Qué es un UTV y por qué es tan peligroso

Diseñados para el trabajo y el uso recreativo fuera del asfalto, los UTV combinan potencia y versatilidad, pero también esconden riesgos mecánicos y de seguridad que muchas veces se subestiman.

22 de enero, 2026 | 23.28

En los últimos años, los UTV (Utility Task Vehicle) se volvieron cada vez más populares tanto en ámbitos rurales como en zonas turísticas, playas y médanos. Su estética robusta, su capacidad para circular fuera del camino y la sensación de “manejo libre” los convirtieron en una opción atractiva. Sin embargo, detrás de esa imagen aventurera se esconde un vehículo que, mal utilizado o fuera de su entorno natural, puede resultar altamente peligroso.

Desde el punto de vista mecánico, un UTV es un vehículo liviano, con chasis tubular, suspensión de largo recorrido y tracción trasera o integral (4x4). Generalmente están impulsados por motores monocilíndricos o bicilíndricos, de entre 500 y 1.000 cc, con potencias que pueden superar los 70 caballos en versiones deportivas. La transmisión suele ser automática por variador (CVT), lo que permite una entrega de potencia constante y facilita la conducción, incluso para usuarios sin experiencia previa.

El problema comienza cuando esa mecánica, pensada para terrenos irregulares y velocidades moderadas, se combina con una estructura de seguridad limitada. Aunque muchos UTV incluyen jaula antivuelco y cinturones de seguridad, carecen de airbags, zonas de deformación programada y controles electrónicos de estabilidad, elementos hoy básicos en cualquier auto o SUV. En caso de vuelco o impacto, el cuerpo del conductor queda mucho más expuesto.

En cuanto a prestaciones, un UTV puede alcanzar velocidades que oscilan entre los 80 y los 120 km/h, dependiendo del modelo. Para un vehículo con centro de gravedad alto, trocha relativamente angosta y neumáticos off-road, estas cifras representan un riesgo importante. A alta velocidad, una maniobra brusca, un desnivel o un pozo pueden terminar fácilmente en un vuelco.

El agarre al suelo es otro punto clave para entender su peligrosidad:

  • En arena, el UTV suele desempeñarse bien gracias a su bajo peso, neumáticos de gran balón y tracción integral. Sin embargo, el exceso de confianza puede llevar a tomar curvas cerradas a velocidades inapropiadas, donde el vehículo pierde estabilidad lateral.

  • En tierra o ripio, el comportamiento es más impredecible: el tren trasero puede deslizar con facilidad y, sin ayudas electrónicas, el control depende exclusivamente de la pericia del conductor.

  • En asfalto, el riesgo se multiplica. Los neumáticos, diseñados para superficies blandas, tienen poco agarre en pavimento, se deforman en curvas y al frenar, y aumentan considerablemente la distancia de detención.

A todo esto se suma un factor clave: no están pensados como vehículos de tránsito urbano ni vial, aunque muchas veces se los use como tales. La combinación de alta velocidad, baja seguridad pasiva y superficies inadecuadas explica por qué los UTV están involucrados en accidentes graves, especialmente cuando son conducidos sin casco, sin cinturón o por personas sin experiencia.

En definitiva, el UTV no es peligroso por definición, pero sí lo es cuando se lo utiliza fuera de su contexto. Entender su mecánica, sus límites y, sobre todo, sus carencias en seguridad es fundamental para evitar que un vehículo pensado para el trabajo y la recreación termine siendo protagonista de tragedias evitables.