La noche en que My Chemical Romance volvió a Argentina después de casi dos décadas fue una ocupación simbólica que hizo temblar el pasto del Estadio Huracán y, por unas horas, transformó Buenos Aires en un país imaginario con su propio régimen militar dictatorial, su himno y sus mártires.
Desde que las luces se apagaron y la intro siniestra de The End. emergió de los amplificadores, quedó claro que esto no sería “un show más”. Era un ritual performático, una mezcla de teatralidad, caos controlado y anthems que la MCRmy (la legión de fieles emo) llevaba años esperando.
Si alguna vez se preguntaron cómo sonarían miles de gargantas cantando Welcome to the Black Parade en el corazón de Buenos Aires, imaginen una marea coral oscura, épica, como si se hubieran congregado no solo fans, sino ciudadanos de un estado alternativo fundado por Gerard Way.
La puesta en escena coreografió la narrativa del álbum icónico The Black Parade 1976-style desfile militar, máscaras, estandartes y actores que emergían como soldados y prisioneros, todo envuelto en pirotecnia y una cinematografía que desbordaba el estadio. Fue una ópera rock en vivo, una sucesión de escenas que delirio tras delirio transformaba el redoblante de la batería en latidos de una nación imaginaria.
Durante más de dos horas, la banda repasó The Black Parade entero, uno de los discos más reverenciados del rock contemporáneo, Dead!, This Is How I Disappear y Teenagers fueron declaraciones de principios, lágrimas en forma de acordes, gritos en coro que atravesaron generaciones.
En el segundo set, los himnos clásicos I’m Not Okay (I Promise), Helena y Na Na Na devinieron en himnos colectivos. El estadio vibraba como si cada fanático hubiera traído consigo un fragmento de su adolescencia.
The Hives y Nenagenix: el toque pre-revolucionario
Antes de que la bandera negra se alzara, The Hives, los suecos infames, y confesada banda favorita de Gerard Way, prendieron la mecha. Su garage punk furioso encendió al estadio, desafiando al público a correr, saltar y gritar como si no hubiera un mañana.
Cuando la noche llegaba a su clímax, con fanáticos exhaustos pero eufóricos, MCR agradeció a Nenagenix, la banda argentina elegida por ellos como telonera, un guiño genuino que encendió un rugido de cariño local.
