Durante décadas, una de las ideas más extendidas en la psicología fue que la personalidad quedaba prácticamente definida al llegar a la adultez. Sin embargo, las investigaciones más recientes muestran un panorama mucho más dinámico, si bien existen rasgos relativamente estables, la personalidad puede modificarse a lo largo de toda la vida.
La evidencia científica acumulada en los últimos 20 años coincide en un punto central, las personas cambian, aunque no de manera abrupta ni en todos los aspectos por igual. Experiencias vitales, relaciones afectivas, responsabilidades laborales, la crianza de hijos e incluso procesos terapéuticos pueden influir en la forma en que pensamos, sentimos y nos comportamos.
Los psicólogos suelen estudiar la personalidad a través del modelo de los "Cinco Grandes" (Big Five), que evalúa cinco dimensiones principales: apertura a la experiencia, responsabilidad o escrupulosidad, extraversión, amabilidad y neuroticismo.
Según una revisión de investigaciones longitudinales realizada por los reconocidos psicólogos Brent Roberts y Daniel Mroczek, la personalidad continúa desarrollándose durante toda la adultez. Los estudios muestran que, en promedio, las personas tienden a volverse más responsables, emocionalmente estables, cálidas y seguras de sí mismas con el paso de los años.
"Las personas muestran aumentos en la confianza en sí mismas, la calidez interpersonal, el autocontrol y la estabilidad emocional a medida que envejecen", concluyen Roberts y Mroczek en uno de los trabajos más citados sobre desarrollo de la personalidad.
El principio de madurez
Este fenómeno es conocido en psicología como "principio de madurez". La teoría sostiene que, a medida que los individuos asumen nuevos roles sociales, como trabajar, convivir en pareja o criar hijos, desarrollan rasgos que favorecen la adaptación a esas responsabilidades.
Las mayores transformaciones suelen producirse entre los 20 y los 40 años, una etapa en la que aumentan significativamente la responsabilidad, la estabilidad emocional y la capacidad de autorregulación. Sin embargo, investigaciones posteriores detectaron modificaciones también durante la mediana edad y la vejez.
¿Qué rasgos cambian más?
Los estudios longitudinales sugieren algunas tendencias generales:
- La responsabilidad aumenta con la edad.
- La estabilidad emocional suele mejorar y disminuye la tendencia a experimentar ansiedad constante.
- La amabilidad tiende a crecer, especialmente en edades avanzadas.
- La extraversión puede mantenerse relativamente estable, aunque algunos componentes sociales disminuyen con los años.
- La apertura a nuevas experiencias suele alcanzar su punto máximo en etapas más tempranas y puede reducirse gradualmente en la vejez.
Por supuesto, estas tendencias representan promedios poblacionales. Cada persona sigue una trayectoria única influenciada por su historia, contexto social y experiencias de vida. La investigación también encontró que acontecimientos significativos pueden acelerar ciertos cambios.
Un estudio realizado por el psicólogo Daniel Mroczek y el investigador Avron Spiro, que siguió durante más de una década a más de 1.600 adultos, detectó que factores como el matrimonio, la viudez y otros eventos relevantes estaban asociados con modificaciones medibles en rasgos de personalidad.
Además, la evidencia actual indica que las características de personalidad responden a los entornos sociales y culturales en los que viven las personas. Investigaciones interculturales realizadas en Estados Unidos y Japón encontraron que la evolución de algunos rasgos puede variar según el contexto social y las experiencias compartidas por cada sociedad.
¿La terapia puede cambiar la personalidad?
Mroczek, actualmente profesor de Psicología y Medicina Social en la Universidad Northwestern, señaló que la personalidad posee una "plasticidad" mayor de la que se creía décadas atrás. En sus trabajos sobre envejecimiento saludable destaca que los rasgos pueden modificarse mediante intervenciones psicológicas y cambios sostenidos en los hábitos de vida.
La idea de que alguien es "así y no puede cambiar" pierde fuerza frente a una evidencia científica que muestra justamente lo contrario: las personas conservan cierta estabilidad, pero también mantienen capacidad de transformación durante toda la vida.
Los investigadores distinguen entre la estabilidad relativa y el cambio absoluto. En otras palabras, una persona puede seguir siendo más introvertida o más extrovertida que quienes la rodean, pero aun así modificar gradualmente sus niveles de sociabilidad, autocontrol o estabilidad emocional con el paso de los años.
