El calor tiene un punto a favor a la hora de lavar la ropa, ya que sirve para que se seque rápido, pero a su vez tiene una gran contra: el sol tiende a desteñir los colores de la ropa. Y aunque parece un problema al que muchas personas "se resignaron", lo cierto es que puede solucionarse con un tip muy sencillo: colgar la ropa al revés.
No hace falta cambiar toda la rutina de lavado, ni resignar el secado rápido de ciertas prendas, sino que simplemente basta con colgar la ropa al revés. Esta es una forma simple de proteger la parte “visible” de la luz directa. Al quedar el lado exterior hacia adentro, los colores y estampas reciben menos radiación y se reduce el riesgo de que se apaguen, o si lo hace que sea solo del interior.
Sin embargo, no se trata de una solución mágica: si la ropa queda muchas horas debajo del sol, el riesgo se corre igual. Por eso, es fundamental estar atento y levantarla a penas esté seca. Otra solución puede ser esperar a los horarios donde la radicación sea menor para evitar que el impacto sea directo.
Por qué el sol afecta al color de la ropa
La radiación UV que emiten los rayos de sol impacta directamente en la fibras textiles. Esa exposición constante debilita la estructura del tejido y hace que pierda resistencia: con el tiempo, la tela se gasta antes y puede romperse con mayor facilidad.
Además, la luz solar directa acelera la decoloración. Los pigmentos se degradan y los tonos intensos pierden fuerza, algo que se nota más en prendas de colores bien saturados o con estampas llamativas. Sin embargo, los materiales naturales como algodón y lino suelen volverse más ásperos si quedan demasiado tiempo al sol, mientras que algunos sintéticos pueden calentarse de más y deteriorarse según el tratamiento que tengan.
