El duro testimonio de una empleada doméstica: "El kilo de carne me sale dos horas de laburo"

Una empleada reflejó el duro momento de la economía desde que asumió Javier Milei. Un cóctel de bajos ingresos, poco trabajo y precios altos que pega fuerte en las clases trabajadoras.

21 de abril, 2026 | 16.04

La realidad económica argentina, marcada por una inflación persistente y una contracción del poder adquisitivo que afecta a los sectores más vulnerables, tiene nombres y apellidos. Detrás de los indicadores macroeconómicos, se esconden historias de supervivencia diaria, de sacrificios constantes y de sueños postergados. 

El Destape salió a la calle a hablar con la gente. Una trabajadora doméstica, al ser consultada sobre su situación laboral y su capacidad para llegar a fin de mes, es tajante: "Trabajo por semanas. Más o menos me voy acomodando, pero no te alcanza para nada". Esta frase resume el estado de angustia de gran parte de la fuerza laboral informal o de bajos ingresos en el país bajo el gobierno de Javier Milei

El empleo doméstico, históricamente feminizado y con altos niveles de precariedad, se ha convertido en uno de los sectores más castigados.  "Ahora estoy trabajando cuatro, no hay mucho trabajo tampoco. Muchas dejaron, muchos bajaron las horas, no está, no está bueno", dice la trabajadora que viaja desde Moreno al centro de la ciudad. En promedio, dos horas de viaje. 

El impacto real: la mesa familiar

Más allá de las cifras y los análisis técnicos, la crisis se siente en la dieta básica de los argentinos. Al preguntarle por algún "gustito" que haya tenido que resignar durante el actual gobierno, la respuesta es desgarradora por su simplicidad: "Comer carne".

En el país que supo enorgullecerse por su calidad y accesibilidad a este producto, la imposibilidad de poner carne en la mesa es un símbolo elocuente del retroceso en la calidad de vida desde que gobierna Javier Milei. La trabajadora lo explica con crudeza: "Gustitos... en el país de las vacas, un gustito, sí, ya no se puede. El kilo de carne me sale dos horas de laburo".

Esta comparación es devastadora: dos horas de esfuerzo físico, de traslado y de servicio, apenas alcanzan para comprar un kilo de carne. La desazón es evidente al considerar que, si esto es lo que experimenta una persona que vive sola, la situación para quienes tienen a su cargo familias es insostenible. "Yo gasto mínimo porque vivo sola, pero una persona que tiene dos, tres chicos, no le alcanza para nada", sentencia.

El costo de salir a trabajar

La problemática se agrava al considerar los gastos operativos que implica mantener un empleo en un contexto de constantes aumentos. La trabajadora detalla los costos de transporte que debe afrontar para sostener su actividad: "Y 5.000 por día" destina únicamente a moverse. "5.000 por día, pero me dan el viático. Es la única ventaja que tengo, por eso viajo, si no no me conviene".

Este testimonio resalta cómo el empleo, en lugar de ser un motor de progreso, se transforma para muchas personas en un ejercicio de equilibrismo financiero donde apenas se logra cubrir el costo de oportunidad.

Un horizonte incierto

La entrevistada no duda en calificar la situación económica del país como "bastante mal". Este pesimismo se traduce en decisiones drásticas, tanto individuales como familiares. La migración de jóvenes hacia otros países, buscando oportunidades que aquí parecen haberse cerrado, es una realidad que ella conoce de cerca: "Hay mucha gente que se está yendo. Yo tengo una hija que se fue a Italia y hay que empezar a irse, me parece".