El Mundial 2026 es otro momento peligroso para las mujeres: por qué la violencia de género sube hasta un 30%

Diversos estudios muestran que durante los grandes torneos de fútbol aumentan las denuncias. Especialistas advierten que el fenómeno es multicausal, pero que, detrás del deporte, se reactivan mandatos que los llevan a reafirmar su masculinidad a través de la violencia. 

12 de junio, 2026 | 13.42

En Latinoamérica la violencia basada en el género aumenta hasta un 30% los días de partidos de fútbol de las selecciones o clubes más importantes, como indicó un informe realizado por Luciana Etcheverry y Natalia Tosi publicado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en 2022. ¿Es el fútbol un factor de riesgo para las mujeres? En charla con El Destape, la politóloga feminista e investigadora del CONICET, Daniela Losiggio, afirma que el fenómeno es multicausal y el deporte es una ocasión, no una causa.

Según un monitoreo del Instituto Nacional de la Mujer desarrollado en Costa Rica, las llamadas por violencia de género aumentaron un 45% durante los partidos del mundial disputado en Brasil en 2014. Losiggio define a este incremento como ‘multicausal’ y describe a los eventos futbolísticos como ‘sumamente masculinizados’, ya que en ellos “se reactivan los mandatos patriarcales que empujan a los varones a una reafirmación de su masculinidad a través de la violencia”.

Mientras tanto en Europa, sin importar el resultado, la violencia de género aumenta si o si después de los partidos de fútbol. Por ejemplo, la Universidad de Lancaster determinó que en Inglaterra los casos de violencia de género en el ámbito doméstico aumentan un 26% cuando la selección gana o empata y un 38% cuando pierde. Losiggio explica que esta diferencia no es casual: “La derrota deportiva activa una experiencia de humillación. El hombre que se identifica con su equipo siente la derrota como propia, como una amenaza a su estatus. Los modelos de la más alta masculinidad que tiene a mano no le ofrecen herramientas para tolerar la frustración ni tramitar la pérdida, más bien sucede lo contrario: la descarga ocurre sobre el cuerpo que tiene más próximo y sobre el que el ejercicio del dominio les resulta más ‘natural’”. Teniendo en cuenta que, según la FIFA, 6.000 millones de personas seguirán los partidos de este Mundial y el 68% de ellas lo harán desde sus casas, no sorprendería el aumento de casos, ya que, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), entre el 70% y el 80% de las mujeres víctimas de violencia por razones de género conviven con su agresor en el momento de realizar la denuncia o sufrir el ataque.

Vale resaltar que este año el Mundial se disputa en parte en México, donde entre enero y abril del 2026 hubo 87.827 casos de violencia familiar y, como alertó el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública de ese país, dos de las tres ciudadades mundialistas están dentro de los cinco estados con más casos de violencia de género registrados allí durante el período mencionado. En este sentido, Lossigio se adelanta a aclarar que el fútbol en sí no es causal de violencia de género, porque “la violencia de género no requiere una razón, sino una estructura, y el partido es su ocasión, no su causa. Quien crea que el fútbol es el problema está mirando el escenario y no el drama: la violencia de género es anterior, más profunda y más extendida que cualquier deporte”.

Es importante destacar que la violencia no empieza y termina en el hogar: “El estadio mismo es un espacio de violencia: las barras bravas son organizaciones que ejercen violencia sobre mujeres, las hinchadas reproducen cánticos misóginos y homofóbicos, y las mujeres que trabajan en el fútbol —periodistas, árbitras, jugadoras y entrenadoras— enfrentan acoso sistemático. Ese ecosistema también necesita protocolos y también necesita que los jugadores se pronuncien”, subraya Losiggio. En esta línea, es necesario recordar que diversos jugadores se han pronunciado sobre el tema. De hecho, Lionel Messi colaboró en 2013 con una campaña de la Municipalidad de Rosario llamada ‘Nadie gana’, campaña contra la violencia en los estadios en general. Además, en 2015 mostró públicamente su apoyo al ‘Ni Una Menos’, cuando envió un mensaje desde Barcelona acompañado de la frase ‘Basta de femicidios’. “El problema es que esas intervenciones fueron puntuales y no sostenidas, lo cual limita su alcance”, expresa con preocupación Losiggio, a la vez que critíca a quienes creen que los jugadores no deberían involucrarse: “La neutralidad es siempre una posición política. Un jugador que no habla de violencia de género está eligiendo no usar su plataforma para algo que podría cambiar vidas y esa elección también tiene consecuencias”.

El incremento de violencia no sólo tiene lugar durante partidos o campeonatos de fútbol. ONU Mujeres analizó las llamadas a emergencia durante grandes eventos masivos en general, no solo deportivos, y registró un aumento del 30% en las llamadas de emergencia por violencia familiar. Uno de los ejemplos más aberrantes y claros de esto fue el caso de violación grupal, mencionado mediáticamente como ‘La Manada’, ocurrido el 7 de julio de 2016 en Pamplona, España, durante las fiestas de San Fermín. Otro ejemplo es el de los carnavales de Brasil, donde el 50% de las mujeres relató haber sufrido acoso. Sin embargo, Lossigio establece una diferencia entre el aumento de violencia de género durante partidos de fútbol y el acaecido durante otro tipo de eventos masivos: “En recitales, eventos religiosos y celebraciones cívicas la dimensión de género de la identidad colectiva no está tan cargada ni tan activa. Eso no significa que no haya violencia de género en esos contextos, sino que el mecanismo específico del mandato masculino vinculado al resultado —ganar, perder, demostrar— opera con una particularidad que el fútbol potencia de manera singular”.

Volviendo al fútbol, el mismo informe del BID publicado en 2022, demostró que en partidos de la competencia brasileña de 2015 a 2018, incrementaron un 23,7% las denuncias de amenazas a mujeres y un 25,9% las denuncias por lesión cuando los equipos jugaron de local, siendo parejas y exparejas los principales agresores.

Mientras tanto, la justicia en países como Argentina donde, según la consultora Kantar, el 85% de la población es hincha de algún equipo de fútbol, no da el mejor ejemplo: menos del 20% de los futbolistas de primera división denunciados formalmente han recibido una condena penal firme. Por su parte, desde el Gobierno, funcionarias como Patricia Bullrich, ex ministra de Seguridad de la Nación y actual senadora por La Libertad Avanza, apoyó y difundió el proyecto contra las ‘Denuncias Falsas’, impulsado por la senadora de la UCR Carolina Losada y con la participación activa de Andrea Robledo Guacci, esposa del exentrenador de la Selección Argentina Femenina, Diego Guacci, quien fue denunciado por cinco jugadoras ante el comité de ética de la FIFA por acoso y abuso sexual.

Losiggio insiste en que, si bien no es efectivamente un factor de riesgo, el fútbol, particularmente en Argentina, “está atravesado por una cultura de masculinidad colectiva, una identidad, la del hincha, que es una identidad de género: ser varón y ser del equipo se constituyen mutuamente, con toda la carga emocional, la lealtad grupal y el mandato de demostrar lo que eso implica”.

El alto nivel de hinchas de fútbol argentinos es casi inversamente proporcional al presupuesto que el gobierno de Javier Milei implementa en programas para prevenir la violencia de género. Diversos programas, entre ellos la Línea 144, creada para atender puntualmente llamadas de emergencias relacionadas con violencia de género las 24 horas del días los 365 días del año, tuvieron una reducción presupuestaria de casi un 90% desde que asumió el gobierno libertario.

Replicar iniciativas de otros países puede ser un buen punto de partida para reducir la violencia de género en Argentina. Un ejemplo a copiar es ‘Hablemos Entre Patas’, programa digital de prevención de la violencia de género dirigido a hombres, implementado en Perú y apoyado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) e Innovations for Poverty Action (IPA), que, de manera efectiva y a bajo costo, redujo un 20% la probabilidad de que las mujeres reportaran violencia sexual, además de una disminución en la tolerancia masculina hacia la violencia. Otra idea a replicar es ‘Línea Calma’, impulsada por la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte de Bogotá, Colombia, que creó canales para que los hombres transiten emociones sin volcarlas sobre sus parejas. “Es necesario implementar programas de masculinidades que trabajen la gestión emocional y el vínculo entre la frustración y la violencia”, recomienda Losiggio.

Si los clubes no hacen lo suficiente, lo hacen los hinchas; es por eso que surgen iniciativas como ‘Tigre feminista’, una agrupacion feminista no oficial integrada por hinchas y socias de Tigre que, como detalla a El Destape ‘Nanu’, una de sus integrantes, ‘se comprometieron a trabajar con la igualdad y la perspectiva de género dentro del club’ porque ‘no les sorprende que aumenten las llamadas de emergencia durante los partidos’: “Sabemos que la violencia sucede, sabemos que pasa dentro de nuestra cancha y que son hombres los que la ejercen”, expresa. Esta agrupación  hace 7 años lleva campañas de concientización a las canchas, realizando, entre otras cosas, jornadas de ‘Tarjeta roja al machismo, fuera y dentro de la cancha’, una de las principales campañas que implementan para visibilizar ese tipo de violencias. Nanu destaca, sobretodo, la cooperación entre hinchas de diversos clubes para poder paliar una problemática que las afecta a todas: “Hemos armado un protocolo con la ayuda de muchas compañeras de Morón, River, San Lorenzo, Argentinos Juniors, entre otros y actualmente el club decidio armar una Secretaria de Género”.

Racing, Vélez y Boca, entre otros equipos locales, también han llevado adelante programas o talleres para reducir la violencia de género en particular y la que sucede en las canchas en general, resulta urgente establecer protocolos específicos en clubes y espacios deportivos e insistir con las capacitaciones en materia de igualdad de género para jugadores y cuerpos técnicos, más allá de las campañas puntuales y de los comunicados que los mismos clubes hacen en días como el ‘Ni Una Menos’: “La diferencia entre una campaña de visibilización y un protocolo real es que la primera anuncia; el segundo obliga y establece consecuencias”, cierra Losiggio.