De jugar en la Selección Argentina juvenil a pintar cuadros para Messi y La Sole: cuando “llenar un vacío” destapa otro don

Matías Fondato supo ser un jugador juvenil de la camada de Pekerman, pero hace siete años se encontró con un bastidor y un lienzo en blanco que lo llevaron a vender más de 100 obras, tener exposiciones en Europa y América y a decorar casas de estrellas del mundo con sus trabajos.

07 de mayo, 2026 | 06.00

Matias Fondato es un exfutbolista y actual artista plástico que pasó de jugar en selecciones juveniles, Newells, Colombia, Paraguay, Bélgica y Grecia, a realizar cuadros para Messi, Kanté, Sterling, La Sole y Bielsa, entre otros. Además realizó muestras por Europa y fue felicitado por el mismísimo Maradona. “Siempre fui un bicho curioso, sin miedo al error”, define.

Como todo volante central, a Matías le gusta jugar y vivir con cabeza levantada. Mirando todo a su alrededor, listo para el cambio de frente o el pase atrás para volver a empezar. Como todo exjugador, entiende de tiempos y espacios, y sabe que aun en los momentos donde más se necesita la pierna fuerte, puede haber lugar para una pincelada de arte.

A los 33 años después de una extensa carrera que lo llevó a vivir en más de 20 lugares y ser parte de las exitosas selecciones nacionales juveniles de José Pekerman, descubrió otra pasión: la pintura. Fue de casualidad. Él lo define como “un proceso natural y orgánico”, en el comienzo de su charla con El Destape.

Estaba viviendo en Newcastle, donde su experiencia como futbolista, en varios países y enfrentando desafíos personales, le permitió entender las dificultades de otros jugadores, lo cual fue útil en su trabajo como entrenador y consultor de adaptación para jugadores juveniles , pero sus inquietudes no terminaban ahí . “En Inglaterra en invierno a las 5 de la tarde ya es de noche y no tenía demasiado que hacer”, recuerda como quien justifica una travesura.

Fondato encontró en el arte la forma de “llenar un vacío”, que había dejado el futbol, más allá de su trabajo. Siempre había dibujado, pero jamás sobre lienzo, aunque sentía que “podía hacerlo bien”, así que le dijo a su amigo, en ese momento jugador del Newcastle United, Andre Yedlin, que iba a hacerle un retrato. Su compañero se rio y aceptó, lo que nunca se imaginó es hasta donde iba a llegar esa charla.

El resultado fue tan bueno que Yedlin lo posteó en todas sus redes, lo que gener´ó que a Fondato le comenzaran a llegar pedidos de otros trabajos, ahora ya de forma paga. Lo que empezó como algo casual pasó a ser un hobbie autodidacta que transformó inmediatamente una actividad profesional.

Al flamante talento de Fondato, se le sumaban las puertas que le abría tantos años de fútbol. Comenzó pintando a excompañeros o personas conocidas del ambiente. Esto le permitió usar su red de contactos para promocionar su arte y conseguir clientes o recomendaciones.

Hoy, siete años después de su primer encuentro con un bastidor y un lienzo en blanco, tiene más de 100 obras vendidas, hizo exposiciones en Europa y América y muchas estrellas del mundo del deporte y el espectáculo tienen sus trabajos en sus casas.

Primeros pasos y conocer el mundo

Fondato tenía apenas 14 años cuando dejó General Gelly, un pequeño pueblo de Santa fe de 700 habitantes, para irse a la pensión de Newells Old Boys tras su sueño de ser profesional. Ahí conoció tantos compañeros como realidades, y desde ese mix, su cabeza se empezó a expandir mucho más allá de los límites de la cancha. “Pase de un hogar de clase media baja a convivir con 30 personas, donde algunos estaban mejor que en la casa y otros mucho peor. Entonces, como que ahí vas descubriendo que la vida no pasa solamente por esa burbuja en la que nací sobre todo en un pueblo chiquito en donde todo es diminuto”, expresa.

Según su familia empezó a dibujar antes que patear una pelota, aunque las dos las define como sus “grandes pasiones” y que lo “marcaron en diferentes momentos de su vida” . El hecho es que el arte, la pintura y la lectura, lo acompañaron en 20 años de carrera. Por más que crecía en el deporte, su sensibilidad artística nunca quedó en el bolso sucio de las camisetas.

Cuando llegaba a un club nuevo tenía la costumbre de dibujar lo que veía por la ventana del hotel. “Recuerdo haber hecho la playa cuando arribé a Grecia o un baldío”, comenta.

Fueron dos décadas con el futbol. Cuando piensa en su carrera como futbolista hay una especie de sin sabor en su mirada. No porque haya sido mala, sino porque según revela “pudo ser mejor para las expectativas que se tenían sobre mi”.

Con 16 años formaba parte del sub17 de Pekerman, junto a Fabricio Coloccini (su gran amigo en el fútbol), Lux y Nicolas Burdisso La misma camada que sale campeón mundial en 2001, con Saviola y Maxi Rodríguez como máximos representantes. Al poco tiempo debutó en su amado Newells, luego jugó en Paraguay, Colombia, Grecia y Bélgica, entre otros países, en más de 20 años como profesional.

“En el futbol creo que me di cuenta tarde de lo bueno que era. Cuando empezás a repasar tu carrera y decís: 'Este era compañero, jugó un Mundial, este era otro compañero mío, jugó en Real Madrid, este, amigo mío, que nos llevamos bien, que estábamos a un nivel parecido, jugó acá', entonces ahí te das cuenta que quizá me faltó confianza, esa confianza que no me faltó cuando sin haber hecho nunca un curso pensé que podía hacer un buen retrato”, confiesa.

Cuando se le pregunta por qué tenía esa sensación que podía ser bueno en algo que nunca había hecho explica: “Siempre tuve facilidad para lo que son las distancias, las perspectivas, siempre fui muy visual. Entonces, tenía facilidad para dibujar cualquier cosa. En realidad, no sabía si podía ser bueno, sí que me las iba a arreglar para hacer un buen trabajo”.

En esa línea cuenta la inferencia de sus años en el deporte en su incursión en el arte casi a mitad de su vida. “Ser un trotamundos atrás de una pelota me dio 20 millones de herramientas que nunca pensé que la iba a tener, el hecho de salir de lo que es tu núcleo familiar o tu entorno y empezar a enfrentarte a la vida solo, te marcan para siempre”.

La aventura del error y un “bicho curioso” en el vestuario

Matías está en ese selecto 3% de chicos que apostaron por una vida de futbolista y lo consiguieron. Además de haber tenido pasado en selección y una carrera en varios equipos de América y Europa en lo que la mayoría fue capitán. El retiro en 2014 lo encontró como técnico juvenil en un equipo poderoso de Inglaterra gracias a su carrera y su perfecto inglés, pero en espíritu inquieto no se detiene con lo que se “supone” elige la mayoría como destino seguro.

Al respecto cuenta: “Siempre fui medio, no un bicho raro, porque no era el único, pero si un bicho curioso, dentro de lo que era el ambiente de fútbol. Soy super competitivo, pero nunca fui de esas personas que la vida se le iba en ganar o perder el domingo”.

“Siempre -suma- me gustó preguntar, leer, no me da vergüenza preguntar nada, me parece que es la forma también de aprender. Yo soy mucho en la vida de prueba y error contante. Siempre fui así, es como que me cuesta mucho quedarme con las ganas de intentar o de probar algo, ¿viste? Me parece que vivimos en una época de IA donde la gente tiene demasiado miedo a su parte humana, a equivocarse. ¿Qué mejor que cometer errores para aprender? ¿Como sabes a donde no querés volver si no vas?”

Messi y Maradona entre pinceladas

Messi aparece en esta historia a través del histórico utilero de la selección, “Marito”: “A Mario lo conocía desde la época de las juveniles, pero le perdí el rastro por 15 años. PosMudial 2014 Argentina juega un amistoso con Alemania y yo que vivía en Bélgica fui a la cancha. En cuanto me vio Marito me reconoció”.

“Estuvimos hablando un montón y retomamos el contacto, tanto que empecé a visitarlo cuando venían a Argentina o estaban en Europa, y él fue quien me coordinó la entrega de la pintura. Fue previo al Mundial de Rusia 2018 cuando la selección estuvo 15 o 20 días en Barcelona antes del viajar. Ahí coordinamos, llegué yo hasta ahí con el cuadro y conocí a Messi. Son esas cosas mágicas que uno no puede creer haber vivido”.

“Pero te digo la verdad, yo estoy acostumbrado a hablar con jugadores, pero debo haber hablado 5 minutos con él y no me acuerdo nada. Estaba totalmente bloqueado, por lo que me generó”.

El encuentro con Diego Maradona quedó trunco por un capricho del destino. Una pintura de Fondato del Diez en Instagram llevó a un comentario de Diego felicitándolo. Por un amigo en común quedaron en encontrarse, pero la Pandemia y la muerte del ídolo impidieron ese momento. “hubiese sido un sueño. Quedó algo pendiente ahí”, se lamenta.

Desde el lienzo o desde la cancha

Sobre si disfruta más un gol o un campeonato que una pintura el artista y mediocampista dice "no poder elegir una” porque “en cada momento de su vida, cada una de esas sensaciones fueron las mejores” y agrega: “ Hoy por hoy, el momento cúspide, por decirlo de alguna forma, es cuando alguien ve la pintura y verle la cara en esos primeros segundos es tremendo, es esa cara de sorpresa y emoción por los cuales digo, por esto pinto”.

Como ya aprendió cuando se transformó en pintor, Matías sabe que desde la máxima obra de arte hasta el más inefable garabato, todo arranca con una hoja en blanco. Así que no tiene miedo a volver arrancar de cero, incluso con una tercera profesión:

“Yo sé que esto no termina con el arte. Si tengo el privilegio de vivir muchos años más , sé que hay algo más después del arte. Es lo que te digo de la curiosidad, del buscar, del hurguetear, de meterme adentro y decir, siempre hay algo más para aprender y hacer “, cierra Matías, como quien se guarda una pincelada más, mucho antes del pitido final.