Francia deja atrás el pasado y se prepara para hacer historia frente a España

12 de julio, 2026 | 18.40

​Francia está a una victoria de prolongar una de las épocas más extraordinarias de dominio en el Mundial, con una tercera final consecutiva y una quinta participación en la final en ocho ediciones al alcance de la mano cuando se enfrente a España el ‌martes.

Para lograrlo, el equipo de Didier Deschamps debe superar ‌a la selección que le ha cerrado el paso en repetidas ocasiones en los últimos años y cuya defensa solo ha sido perforada una vez en este torneo.

España, que ha tenido una trayectoria con altibajos en la competencia, eliminó a Francia en las semifinales de la Eurocopa 2024 y volvió a vencerla el año pasado en un emocionante partido de la Liga de Naciones con nueve goles. Pero esta vez, Les Bleus llegan con los dos delanteros más prolíficos de la competencia —Kylian Mbappé, con ocho goles, y Ousmane Dembélé, con cinco— y un equipo mucho más equilibrado.

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Hay una gran continuidad entre los equipos que se enfrentaron en Múnich hace dos años, cuando España se recuperó del temprano gol de cabeza de Randal ​Kolo Muani para ganar 2-1 con goles ⁠de Lamine Yamal y Dani Olmo.

Siete de los jugadores que fueron titulares con Francia aquella noche podrían volver a formar parte del once ‌inicial en Dallas, pero el parecido en gran medida se acaba allí.

Francia llegó a la semifinal de la Eurocopa ⁠2024 como un equipo que aún busca fluidez.

Mbappé se había visto lastrado por la ⁠fractura de nariz que sufrió en el partido inaugural, Antoine Griezmann tenía dificultades para imponerse y el equipo había llegado a las semifinales a pesar de no haber conseguido marcar con facilidad en el juego abierto.

UNA BASE DIFERENTE

Su trayectoria en Estados Unidos se ha construido sobre una base ⁠muy diferente.

Mbappé y Dembélé han marcado 13 goles entre los dos, Michael Olise ha aportado creatividad y control entre líneas, mientras ​que Bradley Barcola y Désiré Doué han ofrecido otra opción explosiva, ya sea desde el inicio o ‌saliendo desde el banquillo.

Francia se ha vuelto más coherente sin el balón ‌y más variada con él, capaz de atacar a gran velocidad, ralentizar el juego o defenderse en un bloque compacto durante largos ⁠periodos sin parecer incómoda.

Esa flexibilidad táctica quedó patente en su victoria por 2-0 en cuartos de final ante Marruecos, cuando resistieron la presión, impidieron que sus rivales tuvieran ocasiones claras y esperaron pacientemente las oportunidades que finalmente decidieron el partido.

Es precisamente ese equilibrio el que se pondrá a prueba frente a España, que podrá contar con Lamine, un jugador que está recuperando su mejor forma tras llegar al torneo arrastrando una lesión en ​el tendón de la ‌corva.

El equipo de Luis de la Fuente ha mantenido la filosofía colectiva que los llevó al título europeo, utilizando la posesión no solo para crear ocasiones, sino también para asfixiar a los rivales y proteger su propia defensa.

Su registro de un solo gol encajado subraya lo poco que los equipos han sido capaces de superar su línea defensiva, aunque Bélgica demostró, durante la victoria de España por 2-1 en cuartos de final, que puede desestabilizarse cuando los rivales escapan de la presión inicial y atacan ⁠el espacio detrás de su mediocampo.

Francia parece estar mejor preparada que la mayoría para aprovechar esos momentos.

La velocidad de Mbappé disuadirá a los defensas españoles de mantener una línea demasiado adelantada, mientras que la capacidad de Dembélé para atacar desde la banda puede generar incertidumbre sobre de dónde surgirá la mayor amenaza.

Olise, por su parte, se ha convertido en uno de los enlaces más importantes de Francia, desplazándose hacia el interior para combinarse con el centro del campo antes de acelerar brutalmente los ataques.

Deschamps tendrá que decidir si quiere reforzar el centro del campo o mantenerse fiel a la estructura ofensiva que ha convertido a Francia en el equipo más temido del torneo.

Alinear a cuatro jugadores ofensivos daría más quebraderos de cabeza a España, pero también podría dejar a ‌Francia expuesta si se supera su presión.

LA HISTORIA AL ALCANCE DE LA MANO

"Somos la única selección en el mundo que ha sido capaz de ganarle dos partidos consecutivos", dijo De la Fuente sobre Francia tras la victoria sobre Bélgica. "Una grandísima selección se va a enfrentar a otra grandísima selección".

Francia, sin embargo, tiene la historia al alcance de la mano.

Llegó a la final del Mundial en 1998, 2006, 2018 y 2022, ganándola en dos ocasiones, y una victoria en Dallas la llevaría a su quinta final en ocho ediciones.

Además, se convertiría en la primera selección, desde Brasil entre 1994 y 2002, en disputar ‌tres finales consecutivas del Mundial.

Esa consistencia se ha forjado en torno a la capacidad de Deschamps para renovar su equipo sin sacrificar su identidad competitiva. La selección que ganó en 2018 se basaba en la solidez defensiva y en transiciones implacables; los finalistas de 2022 se apoyaron en gran medida en la brillantez de ‌Mbappé. Esta versión parece tener más ⁠profundidad, ser más atrevida y depender menos de una única vía hacia la victoria.

España podría ser el único rival capaz de sacar a relucir cualquier defecto que aún le quede.

Además de haber encajado solo un gol, posee la calidad ​técnica necesaria para quitarle el balón a Francia y ha demostrado en repetidas ocasiones que puede convertir largos periodos de control en rachas decisivas en el área chica.

Sin embargo, Francia llega al encuentro con más potencia ofensiva, mayor confianza y la sensación de que su evolución la ha llevado a un punto en el que las derrotas recientes ya no definen el enfrentamiento.

Con información de Reuters