"No es que nosotros seamos tan buenos, sino que los demás son peores". Esta es una de las frases más célebres, pícaras y pragmáticas de Juan Domingo Perón, donde se refleja a la perfección su agudeza política y su capacidad para analizar la realidad partidaria argentina utilizando el sentido común y el humor popular. Para entender su verdadero peso, hay que analizarla a través de su contexto histórico, su significado político y la estrategia discursiva del líder del justicialismo.
Aunque Perón utilizó argumentos similares en distintas entrevistas informales y grabaciones a lo largo de su vida, la frase cobró una relevancia monumental durante su exilio en Puerta de Hierro (Madrid) y en los años previos a su regreso definitivo a la Argentina en 1973.
Durante los 18 años de proscripción del peronismo (1955-1973), la Argentina atravesó una enorme inestabilidad política y económica: golpes de Estado, presidencias civiles débiles y tuteladas por los militares, e intentos fallidos de estabilizar el país sin la participación del movimiento político mayoritario.
Perón, desde el exilio, observaba cómo los sucesivos gobiernos (tanto dictatoriales como democracias restringidas) cometían errores económicos y políticos que asfixiaban a la población. Con el paso del tiempo, la memoria colectiva del pueblo empezó a contrastar la crisis del presente con la prosperidad social de sus dos primeros gobiernos. Perón sabía que el desgaste de sus opositores trabajaba a su favor.
Lejos de la solemnidad ideológica, la frase encierra una tremenda lección de realismo político. Perón no intentaba justificar las fallas, las críticas o los conflictos internos de su propio movimiento diciendo que eran perfectos. Al contrario, asumía las imperfecciones del peronismo, pero las minimizaba al compararlas con los errores de sus adversarios. El trasfondo de la frase explica que:
- En política, la gestión y el apoyo popular a menudo se evalúan en términos relativos y no absolutos.
- Un gobierno o un partido político no necesita ser impecable para volver al poder; a veces basta con que la alternativa sea percibida por la sociedad como destructiva o ineficiente.
- La oposición, al no lograr resolver los problemas estructurales del país, terminaba revalidando y agigantando los logros del peronismo histórico.
La picardía criolla de Perón como herramienta de comunicación
Perón era un maestro de la narrativa y utilizaba un lenguaje sumamente llano, lleno de aforismos, metáforas futboleras o camperas y refranes populares (como cuando comparaba a los políticos con "los gatos, que cuando parece que se pelean, se están reproduciendo"). Con esta frase en particular, lograba tres objetivos simultáneos:
- Desarmar la autocrítica profunda: desviaba el foco de los errores propios del peronismo hacia las falencias de la oposición.
- Generar complicidad: el uso de la ironía causaba gracia en las bases populares y humanizaba su figura, alejándolo del tono rígido de los políticos tradicionales.
- Capitalizar el descontento: se posicionaba no como una solución mesiánica o perfecta, sino como la opción más lógica, probada y contenedora frente al fracaso de los demás modelos de país.
Por todo esto, la frase de Juan Domingo Perón condensa una máxima del pragmatismo político que sigue resonando en el debate argentino actual: muchas veces, el éxito en el poder no se construye únicamente sobre los aciertos propios, sino sobre la incapacidad de los rivales para ofrecer una alternativa superadora.
