Félix Vestre lanzó YORU, un EP breve, preciso y con apenas 16 minutos de duración, que se escucha de una sola vez y deja la sensación de haber atravesado un pequeño universo nocturno. “Me gusta que sea bastante conciso, son temas cortitos”, cuenta entre risas, casi como justificando esa decisión que hoy parece ir a contramano de los discos eternos.
Sin embargo, detrás de esa brevedad hubo mucho tiempo de trabajo. Algunas canciones, como Necesario, lo acompañan desde hace más de dos años. “Son temas que fui peleando bastante tiempo”, explica. YORU no nació de un impulso inmediato sino de una construcción paciente, entre maquetas, versiones nuevas y colaboraciones que fueron apareciendo de manera natural.
La mayoría de los tracks fueron autoproducidos, aunque también trabajó junto a nombres como Caleb Calloway y Percii, productor con quien ya había construido parte de su sonido en lanzamientos anteriores. Esa mezcla entre control personal y apertura a otras miradas termina definiendo bastante bien el espíritu del proyecto.
Una de las colaboraciones más llamativas del EP es la de Seven Kayne, y la historia detrás parece sacada de una casualidad perfecta de internet. Félix había subido un spoiler del tema a redes sociales y, sin demasiadas vueltas, Seven apareció. “Yo no lo conocía y me comentó ‘che, me quiero sumar’. Fue como: dale, de una, obvio”, recuerda. Después vino el estudio, el desafío de encajar una participación en una canción que ya estaba cerrada y finalmente el resultado. “Nos costó incluirlo porque era un tema que ya estaba bastante armado, pero quedó buenísimo”.
Lo curioso es que, según él, casi todas sus conexiones musicales llegaron así, sin estrategia, sin mensajes insistentes por Instagram, sin ese clásico “te mandé un tema, escuchalo”. “Yo no soy tanto de escribirle a artistas para mostrarles algo. Siempre surgió bastante natural”.
YORU: cuando la noche se convirtió en canción
Ese mismo espíritu aparece en el nombre del EP. YORU significa “noche” en japonés, pero no fue una elección estética vacía. Félix buscaba una palabra que pudiera condensar el clima general del disco: sonidos electrónicos, una vibra nocturna, letras atravesadas por historias que suceden cuando baja el día. “Siento que el álbum tiene un sonido bastante nocturno, bastante electrónico. Y también las letras van relacionadas a la noche”.
La primera pista conceptual fue Noches alegres, mañanas tristes, una canción que funcionó como disparador de todo. Pero además hubo otra influencia importante: la película Enter the Void, filmada en Tokio, que terminó de cerrar esa conexión visual y emocional. “Las palabras japonesas tienen eso de que con una sola palabra definen todo un concepto. Me parecía bastante poético”.
Dentro del tracklist, Félix destaca sin decirlo demasiado una canción que parece tener algo especial, El after. Ahí aparece incluso una referencia directa a Perdiéndome en el mood, uno de los temas que marcó un punto de quiebre en su carrera. “Quise meter esa referencia porque siento que fue una canción que me abrió un montón de puertas”.
Y si hay una puerta que efectivamente se abrió este año fue la del Lollapalooza Argentina. Después de haber pasado por espacios más pequeños dentro del festival, esta vez Félix tuvo su show propio y la experiencia todavía le sigue girando en la cabeza. “Hasta el día de hoy sigo manija con eso”, admite.
El show en el Perry’s Stage fue uno de esos momentos que se preparan durante mucho tiempo y después duran apenas unos minutos. “Era un show que soñaba y esperaba hace un montón. Lo disfruté muchísimo y pude estar realmente en el momento”. Además, hubo sorpresa incluida: Pink Pablo, una de las colaboraciones internacionales del EP, estaba en Buenos Aires y se subió al escenario para compartir el vivo.
El set fue una mezcla de todo: canciones viejas, YORU completo, temas inéditos y hasta algunas composiciones pensadas exclusivamente para ese show. “Siempre me gusta meter canciones que capaz hice solo para ese momento”. Aunque Lollapalooza funcionó como una especie de presentación oficial del EP, Félix sabe que todavía falta el verdadero show propio en Buenos Aires.
“Quiero hacer algo mío para presentar YORU acá. Estaría increíble”. Mientras tanto, sigue en movimiento. Viene de una gira por México, su primera experiencia tocando fuera del país, con fechas en Acapulco y Ciudad de México, y una respuesta inesperadamente intensa del público.
En paralelo, también llegaron aperturas importantes para artistas internacionales como JPEGMAFIA, Álvaro Díaz y Polimá Westcoast. Pero si algo define hoy a Félix Vestre es la búsqueda constante. No quedarse quieto parece ser casi una regla. “Me aburro fácil”, dice, sin dramatismo. Puede pasar de obsesionarse con la electrónica a querer volver al rock en cuestión de horas.
Actualmente está explorando algo que llama “música de internet”, una especie de caos sonoro hiperproducido que mezcla referencias a Skrillex, videojuegos y miles de sonidos por segundo. Pero al mismo tiempo volvió a escuchar guitarras: Soundgarden, Rage Against the Machine, The Cure, Soda Stereo. “Creo que estoy implementando eso también en mi música. Las guitarras las había dejado de lado y es mi instrumento favorito”.
Quizás por eso hoy sus shows también funcionan como ese cruce entre mundos: guitarra, sintetizadores, pads, samples y una estructura que puede pasar de una balada a un momento casi psytrance sin pedir permiso. Por ahora, YORU no tiene fecha oficial de presentación en Buenos Aires, pero Félix lo dice sin dudar: se muere de ganas de hacer ese concierto propio y llevar finalmente el universo del EP a un escenario completamente suyo.
