Si hay cosas en Turf que no envejecen son la ironía, las melodías inoxidables y esa sensación de fiesta permanente que parece sobrevivir a todo, incluso al paso del tiempo. Treinta años después de haber empezado como un grupo de pibes que apenas entendían lo que implicaba subirse a un escenario, hoy celebran su historia con un show especial en Complejo C Art Media el 9 de mayo, donde prometen repasar toda su discografía “30 canciones por los 30 años” y, claro, convertir la noche en una postal de felicidad colectiva.
En la previa, Joaquín Levinton y Leandro Lopatín hablan sin filtro, saltando de la reflexión al chiste en cuestión de segundos, y dejando frases que funcionan como pequeñas cápsulas de lo que Turf es hoy. “Evidentemente nos gusta hacerlo. Nos gusta la banda, es nuestra vida”, dice Lopatín, casi como si necesitara explicarse algo que en realidad ya está resuelto hace décadas. Y enseguida suma la fórmula que los mantiene en movimiento: “Más amor, más compañerismo, más humor y también mantenernos activos con muchos proyectos. Esa es la clave”.
No es casual que la palabra “amor” aparezca tan rápido. Turf atravesó una separación que, lejos de debilitarlos, terminó siendo una especie de prueba definitiva. “Tuvimos una pausa como para decir: ‘Bueno, cada uno quiere hacer lo suyo’. Pero después nos extrañamos, quisimos volver, quisimos seguir haciendo esto”, cuenta Levinton. “Es la banda de toda nuestra vida… una burbuja que te protege y nutre”.
Treinta años después, la pregunta es inevitable ¿siguen siendo los mismos? La respuesta, como casi todo en Turf, es ambigua. “Sí y no”, dicen. “Hemos crecido, a cada uno le pasaron mil cosas. Pero cuando nos encontramos, el espíritu está intacto”.
Ese espíritu es el que explica por qué sus canciones siguen funcionando como pequeñas máquinas del tiempo. En los shows conviven generaciones distintas desde chicos que descubrieron la banda hace poco y otros que los siguen desde los 90.
“Vos ves a alguien cuando entra y cuando sale del show, y la cara está distinta. El espíritu está distinto. La música levanta”, dice. Lopatín asiente y suma una postal reciente de la gira europea: “Para mucha gente que está lejos de su casa, los shows eran más que un show. Era algo emocional que explotaba. Había gente arriba del escenario, era desbordante. Fue un flash”.
Ese ida y vuelta con el público sigue siendo el combustible principal. Incluso en noches difíciles. Levinton recuerda una noche en particular: “Estábamos muy cansados, y les dije: ‘Chicos, necesito que ustedes me levanten la energía a mí’. Y lo entendieron. Terminé colgado del techo”. Se ríe. La escena es absurda, pero también perfecta.
MÁS INFO
Cómo será el festejo por los 30 años de Turf en el Complejo C Art Media
En ese contexto, el repertorio para el show aniversario se convierte en una excusa para revisitar toda su historia. “Ahora que estamos armando las 30 canciones, probamos temas que hace mucho no tocamos… y todos nos gustan”, dicen. No hay cinismo en esa afirmación: “Si los grabamos es porque nos gustaban. Y los temas más populares… algo tienen, son de los mejores”.
Turf nunca esquivó las críticas a la música “bailable” o “ligera”. Pero su postura es clara, casi militante. “Nosotros somos un grupo que le levanta a la gente”, dicen. Y en tiempos donde la realidad suele ser más áspera que festiva, esa misión parece haber cobrado un nuevo sentido.
Mientras tanto, el futuro también empieza a tomar forma. Turf está trabajando en material nuevo, con la idea de adelantar algunas canciones antes de fin de año y lanzar un disco próximamente. El proceso, cuentan, es más íntimo que nunca: “Estamos en una salita chica, componiendo. Es algo muy privado”. Levinton lo define con entusiasmo casi infantil: “Prueba, falla, error, desarrollo… creatividad”.
Esa necesidad de crear convive con proyectos personales sin que la banda pierda su lugar central. “Los días son largos. Hay espacio para hacer todo lo que uno quiere”, dicen. Y Turf, lejos de ser una obligación, parece ser el eje que ordena todo lo demás.
Treinta años después, Turf sigue siendo una banda que no perdió el entusiasmo, que convirtió la nostalgia en presente y que, arriba del escenario, todavía puede hacer que todo (aunque sea por un rato) funcione mejor.
