En el corazón de Chubut se encuentra una de las escapadas más elegidas por las y los argentinos en los fines de semana extra largos, como el que estamos a punto de arrancar. Se trata de Gaiman, un pueblo que ofrece mucho más de la experiencia ya conocida de las famosas casas de té.
Sus calles, capillas, museos y antiguas chacras conservan la identidad de los colonos galeses que llegaron a la región a fines del siglo XIX en busca de libertad religiosa y de una nueva oportunidad para comenzar de cero.
La localidad es uno de los principales testimonios del legado galés en Argentina. Esa herencia se refleja en su arquitectura y en las tradiciones que aún forman parte de la vida cotidiana de los habitantes.
Un circuito de capillas que mantiene viva la memoria
Las capillas protestantes, dispersas entre el casco urbano y el campo, representan uno de los mayores atractivos de un recorrido que combina historia, espiritualidad y paisaje. Gaiman y sus alrededores cuentan con 14 de estos sitios históricos, construidos entre fines del siglo XIX y comienzos del XX.
Lejos de ser únicamente capillas religiosas, estos espacios funcionaron durante décadas como centros comunitarios, escuelas y lugares de encuentro para las familias inmigrantes.
Entre las más emblemáticas se destacan Bethel, considerada la primera de la región; Seion, fundada en 1888; Salem, donde cada 28 de julio se celebra el aniversario del desembarco galés con un tradicional té comunitario; y Bryn Crwn, una de las más antiguas del circuito.
Muchas de ellas aún celebran cultos y conservan himnos religiosos en idioma galés, una tradición que sobrevivió al paso del tiempo incluso cuando la lengua comenzó a perderse entre las nuevas generaciones.
El recorrido también incluye el Museo Histórico Regional, instalado en la antigua estación ferroviaria, donde fotos, documentos y múltiples objetos reconstruyen la llegada de los pioneros que desembarcaron en Puerto Madryn en 1865 y se asentaron después en el valle del río Chubut.
Mucho más que el tradicional té galés
Aunque la ceremonia del té sigue siendo uno de los grandes símbolos de Gaiman, la escapada amplió su propuesta turística con experiencias vinculadas a la naturaleza, la gastronomía y la producción regional.
Las chacras irrigadas por un histórico sistema de acequias producen alfalfa, maíz, cerezas y frambuesas, mientras que pequeños emprendimientos elaboran dulces artesanales, entre ellos la tradicional mermelada de citrón, un cítrico muy utilizado por los descendientes galeses.
A pocos kilómetros, la vecina localidad de Dolavon complementa el circuito con antiguos molinos restaurados y una oferta gastronómica basada en productos regionales, como el cordero patagónico y pescados provenientes de la costa chubutense.
En síntesis, Gaiman es un destino imperdible para quienes buscan historia, cultura y tradiciones. Una forma diferente de conocer la Patagonia y descubrir sus encantos.
