La depresión no siempre responde al estereotipo clásico con el que suele representarse en el imaginario social. No siempre hay llanto constante, aislamiento o abandono de las responsabilidades. En muchos casos, la enfermedad avanza en silencio, camuflada detrás de la rutina, la productividad y las obligaciones cotidianas.
En el Día Mundial de la Depresión, la atención se posa sobre un fenómeno que los especialistas describen como depresión funcional: personas que continúan trabajando, socializando y “funcionando”, pero que experimentan un desgaste emocional profundo, sostenido en el tiempo, y muchas veces minimizado tanto por su entorno como por ellas mismas.
Qué es la depresión funcional y por qué cuesta detectarla
La llamada depresión funcional se caracteriza por síntomas que no siempre resultan evidentes. No implica necesariamente tristeza permanente ni un quiebre visible en la vida diaria. Por el contrario, convive con el cumplimiento de tareas y responsabilidades, lo que suele retrasar el diagnóstico.
Entre las señales más frecuentes aparecen el cansancio constante, la irritabilidad, la dificultad para disfrutar, los problemas de concentración, las alteraciones del sueño y una sensación persistente de vacío. Estos síntomas suelen ser atribuidos al estrés laboral, al agotamiento o a la presión cotidiana, una confusión que termina normalizando el malestar emocional.
El riesgo de llegar tarde a la consulta
Uno de los principales peligros de este tipo de depresión es la consulta tardía. Al no encajar con la imagen tradicional de la enfermedad, muchas personas postergan la búsqueda de ayuda profesional y llegan a la consulta con cuadros más avanzados, que afectan de manera significativa la salud mental, las relaciones personales y el desempeño laboral.
“El contexto actual también juega un rol clave. La presión por sostener el rendimiento, la hiperconectividad y la dificultad para poner límites favorecen que muchas personas crean que sentirse mal es parte de la rutina”, explican especialistas en salud mental sobre el aumento de trastornos del ánimo en contextos de alta exigencia.
Salud mental, impacto social y la importancia de hablar
“La depresión invisible suele detectarse cuando el cuerpo o la mente empiezan a dar señales más intensas. Por eso es clave prestar atención a cambios sutiles y sostenidos en el tiempo, y no esperar a tocar fondo para consultar”, advierte David Enriquez, psiquiatra del CMC Santiago del Estero de Boreal Salud (MP 2931).
Más allá del impacto individual, la depresión no diagnosticada tiene consecuencias colectivas: deteriora el clima laboral, afecta los vínculos familiares y limita la posibilidad de sostener proyectos personales a largo plazo. “Hablar de depresión desde un enfoque realista y cotidiano ayuda a que más personas se identifiquen y se animen a pedir ayuda. La salud mental necesita dejar de ser un tema tabú”, señalan desde Boreal Salud.
