo de mercados más riesgosos, como el argentino. Si bien la Argentina incrementó su producción de petróleo y gas en los últimos años a partir del desarrollo de Vaca Muerta, el mercado interno de combustibles mantiene un esquema de precios alineado con referencias internacionales y con fuerte dependencia de la cotización del dólar.

El aumento internacional del petróleo presiona entonces sobre los precios locales de la nafta y el gasoil en un contexto en el que el Gobierno sostiene una política de apreciación cambiaria para intentar moderar la inflación. Ese esquema permitió desacelerar parcialmente la suba de precios durante los últimos meses, pero también encareció en dólares los costos internos y amplificó tensiones sobre sectores exportadores y sobre el frente externo. Pero el atraso cambiario podría verse presionado si Estados Unidos sube la tasa de interés y aprecia su moneda a nivel global, vía efecto de ingreso de capitales.