Sin botas y con pocas mascarillas: la desprotección del personal que combate el ébola en el Congo

09 de junio, 2026 | 11.30

Por Emma Farge, Jennifer Rigby, Olivia Le Poidevin y ​Aaron Ross

NAIROBI/LONDRES/GINEBRA, 9 jun (Reuters) - A punto de cumplirse un mes desde el inicio de uno de los brotes de ébola más grandes de la historia, el personal sanitario del este de la República Democrática del Congo (RDC) se ve en apuros para conseguir el equipo básico necesario ‌para garantizar su seguridad y evitar la propagación de la ‌enfermedad, según más de una docena de médicos, trabajadores humanitarios y responsables de salud pública.

Aunque los principales donantes están aumentando la financiación, la magnitud del brote, la reducción de las reservas preposicionadas debido a los recortes en la ayuda y los problemas logísticos han provocado escasez y han disparado los costos del equipo de protección personal.

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La organización humanitaria International Rescue Committee advirtió el martes que se prevé que las existencias de equipos de protección esenciales se agoten en cuestión de días.

En Kivu del Norte, una de las tres provincias afectadas que han confirmado más de 550 casos y 100 muertes, los equipos médicos están a punto de agotar artículos como el cloro y a menudo carecen de equipos como botas, dijo Pablo Lwanzo Paluku, médico jefe de ​la zona de Butembo.

El cadáver de una presunta ⁠víctima del ébola fue envuelto en una lona azul y transportado en el techo de un taxi debido a la falta de una ‌bolsa para cadáveres o de una ambulancia, explicó. "Lo poco que tenemos es improvisado", agregó.

A fecha de 4 de junio, solo ⁠había llegado a la República del Congo y a Uganda —que ha registrado 19 casos— ⁠una cuarta parte de los suministros esenciales necesarios para los próximos tres meses, con una escasez especialmente grave de protectores faciales y gel hidroalcohólico, según los Centros Africanos para el Control y la Prevención de Enfermedades (África CDC).

EQUIPOS CAROS

Ya son 34 los trabajadores sanitarios infectados con la rara cepa Bundibugyo del virus ⁠y siete han fallecido, poco más de tres semanas después de que la Organización Mundial de la Salud declarara una emergencia internacional.

Los ​costos del equipo de protección personal (EPP) disponible se han disparado, en parte debido a las repercusiones del cierre del estrecho ‌de Ormuz, que ha interrumpido las importaciones desde los almacenes de ‌Dubái y ha encarecido los costos de transporte en otras rutas, según afirmaron cinco personas involucradas en la respuesta.

Algunas organizaciones han adquirido EPP a ⁠nivel local, pero el costo de los trajes de alta protección se ha disparado un 40% desde el mes pasado hasta rondar los 35 dólares, según Frantz Celestin, director regional de la Organización Internacional para las Migraciones en Nairobi.

La adquisición se ve complicada por la limitada infraestructura de transporte del este del Congo y la inseguridad debida al conflicto armado. El aeropuerto de Bunia, en el epicentro del brote, está cerrado, y Uganda —de donde suelen proceder muchos suministros— ​cerró su frontera el ‌mes pasado para intentar reducir la propagación.

Los principales donantes han aumentado su apoyo. Estados Unidos ha entregado 150 toneladas de suministros médicos y ha prometido más de 200 millones de dólares directamente a los países afectados, según un portavoz del Departamento de Estado, lo que lo convierte en el mayor contribuyente financiero a la respuesta al ébola.

RECORTES DE EEUU

El portavoz no hizo comentarios sobre una pregunta relativa al papel de Estados Unidos en la escasez de suministros. No obstante, los equipos de primera respuesta afirman que están tratando de ⁠ponerse al día debido a la detección tardía del brote, que, según las autoridades sanitarias, llevaba circulando al menos dos meses antes de que se declarara a mediados de mayo.

Estados Unidos era ante el principal proveedor de EPP en situaciones de emergencia, colaborando con la OMS y los grupos de ayuda para preposicionar las existencias y acelerar el suministro. La respuesta a la epidemia de ébola de 2018-2020 en el Congo, a la que Washington contribuyó con unos 600 millones de dólares, fue "una de las más rápidas y mejor equipadas de la historia", según un informe de la OMS.

Sin embargo, los recortes en la financiación estadounidense, sumados a su retirada de la OMS, han complicado la respuesta al actual brote de ébola, según cinco fuentes de ayuda humanitaria y dos funcionarios estadounidenses.

"Ojalá pudiera decir ‌que teníamos existencias, pero la realidad es que no teníamos ninguna", afirmó Amadou Bocoum, director nacional de CARE en el Congo, cuyo presupuesto, financiado en gran parte por Estados Unidos, se redujo en un tercio, y añadió que se tardó 10 días desde que se declaró el brote en comenzar a distribuir los EPP.

"CONSTRUYENDO EL AVIÓN MIENTRAS VOLAMOS"

Había algunos suministros disponibles. Abdou Sebushishe, asesor sénior de International Medical Corps, afirmó que desplegaron EPP en Bunia en las 24 horas siguientes a la declaración del brote, gracias a la financiación estadounidense, aunque fue testigo de una falta total de lavabos y termómetros en otros lugares.

La agencia de ‌ayuda exterior de Estados Unidos, USAID, que el presidente Donald Trump desmanteló el año pasado, tenía anteriormente un acuerdo con la OMS que permitía la liberación de fondos para EPP en un plazo de 48 horas tras un brote, según explicaron a Reuters dos antiguos funcionarios de USAID.

"USAID contaba con estos sistemas. No eran perfectos, pero ‌funcionaban muy bien. Ahora estamos, literalmente, construyendo ⁠el avión mientras volamos", afirmó un tercer funcionario estadounidense, que pidió no ser identificado.

El profesor Salim Abdool Karim, que asesora a África CDC sobre la respuesta, señaló que se echa mucho de menos la experiencia logística de USAID. "Si se necesitaban ​diez camiones con combustible y conductores, ellos tenían los medios para conseguirlos", señaló Karim, que tiene previsto viajar al Congo esta semana.

En primera línea, los trajes protectores están llegando poco a poco, pero demasiado tarde para algunos. "Estamos muriendo como moscas", dijo Denis Urwothun Rwothng’a, un médico de Bunia que ha perdido a tres colegas a causa del virus.

(Reporte adicional de Jessica Donati y Clement Bonnerot en Dakar y de Ammu Kannampilly en Nairobi; editado en español por Carlos Serrano)