Paolo Rocca mordió el polvo de la derrota por primera vez desde que conduce el grupo Techint. El triunfo del grupo indio Welspun en la puja por 480 kilómetros de cañerías para exportar gas desde Vaca Muerta marcó un hito en la historia de la mayor empresa fabril de la Argentina y detonó una guerra empresaria que se mantuvo larvada durante décadas de omertá.
El consorcio privado Southern Energy, concedente del negocio, representa para el magnate siderúrgico la concentración de sus adversarios históricos. Pan American Energy, la petrolera de los Bulgheroni, integra ese club y mantiene vínculos estrechos con el oficialismo. Sin ir más lejos, Alejandro y su esposa Bettina Guardia –cabezas del grupo empresario de cuño familiar– acompañaron al presidente en su gira por Davos. La adjudicación le dio a Milei la excusa para atacar al industrial con una virulencia inédita. Con su impronta preescolar, el presidente le asignó un apodo que pretende condensar desprecio y burla: “Don Chatarrin”.
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Horas antes de que se definiera el contrato, el grupo Techint había filtrado a través de Clarín la posibilidad de clausurar SIAT Tenaris en Valentín Alsina, la misma planta que había producido los tubos para el Gasoducto Néstor Kirchner. La amenaza fue interpretada como un chantaje por el consorcio privado, por el gobierno y por los operarios de la fábrica, acostumbrados a que Rocca los tire a la parrilla para salirse con la suya. La instalación emplea a 400 personas: 150 en relación de dependencia directa y 250 bajo contratos temporales.
El papel de defensor de la industria nacional le queda grande al empresario que radicó la sede de su grupo económico en Luxemburgo y desde hace décadas ocupa el podio de los argentinos más ricos que elabora la revista Forbes. Durante años Rocca gozó de un monopolio de facto que le permitió establecer precios sin competencia real. Hoy, sin embargo, intenta representar a un sector manufacturero que atraviesa un colapso histórico producto de las políticas que el propio empresario impulsó como mecenas de Milei.
¿Qué ocurrió para que la pelea pública escalara más allá de la discusión de márgenes y costos? La intervención de Estados Unidos fue un factor determinante para que el presidente transformara una puja empresarial en cruzada ideológica.
Apenas arribado al país, el embajador Peter Lamelas se quejó ante distintos funcionarios por el triunfo que había obtenido Techint en la licitación del ducto Vaca Muerta Oil Sur (VMOS) frente a Pumpco, una empresa de origen estadounidense de vínculos directos con la administración Trump. Propiedad del consorcio MasTec de los hermanos Jorge y José Más –herederos del cubano anticastrista Jorge Mas Canosa y dueños del Inter de Lionel Messi–, Pumpco se quejó por el presunto favoritismo de YPF a la empresa local, que, según sus cálculos, había ofertado un presupuesto 10% más oneroso. La petrolera argentina rechazó la demanda y sostuvo la concesión a Rocca, para disgusto de Lamelas, que informado del intenso calendario de licitaciones exigió compensación para el Tío Sam.
El reclamo se pondrá a prueba en la licitación que viene: el gasoducto que va de Neuquén hasta la costa atlántica de Río Negro, en el Golfo San Matías, para transportar el shale gas hasta los buques de licuefacción Hilli Episeyo y MK II, que operarán fondeados a seis kilómetros de la playa. El proyecto alcanza los 600 millones de dólares. Techint Ingeniería y Construcción se presentará junto a SACDE, la empresa de los hermanos Damián y Marcelo Mindlin. Son las mismas compañías que levantaron en tiempo récord el ex Gasoducto Presidente Néstor Kirchner entre 2022 y 2023, y que el año pasado completaron el oleoducto VMOS de la discordia antes del plazo estipulado.
Enfrente tendrán competidores locales como BTU y los posibles retornos de Víctor Contreras y Contreras Hnos. Entre las firmas extranjeras estará otra vez Pumpco, la constructora de los hermanos Mas patrocinada por Trump. En Techint creen que Milei, con su bravata, busca condicionar la decisión de YPF y pavimentar la concesión en sentido norte. Sospecha que resulta verosímil frente a un gobierno proclive a la genuflexión colonial.
Cementerio de comercios
A miles de kilómetros del mundo de los tubos de acero y los negocios millonarios, Marixa Balli representa otra cara del mismo drama. La vedette con paso por MasterChef Celebrity tuvo que bajar las persianas de Xurama, su marca de calzado y ropa en Flores. Casi veinte años de actividad terminaron en una decisión que condensó impotencia y sinceridad económica. “Nunca vivimos una situación así tan difícil, nunca. Y ver a mis fabricantes, que fabrican para grandes marcas también, tan deprimidos, tampoco me pasó. Muchos han cerrado”, confesó en LAM.
El relato de Balli condensa los efectos del ajuste sobre el comercio minorista. “No es momento... Yo manejo bien los números, me la paso haciendo números hace años. Pero no es momento”. Balli contó que, por falta de ventas, los insumos llegan tarde o no llegan, los feriados paralizan las cadenas de suministro, los proveedores agonizantes ya no pueden sostener ritmos de producción previsibles.
El barrio de Flores, según Balli, se convirtió en un cementerio de comercios. “Hay muchos colegas que están cerrando, locales impresionantes, y lo estuvimos hablando”. Su lectura del fenómeno apunta al núcleo del problema: los salarios ya no alcanzan. “La gente está priorizando el colegio, la comida. Si al cliente le falta dinero, va a priorizar toda la vida ir al supermercado, llenar la heladera, pagar el colegio, pagar una obra social, mantener a sus hijos. El calzado no es una prioridad, la ropa no es una prioridad”.
El caso Balli no constituye una excepción en la industria textil. Dass, fabricante brasileño que produce para Adidas y Nike, despidió en enero a 43 operarios en El Dorado, Misiones. El mismo grupo ya había clausurado en 2025 su planta de Coronel Suárez con dos oleadas de cesantías que alcanzaron a 700 personas, además de otros 164 trabajadores cesanteados en territorio misionero. Emilio Alal, textil centenaria fundada en 1917, echó a 260 empleados de sus instalaciones de Corrientes y Chaco dedicadas a hilos y tejidos.
El saldo desde que asumió Milei en el sector: 907 despidos directos y un tendal entre proveedores, costureros y mano de obra indirecta.
Los números oficiales confirman lo que empresarios grandes y pequeños experimentan a diario. Según la estadística del Indec –que entrega los datos con tres meses de rezago–, las grandes cadenas de supermercados registraron en noviembre una contracción interanual del 2,8% y un retroceso del 3,8% respecto de octubre cuando se ajustan los datos por estacionalidad. Los autoservicios mayoristas registraron una caída del 8,3% en las ventas, en comparación con igual mes del año anterior.
El consumo de combustibles, indicador claro del desempeño de la economía real, cerró 2025 con una leve mejora anual pero mostró caídas mensuales, retrocesos regionales y un desplome del gasoil asociado al menor nivel de actividad productiva. El expendio de combustibles en 2025 llegó a 16.909.725,52 metros cúbicos, apenas un 0,27% por encima del año previo. La composición del consumo revela la fractura social: las naftas Premium treparon 9,49% en diciembre, mientras el gasoil Grado 2 —vinculado al transporte de cargas y la actividad fabril— se desplomó 11,22%.
Con todo, la estabilización por inanición de la economía no logra contener la inflación. La última semana de enero confirmó el rebote inflacionario en alimentos. El informe de LCG marcó un alza semanal del 0,7% en Alimentos y Bebidas. Las verduras lideraron la suba con 6,6%, seguidas por aceites (3,7%) y carnes (3,6%), productos de alto impacto en el gasto de los hogares de menores recursos. Equilibra estimó para enero de 2026 una inflación nacional del “2,2%”, impulsada por Alimentos y bebidas no estacionales y Regulados.
El fracaso del Plan Milei avanza como un circo sin pan sobre el campo orégano que deja la oposición enredada.
Grieta en la élite
El desempeño de la economía en 2025 reveló una incapacidad estructural para sostener el crecimiento. Los indicadores fluctuaron sin despegarse jamás de los registros de diciembre 2024. Marzo cayó 1%, junio y julio retrocedieron 0,4% cada uno, noviembre apenas superó en 0,1% al cierre del año anterior pero perdió 0,3 puntos frente a octubre. La secuencia expone la imposibilidad del aparato productivo de consolidar una trayectoria expansiva.
Los datos sectoriales muestran quién ganó con el modelo. La intermediación financiera encabezó el ranking con una expansión anual del 25,6%. Detrás quedaron los impuestos netos de subsidios (9%), hotelería y gastronomía (8,5%), minería y canteras (7,9%). La manufactura apenas rebotó 1,3%.
La consultora Vectorial sintetizó el fenómeno: “La economía recibió impulso significativo en sectores ajenos a la economía real, uno de naturaleza fiscal y el otro atado al circuito financiero”.
La reconstrucción de la bicicleta financiera alcanzó velocidad de crucero desde mediados de mes. El rendimiento del 0,5% mensual en dólares activó el flujo de liquidaciones empresarias: 6.100 millones ya ingresaron al sistema. Como describió Fernando Alonso en El Destape, las condiciones en el mercado porteño ilustran los términos de la timba en curso: una Lecap con vencimiento al 29 de mayo ofrecía 2,77% de Tasa Efectiva Mensual en el secundario, mientras la cobertura futura cotizaba a 2,27%, dejando un diferencial del 0,5% mensual en dólares sin exposición cambiaria.
El carry trade disparó un nuevo ciclo de endeudamiento corporativo. Enero cerró con emisiones de Obligaciones Negociables por 1.900 millones de dólares en plazas externas, 1.300 millones en el mercado doméstico y 1.100 millones en créditos bancarios netos. C-P Consulta diagnosticó la estrategia oficial: “El Gobierno intenta combinar la estacionalidad positiva del mercado cambiario con incentivos al carry-trade” para “hacer compatible la baja de la inflación con la acumulación de reservas que habilite el regreso a los mercados”. La advertencia es clara: “El esquema presenta perspectivas favorables para el primer semestre, pero replica vulnerabilidades reconocidas para la segunda mitad del año”.
La administración de ultraderecha celebra el achicamiento industrial y destruye puestos de trabajo en el altar de los compromisos geopolíticos y la timba financiera, mientras la élite que acunó el experimento se disputa negocios que destruyen más empleo del que generan, liquidando el mercado interno que provee 6 de cada 10 puestos de trabajo y explica al 70 por ciento de la actividad económica.
Daño autoinfligido por sectores empresarios tentados por la gula de la renta extraordinaria provista por la pauperización de ingresos y la quimera de la reducción de impuestos que, dicho sea de paso, sólo se conceden a las grandes fortunas.
La avanzada del gobierno contra Rocca espabiló al presidente de la Unión Industrial Argentina, Martín Rappallini. “El progreso tiene líderes con nombre y apellido” escribió con forma de columna de opinión. “Cuando se piensa en Alemania, Italia, Corea o Estados Unidos, aparecen de modo automático sus grandes marcas”, plantea Rappallini, al remarcar que existe una relación directa entre el prestigio internacional de un país y la calidad de sus empresas.
Hasta la defensa de Rocca, la complicidad manifiesta de Rappallini con las políticas de gobierno provocaban tensiones en la interna industrial. La Unión Industrial de Santa Fe había manifestado, por caso, su “profunda preocupación” por un rumbo que “privilegia el rendimiento financiero” en detrimento de la actividad fabril. En esa línea, la Asociación de Industriales Metalúrgicos señaló que el sector registró un incremento del 70% en las importaciones, mientras que la demanda interna continúa en descenso, con la pérdida de 17.000 puestos de trabajo en el último año.
Tanto Rocca como Balli coincidieron en su momento en validar un proyecto que ahora los golpea. El magnate siderúrgico apostó recursos y acceso político a un presidente que ahora lo trata de “don Chatarrin”. La vedette y empresaria, aunque se declara “apolítica”, elogió la reducción de impuestos y derechos laborales antes de encarnar la frustración de un sector comercial que creyó en promesas de recuperación que nunca llegaron.
La distancia que separa a Rocca de Balli es infinita en términos de poder económico y capacidad de negociación. Pero ambos comparten la condición de haber sido dañados por un modelo que prioriza la especulación financiera sobre la producción, que celebra el cierre de fábricas como señal de “saneamiento” y que convirtió la destrucción de empleo en bandera ideológica.
