El 16 de junio pasado comenzó el juicio por la desaparición de Loan Danilo Peña pero en los próximos días, se espera uno de los momentos de mayor tensión en el debate. Será cuando los padres del menor se sienten a declarar ante el Tribunal Oral de Corrientes y estén cara a cara con Laudelina Peña, hermana de José y una de las personas señaladas por la fiscalía como partícipe del delito de "sustracción y ocultamiento" del niño. También se la acusa de entorpecer y desviar la investigación mediante distintas maniobras.
En declaraciones a la prensa, María Belén Russo Cornara, abogada de la familia del pequeño, aseguró que para el padre de Loan, Laudelina "ya no es parte de la familia". La distancia entre José y su hermana no surgió de un conflicto familiar previo; sino de lo ocurrido aquella tarde del 13 de junio de 2024, cuando ambos compartieron el almuerzo en la casa de Catalina, la abuela del niño, en el paraje El Algarrobal.
Dos años después de aquella reunión, la escena es completamente distinta: José declarará como víctima y padre del niño desaparecido, mientras Laudelina está en el banquillo de los acusados.
Este miércoles, una vez concluidas las cuestiones preliminares, las indagatorias y los planteos pendientes de las defensas, se espera que los padres de Loan brinden su testimonio frente a los magistrados Fermín Amado Ceroleni, Eduardo Ariel Belforte y Simón Pedro Bracco. Russo Cornara explicó que José Peña y María Luisa Noguera, madre del menor, declararán como víctimas y testigos, respondiendo primero las preguntas de la defensa, luego las de la fiscalía y finalmente las de las defensas particulares.
La letrada evaluó que serán los testimonios más importantes del juicio y anticipó que espera interrogatorios intensos por parte de las defensas, lo que podría implicar una revictimización de la familia. "Va a ser un momento duro", sostuvo.
La primera maniobra de Laudelina: silenciar a su propio hijo
Para la fiscalía federal, uno de los primeros indicios de que algo no encajaba en la versión de Laudelina Peña y su marido, Antonio Benítez -ambos detenidos por el hecho-, se dio pocas horas después de la desaparición de Loan.
El foco estuvo puesto en la actitud que ambos mantuvieron frente a J.A.B., hijo menor de estos y primo de Loan, que había estado con el grupo de chicos que fue al naranjal. El relato del niño, que en ese momento tenía 6 años, podría haber sido clave para reconstruir qué había ocurrido aquella tarde. Sin embargo, según distintos testimonios incorporados a la causa, sus padres se lo impidieron.
Así lo detalla en su declaración de José Omar Peña, hermano de Loan, quien indicó que entre las 20 y las 21 de aquel 13 de junio, el marido de Laudelina se movía entre los patrulleros instalados en la zona de búsqueda. "J.A.B. les decía a sus padres que quería ir con los policías y mostrarles dónde se había perdido Loan. Pero Benítez lo corrió y dijo que él iba a acompañarlo. J.A.B. se ofrecía a los policías para ir al naranjal y Benítez y Laudelina lo sacaron del brazo", declaró.
El testimonio del cura Cristian González, que también estuvo aquella noche en el lugar, fue en la misma dirección: "Con ellos cruzó palabras porque no querían que el hijo de Laudelina hablara porque podía decir algo. A mí me llamó la atención y respondí de manera espontánea: déjenlo que hable", sostuvo.
En su requerimiento de elevación a juicio, la fiscalía federal consideró "llamativo el interés de Benítez y Laudelina Peña en controlar el discurso de su hijo, J.A.B., presente cuando desapareció su primo". Para los fiscales, esos testimonios, sumados a las intervenciones telefónicas y a los propios dichos posteriores de Benítez, muestran un interés concreto por controlar qué podía contar el niño sobre lo ocurrido aquella tarde.
La prueba más emblemática: el botín plantado
La segunda maniobra que la fiscalía federal atribuye a Laudelina está vinculada con uno de los elementos más emblemáticos del caso: el botín que, supuestamente, pertenecía a Loan.
La mujer afirmó haber hallado el calzado en un camino rural al día siguiente de la desaparición. Mientras tanto, el entonces comisario Walter Maciel, que estuvo a cargo de la investigación y luego fue imputado y detenido por entorpecerla, también se adjudicó el hallazgo. El problema, según la acusación, es la ubicación donde apareció el botín. Entre la casa donde se realizó el almuerzo y el naranjal donde Loan fue visto por última vez, hay unos 500 metros. Sin embargo, el lugar donde apareció el calzado estaba a más de 1.500 metros en línea recta y a campo traviesa.
El botín fue hallado en un predio vecino. Junto a Laudelina se encontraba su hija Macarena. Desde el momento en que fue extraído del lodazal hasta que quedó formalmente preservado como prueba, pasó por distintas manos que lo manipularon, fotografiaron y filmaron. Los perros rastreadores de la Policía reconocieron rastros de olor de Loan tanto en el botín como en huellas cercanas, pero no lograron establecer una dirección o trayectoria concreta. A partir de esos elementos, concluyeron que el botín había sido colocado deliberadamente para desviar la investigación.
Uno de los testimonios citados para sostener esa hipótesis es el de Carlota Moreira. La mujer declaró que acompañó a Laudelina y Macarena hasta el lugar donde apareció el calzado. Según su relato, tras caminar durante aproximadamente una hora llegaron a un sector del monte donde también se encontraba el comisario Maciel junto al ex policía Francisco Méndez. "Se notaba que estaba plantado porque estaba muy hundido", afirmó la testigo al describir el hallazgo. "Estaba todo embarrado. No se le distinguía el color. Sin embargo, Laudelina dijo: 'Es el que le regalamos a Loan'. Eso también llamó mi atención porque no era posible distinguirlo tan fácil", agregó.
Las distintas explicaciones que dio Laudelina sobre el origen del botín también quedaron bajo análisis. Según la acusación, primero sostuvo que había sido obligada por la imputada María Victoria Caillava a colocarlo en el lugar; después involucró al entonces comisario Maciel; finalmente afirmó que nunca lo había plantado y que el hallazgo había sido casual. Para los fiscales, esas versiones resultan incompatibles entre sí. En el juicio se buscará resolver si finalmente fue Caillava quien le dio el calzado a Laudelina para que lo pusieran en el lugar, lo que de comprobarse dejaría mucho más complicada a la exfuncionaria de la localidad correntina de 9 de Julio.
La teoría del accidente que ella misma desmintió
Poco después del episodio del botín, Laudelina declaró en dos oportunidades ante la Justicia provincial que, por entonces, llevaba adelante el caso. La primera fue el 29 de junio y la segunda el 5 de julio de 2024. En ambas ocasiones sostuvo la teoría de que, por accidente, Caillava y Pérez habían atropellado a Loan al retirarse del Algarrobal en su camioneta Ford Ranger. Días después amplió su indagatoria y negó sus propios dichos sobre el accidente. Esa versión ya había recibido un revés previo. La testigo Camila Núñez, que estuvo en el almuerzo y fue rumbo al naranjal detrás de Laudelina y los niños, aseguró que lo planteado por la acusada era "imposible".
El anhelo de los padres y la angustia de la espera
En declaraciones recientes a una emisora correntina, María Luisa Noguera expresó que su deseo es que durante el juicio "alguien se quiebre" y cuente qué ocurrió con su hijo. Russo Cornara comparte esa expectativa y afirmó que si alguno de los acusados habla y responde preguntas, puede aportar información nueva que hoy no tienen, lo que podría ser determinante para la causa.
Sin embargo, el proceso previo al juicio tampoco fue sencillo. La abogada recordó que durante la audiencia preliminar realizada en febrero, cuando se planteó que el debate oral recién comenzaría en octubre, María no pudo contener la angustia y se largó a llorar.
Las primeras jornadas del juicio tampoco resultaron como esperaban. La suspensión de la audiencia prevista para el jueves pasado y las discusiones procesales que dominaron el inicio del debate provocaron una nueva frustración en la familia. Russo Cornara expresó que los padres estaban esperanzados de que por fin iban a empezar a tener respuestas, pero la decepción fue constante durante los primeros días.
La desaparición de Loan modificó por completo la vida cotidiana de José, María y sus otros siete hijos. La ilusión de encontrar al niño con vida sigue siendo el principal sostén emocional del grupo familiar. La fractura entre José y Laudelina, que hoy parece irreversible, quedó sellada con la decisión de la justicia de sentar a la hermana en el banquillo de los acusados, mientras el padre del pequeño se prepara para declarar en el juicio que busca respuestas sobre el paradero de su hijo.
