A pocas cuadras de la estación Villa del Parque, sobre la calle Campana al 3200, se encuentra una de las construcciones más enigmáticas de Buenos Aires. Con su torreón, su cúpula y una fachada que parece salida de un cuento medieval, es imposible no sentirse atraído por el Palacio de los Bichos, que despierta la atención de vecinos y traseúntes.
Aunque hoy funciona como edificio residencial, durante muchos años permaneció cerrado y deshabitado. Ese largo período de abandono fue suficiente para que comenzaran a circular relatos sobre luces misteriosas, gritos en medio de la noche y la presencia de un fantasma que, según la tradición popular, todavía vaga por el lugar.
La leyenda del Palacio de los Bichos
La versión más conocida sostiene que un acaudalado aristócrata italiano de apellido Giordano mandó a construir la mansión a principios del siglo XX como regalo de bodas para su hija Lucía, que estaba por casarse con el violinista Ángel Lemos.
La boda se celebró en el palacio y, una vez terminados los festejos, los recién casados partieron en un carruaje rumbo a su nueva vida. Sin embargo, el viaje terminó en tragedia cuando fueron embestidos por un tren al cruzar las vías del ferrocarril. Ambos murieron en el acto.
La historia asegura que, devastado por el dolor, el padre cerró la mansión para siempre y regresó a Italia para no volver nunca más. Desde entonces, comenzaron a surgir relatos sobre extrañas luces en las ventanas, música que parecía salir del interior del edificio y la figura espectral de una mujer vestida de novia que deambulaba tanto por la casa como por las inmediaciones de las vías.
La otra versión sobre el Palacio de los Bichos
Sin embargo, no todos creen en esta versión. El historiador Vicente Cutolo recopiló otra explicación del periodista José César Rodríguez Nanni en su libro Historia de los barrios de Buenos Aires. Allí sostiene que nunca existieron el millonario italiano, la boda ni la tragedia ferroviaria.
Según esa versión, el edificio habría sido construido para funcionar como una casa non sancta, un proyecto que finalmente no prosperó debido a la fuerte oposición de los vecinos del barrio.
MÁS INFO
Lo que sí está documentado es que el edificio fue levantado por el ingeniero Muñoz González a comienzos del siglo XX y que originalmente lucía una llamativa decoración de gárgolas, relieves y figuras de animales que le dieron origen al nombre con el que todavía se lo conoce. Con el tiempo, esas ornamentaciones fueron retiradas.
Durante décadas el edificio permaneció sin uso, hasta que en los años noventa funcionó como casa de té y salón de fiestas. Más tarde fue remodelado para convertirse en un edificio, aunque sigue teniendo forma de castillo.
