Corría el año 1890 cuando el farmacéutico y aficionado a la ornitología Eugene Schieffelin, presidente de la Sociedad Estadounidense de Aclimatación, decidió cumplir un peculiar sueño: introducir en Estados Unidos todas las especies de aves mencionadas por Shakespeare en sus obras.
Con ese objetivo liberó 60 estorninos europeos en el Central Park de Nueva York. Al año siguiente regresó con otros 40 ejemplares, convencido de que aquellas aves enriquecerían la fauna local. El problema estaba en que, dado que se alimentan de insectos, semillas, frutos e incluso de crías de otras aves, pueden vivir en ambientes urbanos y rurales y se reproducen con gran facilidad.
El origen de todo se remonta a una escena de Enrique IV. En el primer acto de la obra, el personaje Hotspur asegura que enseñará a un estornino a repetir el nombre de "Mortimer", enemigo del rey, para atormentarlo cada vez que el ave hablara. La referencia ocupa apenas unas líneas, pero fue suficiente para inspirar el capricho de un hombre más de 250 años después.
Con el paso de las décadas, aquellos cien ejemplares dieron origen a una población que hoy supera los 200 millones de individuos distribuidos por gran parte de Estados Unidos y Canadá, convirtiéndose en una de las especies invasoras más numerosas del continente.
Cómo el estornino se volvió una plaga
La expansión del estornino europeo tuvo un fuerte impacto sobre la biodiversidad. Al competir por los huecos donde anidan otras aves, desplazó a numerosas especies autóctonas, como los pájaros azules norteamericanos, que perdieron parte de sus sitios de reproducción. Su capacidad para adaptarse a distintos ambientes, desde grandes ciudades hasta zonas rurales, le permitió colonizar rápidamente casi todo el territorio estadounidense y extenderse también hacia Canadá y parte de México.
Además, cuando abandonan los nidos suelen dejarlos en malas condiciones, dificultando que otras aves puedan reutilizarlos. A esto se suma que forman enormes bandadas capaces de causar importantes daños en cultivos agrícolas al alimentarse de granos y frutas, lo que genera pérdidas millonarias cada año para los productores. También pueden transmitir bacterias y hongos asociados a enfermedades como Salmonella, Escherichia coli e Histoplasma.
Con el tiempo, las autoridades estadounidenses comenzaron a restringir la introducción de especies exóticas e impulsaron distintas estrategias para controlar su expansión. Sin embargo, para cuando esas normas entraron en vigor, el estornino ya se había multiplicado de forma exponencial y se había establecido en buena parte del país. Hoy se estima que existen más de 200 millones de ejemplares en América del Norte.
