Sharenting: cuando el cariño se convierte en huella digital

En contextos como el inicio de clases se multiplican imágenes de infancias en instituciones y se exponen datos personales. El riesgo, sin embargo, está latente.

25 de febrero, 2026 | 13.13

Como cada año en esta época los perfiles e historias en redes sociales se transforman en un gran álbum público y colectivo de fotos y videos del inicio de clases y las escenas de tan emotivo ritual: la mochila nueva, la cartuchera cuidadosamente armada, el guardapolvo o uniforme planchado, la foto en puerta de la casa o el portón del colegio. “Primer día de clases”, “arrancamos sala de 5”, “listos para 1° grado”, cuarto año no te tenemos miedo” suelen escribir madres, padres, tíos, abuelas, madrinas para compartir el momento. En muchos casos, además, se filtra el nombre completo del menor, rostros de otros menores, referencias a escuela, el barrio, o el turno, el logo de la institución, todos datos y detalles que terminan haciendo que un momento familiar, íntimo y privado se vuelva contenido público para otros. 

Esa práctica tan naturalizada, en la que casi todos y todas incurridos alguna vez, tiene un nombre y cuando se extiende en el tiempo puede representar una conducto catalogada como riesgosa. El “sharenting” de menores, término que nace de la combinación entre share (compartir) y parenting (crianza), es la denominación para identificar la costumbre de adultos de publicar fotos, videos e información de sus hijos en redes, chats y plataformas digitales. Por el uso de los dispositivos, lo que antes era un recuerdo impreso para el álbum de la familia, hoy alimenta algoritmos y bases que funcionan como una competencia por la atención, la circulación constante de datos y la ampliación indefinida de las audiencias. 

En esa transición hacia lo digital, las infancias quedaron incorporadas a una economía del registro, la visibilidad y la exposición permanentes, que representa un cambio cultural en la forma como crecen, socializan, se vinculan y desarrollan su propia identidad. Por eso organismos públicos como el Ministerio Público Tutelar de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires advierten que cada publicación de datos, imágenes y registros, contribuye a construir la huella digital del menor que puede persistir en internet y ser utilizado en el fututo. 

¿Qué es el sharenting?

El sharenting, según especialistas, es mucho más que publicar eventualmente una foto de tu hijo sonriendo o un momento de tu sobrina que puede generar orgullo y ganas de compartirlo. Se caracteriza por ser una práctica que incorpora la lógica de validación de las redes sociales a la vida familiar dado que lo personal se convierte en público, las experiencias de los hijos en contenido, y la intimidad en una fuente de “likes”, reacciones y, a veces, monetización, en el caso de influencers que usan a sus hijos para campañas publicitarias. Además, teniendo en cuenta que las publicaciones que incluyen menores suelen generar niveles de interacción más altos, los algoritmos suelen premiar y mostrar más los contenidos con infancias que alimentan la emoción, la ternura y lo familiar. Esa lógica, atractiva para la métrica, responde a incentivos socioculturales y técnicos que nos llevan a amplificar lo familiar y convertir lo íntimo en mercancía emocional.

La gran mayoría de niños y niñas ya tiene presencia en internet con días o meses de vida.  Según información de 2025 de la Fundación SOL (Safe OnLine), se estima que el 89% de las familias publican fotos de sus hijos e hijas en redes sociales sin ser conscientes de los riesgos que esto conlleva; el 81 % de los bebés aparece en internet antes de los seis meses de vida, y en muchos casos incluso antes del nacimiento, ya que se comparten ecografías o anuncios de embarazo. 

Los hijos, hijas y menores de edad a nuestro alrededor se transforman en protagonistas de historias y una biografía digitales que no eligieron, y están expuestos a los efectos de decisiones que no tomaron, sin el consentimiento ni la reflexión necesarios sobre las consecuencias que pueden tener a largo plazo. “Niñas, niños y adolescentes son sujetos de derecho. Por esta razón, es necesario reflexionar acerca del uso que los adultos hacemos de las redes para así evitar exponer su privacidad. Todo aquello que se publica en internet forma una huella digital, una suerte de biografía en la que cada imagen o dato queda registrado y es muy difícil de borrar", advierte el Ministerio Público Tutelar porteño. Y esto sucede incluso en cuentas privadas o publicaciones eliminadas ya que la información que por allí paso puede haber sido almacenada en servidores, copiada o redistribuida.

Los riesgos del “sharenting” en la vida de los menores

Diferentes investigaciones y publicaciones académicas analizan los riesgos del sharenting y las consecuencias para la privacidad, la seguridad, la salud mental, las relaciones sociales y el futuro de las infancias, dado que es un fenómeno que incide directamente en la construcción de su identidad, social y digital. Cuando los adultos publican sin consultar, o sin dimensionar el riesgo posible, participan activamente en la configuración de esa identidad digital que el propio niño no eligió ni puede controlar pero que los va a acompañar en su crecimiento, sus espacios de socialización, las actividades que realiza y, en ocasiones, sus ubicaciones. Como casi todo lo que se publica sobre una persona en internet queda registrado y las imágenes e información de menores dejan datos personales asociados que podrían llegar a manos desconocidas.

En contextos como el inicio de clases se multiplican imágenes de infancias en instituciones y se exponen datos personales. Las publicaciones suelen incluir no solo fotos, sino además información que permite identificar ubicaciones, barrios, rutinas o contextos específicos, que facilitan el acceso a datos sensibles. Entre los posibles riesgos se advierte que pueden ser utilizados por delincuentes informáticos para extorsiones o estafas, para ciber hostigamiento (cyberbullying), para la creación y montaje de material relacionado con el abuso sexual infantil, geolocalización, grooming o contactos indebidos por parte de adultos, memes con sentido peyorativo o humorístico, suplantación o armado de identidades falsas, y alteraciones con inteligencia artificial.

Aunque en Argentina aún no existen estadísticas oficiales exhaustivas sobre sharenting, relevamientos internacionales ayudan a dimensionar la escala del fenómeno. Las cifras compartidas por Safe online al respecto son estremecedoras: el 56% de  los padres y madres comparte contenido potencialmente vergonzoso de sus hijos, del que saben a quién llegará ni qué uso le se dará; el 98% de los deepfakes en internet son pornográficos, y los menores también son víctimas; y el 72,2% del material incautado a pedófilos duales, fueron imágenes no eróticas ni sexualizadas de niños total o parcialmente vestidos o desnudos, provenientes de entornos cotidianos.

A juicio por publicar fotos de su hija, un precedente que empieza a redefinir límites

Hasta hace días, el sharenting era un asunto principalmente conocido por su caracter socio cultural y tecnológico. Esto cambió a fines de febrero de 2026, a partir de que la Justicia argentina dictó una medida cautelar inédita y marcó un hito jurisprudencial en la materia. En una causa tramitada en Mendoza, una adolescente denunció a su propia madre por la difusión constante y si consentimiento de sus fotos y videos en redes sociales, lo que le provocó  ser víctima de burlas escolares y una violación a su intimidad e integridad física y emocional. 

La resolución de la jueza Carina Viviana Santillán, del Juzgado de Familia de Las Heras, hizo lugar a la demanda en forma autosatisfactiva, es decir urgente ante la afectación de derechos. La sentencia, que se trata de “una protección inmediata ante el peligro de viralización”, ordenó a la madre abstenerse de toda publicación o difusión de contenidos de su hija y eliminar inmediatamente los materiales ya existentes en plataformas digitales. 

El fallo se basó  en la Ley 26.061 de Protección Integral de los Derechos de las Niñas, Niños y Adolescentes, que establece que los menores tienen derecho a la dignidad y a no ser sometido a ningún trato violento, discriminatorio o humillante; y en la Convención sobre los Derechos del Niño que  en su art. 16 refiere: "Ningún niño será objeto de injerencias arbitrarias o ilegales en su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia, ni de ataques ilegales a su honra y a su reputación". 

“El sharenting, entendido como la difusión de imágenes o relatos de niños por parte de adultos, sin resguardo de sus derechos personalísimos, configura una forma de violencia digital y simbólica - explica la resolución y agrega - vulnera los derechos a la intimidad, identidad, imagen, honor y dignidad de niños, niñas y adolescentes, generando además una huella digital permanente, de imposible control posterior, con consecuencias psico- emocionales y jurídicas futuras".

Lo novedoso del caso es que la acción fue promovida por la propia menor reclamando por el control sobre su propia imagen, situación que comienza a trazar un precedente jurisprudencial en Argentina, que puede ser invocado en futuras situaciones similares, sobre todo cuando la exposición digital sistemática se vincule con consecuencias negativas para un menor o con prácticas de comercialización de su imagen. Es un paso hacia una comprensión judicial más profunda de cómo los derechos de las infancias se intersectan con el ecosistema digital y una forma de  aprendizaje para las madres y padres en su relación con ellos y con las redes sociales.

Mientras tanto no puede obviarse la obligación de visibilizar y concientizar a los adultos sobre todos los riesgos que implica una práctica que parece cotidiana e inofensiva, promover acciones más conscientes y seguras en el entorno digital para preservar la privacidad, la seguridad y el bienestar de los niños, niñas y adolescentes. Especialistas recomiendan, no necesariamente dejar de publicar, pero sí ser más prudentes y selectivos con aquello que compartimos sabiendo que, una vez que se sube a redes y plataformas, se pierde el control y es imposible eliminarlo completamente.