El estado de tus uñas revela mucho sobre quién sos, sobre tu personalidad y sobre los hábitos que podrías estar haciendo y que dañan tus uñas. Según manicuras expertas, es importante corregirlos para cuidar de la salud de las uñas. Por esta razón, aconsejan detectar a tiempo estas malas costumbres para corregirlas lo antes posible.
Mucho antes de elegir un color de esmalte, una manicurista con experiencia puede detectar señales que hablan de costumbres cotidianas que muchas veces pasan desapercibidas. Estos hábitos pueden ir desde morderse las uñas hasta retirar mal el esmalte semipermanente, hasta otros que dejan marcas visibles que los profesionales identifican de inmediato.
Los 3 hábitos que quizás hacés con tus uñas y que las están dañando
1. Te mordés las uñas cuando estás nerviosa o ansiosa
Las uñas mordidas son una de las primeras señales que suelen detectar las manicuras. Este hábito no solo afecta el aspecto de las uñas, sino también la piel que las rodea. “Las uñas mordidas suelen venir acompañadas de cutículas dañadas, padrastros y pequeños desgarros alrededor de las yemas de los dedos”, explica Juli Russell, experta en uñas y embajadora de Sally Beauty.
Con el tiempo, la repetición constante de este gesto puede debilitar la uña mientras crece, haciendo que se vuelva más quebradiza e irregular. Además, la piel alrededor de la uña puede endurecerse y dificultar su crecimiento saludable.
2. Te arrancás el esmalte o abusás de las limas
Si tus uñas están finas, débiles o se descaman con facilidad, es probable que exista algún daño previo en la superficie de la uña. “Cuando veo uñas finas y descamadas, inmediatamente sé que algo dañó la lámina ungueal natural”, señala Russell. Entre las causas más frecuentes se encuentran arrancarse el esmalte en gel, retirar incorrectamente las uñas acrílicas, limar en exceso o exponer las manos de forma repetida al agua y a productos de limpieza agresivos.
Aunque muchas personas creen que pueden reparar el daño rápidamente, la realidad es que la parte afectada debe crecer nuevamente. Por eso, los especialistas recomiendan proteger las uñas mientras se recuperan, utilizando bases fortalecedoras o tratamientos específicos.
3. Cortás demasiado las cutículas
Otro error muy común es eliminar más piel de la necesaria durante la manicura. Si bien muchas personas asocian las cutículas con un aspecto descuidado, en realidad cumplen una función protectora fundamental. “Un empuje suave y la eliminación exclusiva de la piel muerta, no del tejido vivo, suele ser suficiente para que las uñas se vean prolijas sin sacrificar su protección natural”, explica Russell.
Retirar constantemente la piel viva que rodea la uña puede provocar enrojecimiento, sensibilidad e incluso aumentar el riesgo de irritaciones e infecciones. Por eso, las manicuras recomiendan limitarse a empujar suavemente las cutículas hacia atrás y eliminar únicamente el exceso de piel muerta.
Más allá de la estética, las uñas pueden funcionar como una especie de mapa de nuestros hábitos diarios. Observar cambios en su textura, resistencia o apariencia puede ayudar a identificar conductas que conviene modificar para mantenerlas sanas y fuertes a largo plazo.
