Cargar muebles, ir de casa en casa, manejar 114 kilómetros y hacer un recorrido en La Plata para dejar las pertenencias de cada joven que parte a la universidad. ¿El valor? Mariano Gorosito pide una sola cosa: un café con el título bajo el brazo.
MÁS INFO
No fue algo planeado. Mariano, camionero de profesión, estaba ayudando a su sobrina a mudarse para ir a estudiar. Unos pocos muebles arrinconados en “El Cachorrón”, un camión 1114, y mucho espacio vacío le dieron una idea: publicar en su estado que tenía lugar para llevar pertenencias de quienes se iban a cursar. Bautizó a ese viaje “Transportando Futuro”, y aclaró, desde ese primer momento, que el único precio era un café al recibirse.
No se imaginaba que esa publicación sería compartida tantas veces, hasta volverse viral, y llegar a un medio local. En menos de dos horas, su celular colapsó de mensajes. En su cabeza tenía la idea de que iba a sumar a dos o tres chicos más. Sin embargo, un 29 de enero de 2020, mudó a diez jóvenes. Entre risas, el líder de este proyecto contó que en ese primer viaje se les mezclaron los muebles y fue un poco desorganizado, pero que “lo dieron todo”. A la vuelta, con su hermana Magdalena, mejor conocida como Madem, decidieron que esto no podía ser algo de una sola vez.
“Yo no digo que llevo una mudanza, sino que voy con el camión cargado de sueños, proyectos e ilusiones de cada chico y de toda una familia”, sostiene Mariano, quien cada inicio de año se organiza para ir de General Belgrano a La Plata. Más de una vez las familias le preguntaron cómo podían pagarle semejante favor, pero él se mantuvo firme. Siempre lo pensó como una ayuda para el estudiante, para animarlo a dar el paso, y para la familia también. “Los padres son gente laburante, intento hacerles las cosas un poco más fáciles. Porque es difícil llevar a su hijo a estudiar, con todo el gasto que conlleva”, afirmó.
Él siempre imaginó ese reencuentro: un café, el título sobre la mesa y la historia de esos años lejos de casa. Orgulloso, contó: “Así sucedió con el hoy Doctor Quinteros. Me llamó y me dijo que me debía algo, así que nos tomamos un lindo café”, y, entre risas, aseguró que espera ansioso a cada graduado, consciente de que “es un trabajo a largo plazo”.
Por más difícil que sea cada mudanza, nada parece detenerlo. Luego de una noche de lluvia, se adentró en un campo para buscar los muebles de un joven. Lejos de cancelar por el mal tiempo, Mariano le avisó que pasaría ese mismo día, ya que se esperaba aún más agua y temía que el camino quedara intransitable. “Fuimos entre los huellones, cargamos las cosas y salimos. En un tiempo va a haber un ingeniero agrónomo de esas andanzas en el barro y nos vamos a estar tomando otro café”, dijo el camionero.
“Vale la pena. Hay que seguir con esto, hay que apostar al futuro”, dijo con firmeza Mariano. Su mejor consejo para los jóvenes es que intenten, que persigan sus sueños y que no se queden con el qué hubiera pasado. “Hay que ponerle ganas y darle para adelante, que va a salir bien. Cuesta, porque nada es fácil en la vida. Pero vas a llegar a tu meta”, reflexionó.
Él no está solo en este proyecto. Las familias y vecinos lo suelen ayudar a pagar el gasoil; sus hijas y hermana reciben los llamados y su sobrino carga y descarga los muebles. Los colegas, por su parte, le ofrecen sus camiones cuando hace falta. "Siempre les voy a estar agradecido. Uno es la cara visible, pero hay un montón de gente que colabora", destacó.
Si le preguntan, él cree que el pilar de su solidaridad son sus padres, Norberto Gorosito y María Esther. De chico, recuerda a “El Goro” y a “La vieja fea”, como los llama cariñosamente, yendo a pintar la escuela de su ciudad, tejiendo ropa para donar y ayudando cada vez que tenían la oportunidad. Hoy, Mariano y Madem ponen en práctica lo aprendido durante su niñez y encaran “Transportando Futuro” con la convicción de que dar una mano es lo mejor que se puede hacer.
Ser solidario como forma de vida
Durante el año, Mariano se suma a todas las iniciativas que puede. Todos los años asiste a la Escuela Italiana de La Plata para transportar donaciones hasta un colegio dentro de El Impenetrable en Chaco, donde pasa una semana trabajando con la comunidad. Además, es apoyo de un grupo de ciclistas de General Belgrano que peregrina anualmente a Luján. Incluso se dedicó a juntar ropa y alimentos y repartirlos en Bahía Blanca tras la inundación de 2025, por lo que lo reconocieron como Ciudadano Ilustre de General Belgrano en los premios Pampa.
“Yo soy un argentino más. Por ahí no llego a fin de mes, no tengo plata para el seguro y la voy peleando día a día o saco créditos para tapar las deudas mientras sigo laburando”, comentó. Hoy, su sueño es lograr comprarse un camión un poco más grande para ayudar aún más.
“Yo veo que hay mucho odio y eso no nos va a llevar a ningún lado. Creo que por el camino del amor y la empatía vamos a salir adelante y ser el país hermoso que somos”, señaló el camionero. Agregó: “Argentinos como yo hay diseminados en todo el territorio. Tenemos gente que ayuda en todos lados”.
Además del café con los futuros profesionales, hay algo que Mariano Gorosito desea profundamente: “Me gustaría que de cada municipio de la Provincia de Buenos Aires saliera un camión para las distintas universidades. Que se contagie y se haga una epidemia”. Su convicción es que “el estudio salva al mundo”. “Yo llevo un camión de caudales con el valor que va ahí adentro”, afirmó emocionado y agregó: “Transportando Futuro es una linda locura”.
