A orillas del río Uruguay, en la ciudad de Concordia, Entre Ríos, se encuentran las ruinas del Naranjal de Pereda, un sitio histórico que guarda secretos poco difundidos sobre el pasado jesuítico y el nacimiento mismo de la ciudad. Aunque no tan conocidas como otras misiones del litoral, estas ruinas constituyen un testimonio único de la historia argentina.
El Naranjal de Pereda tiene sus raíces en el siglo XVIII, cuando los jesuitas utilizaron el paraje como enclave estratégico para actividades agrícolas y de evangelización. En este espacio se desarrollaron plantaciones y se levantaron construcciones que marcaron la presencia religiosa y cultural en la región. Con el paso del tiempo, el lugar se convirtió en el kilómetro cero de Concordia, punto fundacional desde donde se expandieron los primeros asentamientos.
Durante el siglo XIX, el Naranjal fue escenario de la instalación de uno de los primeros saladeros de la zona, actividad que impulsó la economía entrerriana y nacional. La producción de carne salada y cueros se convirtió en un motor económico que vinculó a Concordia con los mercados internacionales. Así, el sitio pasó de ser un espacio jesuítico a un centro productivo clave en la historia regional.
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Ya en el siglo XX, la familia Pereda adquirió los terrenos y construyó la edificación que hoy se conserva. Con un estilo arquitectónico singular, el edificio presenta forma de castillo, torre mirador y ventanas de arco de medio punto, elementos que lo convierten en un atractivo turístico y cultural. Estas ruinas, conocidas como el Naranjal de Pereda, son hoy un símbolo de la memoria colectiva entrerriana.
Ubicadas a solo 4 kilómetros del centro de Concordia, las ruinas se encuentran junto al Parque San Carlos, lo que facilita su acceso y las integra a un circuito turístico más amplio. Desde Buenos Aires, se puede llegar en auto por la Ruta Nacional 14, recorriendo unos 430 kilómetros. También existen servicios de ómnibus de larga distancia y vuelos hacia Concordia, lo que convierte al destino en una escapada ideal de fin de semana.
El recorrido por las ruinas permite apreciar tanto la arquitectura como el entorno natural del río Uruguay. Además, se ofrecen visitas guiadas a cargo de investigadores locales, quienes relatan la importancia histórica del lugar y su papel en la fundación de la ciudad. La experiencia combina historia, cultura y naturaleza en un mismo espacio.
Qué otros atractivos cerca del Naranjal
La ciudad ofrece otros atractivos como el Parque San Carlos, famoso por su vínculo con Antoine de Saint-Exupéry, autor de El Principito. También destacan las Termas de Concordia, un complejo termal con aguas de propiedades relajantes, y el Museo Regional Palacio Arruabarrena, que exhibe piezas históricas de la región. A esto se suma la costanera de Concordia, ideal para paseos junto al río Uruguay y para disfrutar de la gastronomía local.
En tanto, las ruinas del Naranjal de Pereda son una visita imprescindible para quienes viajan desde Buenos Aires hacia Entre Ríos. A solo unas horas de distancia, este espacio revela una historia desconocida que conecta religión, economía y cultura en un mismo lugar.
