Sam Altman, CEO de OpenAI, sorprendió al reconocer que la inteligencia artificial no provocó el colapso laboral que muchos, incluido él, anticipaban. Durante una conferencia organizada por el Commonwealth Bank of Australia, admitió que sus predicciones sobre la rápida desaparición de puestos junior y tareas administrativas no se cumplieron con la velocidad que esperaba.
El directivo destacó que muchos trabajos tienen un componente humano difícil de replicar con máquinas, como la confianza, la empatía y la comunicación interpersonal. Incluso contó que dejó de delegar ciertos correos electrónicos a herramientas de IA y volvió a escribirlos personalmente, porque “la interacción humana sigue siendo relevante”.
Aunque la inteligencia artificial generativa automatiza tareas como la redacción, programación, análisis y asistencia operativa, los datos económicos no reflejan una destrucción masiva de empleo atribuible a esta tecnología. Informes recientes del Yale Budget Lab indican que las ocupaciones más expuestas a la IA no sufrieron un deterioro mayor que otros sectores del mercado laboral estadounidense.
Este cambio en el discurso de Altman no significa que pierda ambición tecnológica. Al contrario, propuso transformar la inteligencia artificial en una “utility”, comparable a servicios básicos como el agua, la electricidad o la conectividad, planteando una nueva economía digital.
Según su visión, en el futuro empresas, gobiernos y usuarios adquirirán inteligencia computacional bajo demanda, pagando por su consumo, tal como hoy pagan por energía, almacenamiento en la nube o servicios digitales. Esta idea refleja la enorme escala industrial que alcanzó la carrera por la IA.
Entrenar y operar modelos avanzados requiere centros de datos, infraestructura de alto rendimiento, chips especializados y enormes capacidades computacionales, con costos multimillonarios. Esto genera una paradoja en el debate laboral, ya que varios referentes tecnológicos señalaron que en muchos casos ejecutar sistemas de IA a gran escala puede ser más caro que mantener trabajadores humanos.
En medio de la promesa de automatización, las dudas sobre el empleo y la apuesta por convertir la inteligencia en un servicio medible y comercializable, el mensaje de Sam Altman marca una nueva etapa. La discusión ya no se limita a qué trabajos puede reemplazar la IA, sino a cómo será una economía donde la inteligencia artificial funcione como una infraestructura cotidiana y esencial para la vida moderna.
Sigue la guerra entre Elon Musk y Altman: "Solo quiere controlar"
La pelea entre Sam Altman y Elon Musk sumó un nuevo capítulo judicial que podría marcar el futuro de la inteligencia artificial. Durante una audiencia clave en California, el actual CEO de OpenAI apuntó directamente contra Musk y aseguró que el fundador de Tesla “solo quiere controlar las empresas”. La declaración llegó en medio del juicio impulsado por Musk contra OpenAI, donde acusa a la compañía de haber abandonado su misión original sin fines de lucro.
El caso gira alrededor de la transformación de OpenAI desde su creación en 2015 hasta convertirse en una de las compañías más valiosas del sector tecnológico gracias al éxito de ChatGPT. Musk sostiene que aportó millones de dólares bajo la promesa de desarrollar inteligencia artificial para beneficio de la humanidad y no con fines comerciales. Sin embargo, Altman respondió que el empresario intentó quedarse con el control total de la organización y hasta habría buscado integrarla dentro de Tesla.
