Dormir mal dejó de ser una excepción para convertirse en una postal cotidiana de millones de argentinos. Pantallas encendidas hasta la madrugada, estrés económico, ansiedad, jornadas laborales extensas y preocupaciones personales forman parte de una rutina que está impactando de lleno en la calidad del descanso. Y no sólo en eso, el insomnio también afecta la salud cardiovascular, el estado de ánimo y hasta la vida sexual.
Según un relevamiento reciente del Observatorio de Psicología Social Aplicada (OPSA) de la Facultad de Psicología de la UBA, el 60% de los argentinos tiene problemas para dormir, una cifra que creció de manera sostenida desde la pandemia, en 2020 era del 41% y en 2024 alcanzó ese 60%. Además, apenas el 15% de los encuestados aseguró estar muy satisfecho con su vida sexual, un dato que, según especialistas, no está desligado del mal descanso.
El psiquiatra y sexólogo Walter Ghedin explica que el insomnio no es solamente “no poder dormir”, sino un trastorno que puede manifestarse de distintas maneras: dificultad para conciliar el sueño, despertares frecuentes durante la madrugada o la sensación de haber dormido, pero sin descanso reparador. “Muchas veces, unas pocas noches de insomnio son suficientes para que aparezca el miedo a no dormir, y eso genera un círculo vicioso de ansiedad que empeora todavía más el descanso”, señala.
El país del estrés permanente
El informe de la UBA también muestra cuáles son las principales causas detrás del mal dormir, los problemas económicos encabezan la lista con el 45%, seguidos por los conflictos de pareja (38%), los duelos (19%) y la incertidumbre vocacional (10%). A eso se suma el uso excesivo de pantallas y redes sociales. Otro estudio vinculado al mismo observatorio detectó que 6 de cada 10 argentinos presentan sueño alterado y que el 97% de los encuestados relacionó su malestar emocional con el uso intensivo de redes sociales.
No sorprende entonces que más del 75% de los argentinos haya reconocido sufrir algún tipo de alteración del sueño, insomnio, sueño interrumpido o menos horas de descanso de las recomendadas. En ese relevamiento, el 38,61% admitió padecer insomnio o sueño fragmentado y el 21,39% dijo dormir menos de ocho horas por noche.
Uno de los puntos menos hablados del insomnio es su impacto directo en la vida sexual. Ghedin explica que dormir mal altera la producción de testosterona, una hormona clave en el deseo sexual, la erección, el estado de ánimo y otras funciones metabólicas. La testosterona se produce principalmente durante la madrugada y alcanza su pico por la mañana. Cuando el sueño se interrumpe o se vuelve deficiente, esa producción disminuye.
Además, el mal descanso repercute sobre el sistema cardiovascular, aumenta la presión arterial, contrae los vasos sanguíneos y reduce el flujo de sangre hacia los genitales, afectando tanto la erección como la lubricación en las mujeres. La ansiedad y la depresión también juegan su parte. Ambas suelen generar disfunciones sexuales, baja autoestima y menor predisposición al encuentro erótico. El insomnio potencia ese escenario, más cansancio, menos deseo y mayor inhibición.
Los trastornos del sueño incluyen una larga lista de cuadros: apnea del sueño (pausas respiratorias entre ronquidos), síndrome de piernas inquietas, nicturia (levantarse varias veces a orinar), narcolepsia, alteraciones del ritmo circadiano por turnos rotativos de trabajo y el clásico jet lag. Pero el síntoma más frecuente sigue siendo el insomnio.
A nivel mundial, las patologías del sueño afectan entre el 10% y el 15% de la población, aunque en países atravesados por altos niveles de estrés social y económico, como Argentina, los números son bastante más altos. Incluso investigaciones recientes señalan que si todos los adultos argentinos durmieran entre 7 y 9 horas por noche, el PBI podría crecer hasta un 1,27%, una muestra de que dormir mal también tiene un costo económico.
Cómo dormir mejor: las claves para cortar el círculo
El tratamiento no siempre requiere medicación. Muchas veces, la llamada “higiene del sueño” puede hacer una gran diferencia. Entre las principales recomendaciones de Ghedin aparecen:
- Mantener horarios regulares para dormir y despertarse
- Evitar siestas largas (no más de 30 a 45 minutos)
- Apagar pantallas antes de acostarse
- Evitar café, alcohol, gaseosas, chocolate y comidas pesadas de noche
- No acostarse inmediatamente después de cenar
- Reducir ruidos y luces
- Usar ropa cómoda
- Incorporar lectura o música suave
- Resolver discusiones pendientes antes de dormir
- Recuperar el contacto afectivo: masajes, besos, caricias y cercanía emocional
