El Mundial termina donde todo comenzó: show y flashes de un torneo de fútbol cooptado por el soccer

El Mundial de fútbol que se jugó en Estados Unidos, Canadá y México termina en el lugar donde comenzó tras una investigación del FBI: en Nueva York. Luces, shows y cosas ajenas a la cultura del fútbol que se suman en la ciudad más ruidosa del mundo. 

18 de julio, 2026 | 18.51

Nueva York, vestida estos días de final mundialista, es la ciudad donde todo comenzó y también donde todo terminará mañana. Comenzó exactamente el 30 de noviembre de 2011 cuando el agente del FBI Michael Gaeta y el agente fiscal Steve Berryman emboscaron en la planta baja de la Torre Trump a Chuck Blazer, todopoderoso secretario general de la CONCACAF, corrupto de peso. Le presentaron su declaración de impuestos y le dijeron: hable o prisión casi eterna. “Demoró solo tres segundos en decir que sí”, ironizó Ken Bensinger, autor del libro “Tarjeta Roja”. Blazer se convirtió en la primera “Garganta Profunda” del escándalo del FIFAGate, precipitado por el FBI luego de que Estados Unidos perdió inesperadamente ante Qatar la sede del Mundial de 2022. Fue el desembarco de Gianni Infantino. El hombre que entregó Mundial, pelota y reglamentos al soccer.   

Tras la paz de Kansas City, Nueva York es la ciudad de la furia. Sirenas a cada momento, vallados, turistas, humo, y Trump en la Torre Trump, en el 725 de la Quinta Avenida. El presidente de Estados Unidos también arribó a Nueva York, la ciudad hoy con alcalde musulmán y socialista, Zohran Mandani, nacido en Uganda, actual jefe de una ciudad que en los calientes ’70, tiempos en los que la mafia dominaba buena parte de la ciudad, fue sede central de un primer gran intento de soccer, el Cosmos de Pelé, Franz Beckenbauer, Carlos Alberto y Giorgio Chinaglia, la Pepsi, Henry Kissinger y el Studio 54, donde las estrellas alargaban la noche de su retiro dorado. El fracaso de ese soccer era previsible. Hoy hay otro soccer.

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Ayer en la Torre Trump fue donde el presidente homónimo (cada vez hay más cosas que llevan ese nombre en Estados Unidos) dijo que el próximo Mundial de 2030 (que ya tiene sede y no una, sino seis) debería jugarse otra vez en su país, pero ya sin los molestos México y Canadá, y acaso en sociedad con China. Ya nunca se sabe si este señor octogenario habla en serio o en broma. O si perdió la razón. Cerca suyo, su representante en el Mundial, Andrew Giuliani, dijo a su vez que Estados Unidos vió como un ejercicio de libre expresión la bandera “Las Malvinas son argentinas” que algunos jugadores argentinos mostraron dentro del campo luego de ganarle a Inglaterra. Giuliani no dejó bien parado al presidente argentino Javier Milei, que había sugerido sanciones por un gesto desafiante que, además, repudió. Pobre Milei. Sobreactuando alineamiento, quedó en offside.

El gran periodista español Enric González ironizó una vez que el Reino Unido preservó a la monarquía para poder competirle turistas a la imbatible Nueva York, cuya célebre plaza de Times Square exhibe como nunca en estas horas carteles luminosos de Leo Messi y sus compañeros, en medio de King Kong, Spiderman y un Trump con sombrero de MAGA, parte de la fauna, a metros de la histórica tienda de Macys en cuyas célebres vidrieras luce otra vez Messi pero ya en pose de filósofo griego, cerca de Lamine Yamal, casi padre e hijo, estrellas centrales de la final en la vecina Nueva Jersey.

Desde la Quinta Avenida bajamos hasta el Javits Center, donde fans y celebrities vivieron una previa de “Only in America”, con Messi, Scaloni y Dibu Martínez, junto con Luis De la Fuente y Rodri, DT y capitán de España, animación de Thierry Henry y preguntas de Novak Djokovic, el ex astro del football americano Tom Brady y Kevin Durant, en medio de cientos de fans. “Surrealista”, lo definió luego Scaloni, el DT que reacciona como hombre de campo ante esto que se están convirtiendo los Mundiales. La necesidad de hacer de todo un show. Y de meter inglés en una final que será enteramente hispana, como en la primera Copa de 1930.  De la Fuente dijo luego que no tenía miedo a ninguna presión de la final, pero sí al helicóptero con el que debió volver a la concentración española. Es más académico que Scaloni, pero igual de sencillo que su ex alumno y hoy amigo argentino, nuestro DT que vive en Mallorca, tierra “enemiga”.   

Si la jornada comenzó en la Torre Trump, volvamos allí para terminarla. Porque fue allí donde Trump dijo ayer eso de que Estados Unidos debería organizar otra vez el próximo Mundial. En esa misma reunión, Infantino lo señaló como hombre clave de este “éxito” mundialista. Por suerte nos queda el fútbol. Argentina y España, justos finalistas, están en condiciones de ofrecer una final de lujo. España en el papel de favorito, aspirante y finalista “bueno”, contra el campeón al que hay que derrocar, villano de turno, supuestamente pendenciero, según una narrativa que, por suerte, el notable De la Fuente desactivó de modo categórico en la conferencia de ayer. “Argentina –dijo el DT español- es la selección que acaso ganó como nadie en la historia del fútbol”. Ojalá vuelva a hacerlo mañana. Con el mismo juego y convicción con el que aplastó a Inglaterra. Y con la bandera de Messi, el genio eterno.