El uso intensivo de computadoras, celulares y tablets en la vida diaria volvió a poner en primer plano un riesgo silencioso pero cada vez más frecuente: el acceso no autorizado a la cámara de los dispositivos. Según ESET, empresa especializada en ciberseguridad, este tipo de ataques creció con fuerza tras la aceleración de la digitalización y afecta tanto a usuarios particulares como a hogares conectados.
La popularización de las videollamadas laborales, las clases virtuales y las reuniones familiares abrió una nueva puerta para los ciberdelincuentes. El fenómeno se conoce como camfecting y consiste en el secuestro de la cámara web, que queda bajo control remoto de terceros sin que la víctima lo note. Puede ocurrir en notebooks, PCs de escritorio, celulares, tablets e incluso en cámaras inteligentes del hogar.
Qué es el camfecting y cómo funciona
Uno de los métodos más utilizados para estos ataques son los troyanos de acceso remoto, conocidos como RAT por sus siglas en inglés. Este tipo de malware permite a los atacantes manejar el dispositivo a distancia, activar la cámara sin encender la luz indicadora en algunos modelos, grabar imágenes o videos y, además, registrar pulsaciones del teclado para robar contraseñas, datos personales o información bancaria.
La infección suele producirse a través de correos electrónicos de phishing, enlaces engañosos o archivos adjuntos que aparentan ser legítimos. También se propagan por aplicaciones de mensajería y redes sociales, aprovechando la confianza entre contactos.
El problema no se limita a computadoras y celulares. Dispositivos de seguridad doméstica, como cámaras CCTV o monitores para bebés, también son blanco de ataques. Los delincuentes suelen utilizar bases de datos con credenciales robadas y prueban esas combinaciones en nuevas cuentas, aprovechando la costumbre de reutilizar contraseñas. La automatización de estas técnicas incrementó el riesgo de intrusiones en hogares conectados.
Señales de alerta y cómo reducir los riesgos
Existen algunas alertas que pueden indicar un acceso no autorizado. La más evidente es que la luz indicadora de la cámara se encienda sin motivo. Otra señal es la aparición de archivos de video o imágenes que el usuario no recuerda haber creado. También es clave revisar si hay aplicaciones desconocidas o sospechosas instaladas, ya que muchos RAT se camuflan con nombres e íconos comunes.
El impacto de estos ataques va más allá de la privacidad individual. El cibercrimen mueve miles de millones de dólares al año y se ve favorecido por la dificultad de perseguir judicialmente a los responsables.
Para minimizar riesgos, los especialistas recomiendan mantener los sistemas operativos actualizados, usar soluciones de seguridad confiables, cambiar las contraseñas con frecuencia y evitar reutilizarlas. Cubrir la cámara cuando no se usa y revisar periódicamente el dispositivo también puede marcar la diferencia en un escenario donde las amenazas son cada vez más sofisticadas.
