La tecnología volvió a convertirse en una de las grandes protagonistas del fútbol durante el Mundial 2026. Más allá del espectáculo deportivo, el torneo presentó una versión mejorada del sistema de detección semiautomática del fuera de juego, una herramienta diseñada para reducir al mínimo los errores arbitrales y acelerar la toma de decisiones en las jugadas más ajustadas, en tiempos en los que se intenta reducir el margen de error al mínimo con estas innovaciones.
Desde su estreno en el Mundial de Qatar 2022, este sistema demostró ser un aliado clave para el VAR. Sin embargo, la FIFA decidió perfeccionarlo para la Copa del Mundo de 2026 con nuevos recursos tecnológicos que permiten detectar posiciones adelantadas con mayor rapidez, precisión y transparencia, sin reemplazar el criterio final del equipo arbitral, en un certamen histórico que contó por primera vez con 48 selecciones.
Cómo funciona el offside semiautomático
El offside semiautomático, conocido internacionalmente como SAOT (Semi-Automated Offside Technology), es una tecnología desarrollada para asistir a los árbitros en la detección de posiciones de fuera de juego. A diferencia del VAR tradicional, que requiere un análisis manual de imágenes y el trazado de líneas, este sistema identifica automáticamente si un futbolista se encontraba adelantado en el instante exacto en que recibió el pase.
El funcionamiento del sistema se basa en una combinación de cámaras de alta precisión, inteligencia artificial y sensores incorporados en el balón oficial. La infraestructura instalada en cada estadio registra en tiempo real la ubicación de todos los jugadores y del balón, procesando la información de manera prácticamente instantánea para generar una alerta cuando detecta una posible infracción.
Las innovaciones el offside semiautomático para el Mundial 2026
La versión utilizada en el Mundial 2026 incorpora 16 cámaras especializadas que siguen el movimiento de los futbolistas y del balón unas 50 veces por segundo. Cada jugador es monitoreado mediante 29 puntos de referencia corporal, mientras que el balón inteligente aporta información adicional gracias a una unidad de medición inercial (IMU), capaz de registrar el momento exacto del contacto con una frecuencia de hasta 500 datos por segundo.
Toda esa información es procesada automáticamente por el sistema, que determina si el atacante estaba o no en posición antirreglamentaria al momento del pase. Cuando detecta un fuera de juego claro, envía una alerta al equipo del VAR, cuyos integrantes verifican la decisión antes de comunicarla al árbitro principal. En la versión avanzada implementada por la FIFA, incluso se genera una señal de audio que llega directamente a los jueces de campo para agilizar el procedimiento en las jugadas evidentes.
A pesar de su alto nivel de automatización, el sistema no sustituye la decisión humana. El término "semiautomático" responde justamente a que la validación final sigue estando en manos del equipo arbitral, que analiza el contexto de la jugada y confirma si corresponde sancionar la infracción. La tecnología funciona como una herramienta de apoyo destinada a ofrecer datos objetivos y reducir los tiempos de revisión.
