En plena efervescencia por el Mundial 2026, los rituales previos a cada partido de la Selección se viven con una intensidad única y, entre cábalas y banderas, hay un elemento que nunca falta en la mesa de los argentinos cuando llega la hora de sufrir y alentar frente a la pantalla: la picada. Este verdadero emblema del encuentro y la previa tiene una historia ligada directamente a la identidad del Río de la Plata.
Aunque hoy parezca un invento netamente local, su origen se remonta a las corrientes migratorias de los siglos XIX y XX. La picada nació de la fusión cultural entre las tradicionales tapas españolas y el clásico antipasto italiano que trajeron consigo los inmigrantes. Con el tiempo, esa mezcla se adaptó a las costumbres rioplatenses, transformándose en un plato colectivo donde no existe el consumo individual: todo se dispone para ser compartido desde el centro de la mesa.
La estructura de una picada tradicional se caracteriza por su flexibilidad, pudiendo presentarse en platillos individuales o en tablas compartimentadas de madera o metal. El menú clásico se compone de fiambres y embutidos cortados en dados o láminas -como salame, mortadela, salchichón y longaniza- acompañados por quesos semiduros, aceitunas, snacks industriales (papas fritas, maní y palitos) y una variedad de panificados que va desde baguettes hasta grisines y galletitas saladas.
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Con el paso de los años y la llegada del siglo XXI, la oferta se ha diversificado notablemente para adaptarse a paladares más exigentes. Hoy en día, es habitual encontrar tablas que suman cazuelas calientes con albóndigas, salchichas, croquetas, falafels o chorizos bombón, así como también opciones frías que incluyen tortilla de papas, huevos de codorniz, escabeches, pickles y mariscos.
Los ingredientes pueden presentarse fritos, ahumados, a la vinagreta o sazonados con limón y aceto balsámico, demostrando que este ritual culinario sigue evolucionando sin perder su esencia: unir a las personas alrededor de una mesa antes de que ruede la pelota.
Cómo hacer una picada argentina
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Seleccionar una tabla de madera amplia, una bandeja de metal o un plato plano grande donde quepan todos los ingredientes sin encimarse demasiado.
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Cortar los quesos semiduros en dados pequeños de un bocado. Cortar el salame en rodajas finas al bies y enrollar las fetas de jamón cocido y crudo para facilitar el agarre y mejorar la presentación.
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Colocar cuencos chicos sobre la tabla para los ingredientes húmedos o sueltos, como las aceitunas, los escabeches, el maní y las salsas. Esto evita que humedezcan el resto de los alimentos.
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Acomodar los fiambres y quesos directamente sobre la tabla, alternando los colores y texturas para que quede visualmente atractiva.
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Llenar los huecos vacíos de la tabla con las papas fritas y los palitos salados, asegurando que queden secos y crujientes.
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Cortar rodajas de baguette o pan de campo y colocarlas en una panera aparte junto con los grisines y las galletitas saladas, evitando sobrecargar la tabla principal.
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Retirar los quesos y fiambres de la heladera unos 15 o 20 minutos antes de consumir para que recuperen su temperatura ambiente, textura y sabor óptimos.
