El proyecto de reforma laboral impulsado por el gobierno de Javier Milei incorpora un concepto que promete modificar de manera profunda la organización del trabajo en Argentina: el banco de horas. Se trata de un mecanismo que permitiría a las empresas administrar la jornada laboral con mayor flexibilidad, acumulando horas trabajadas en determinados períodos para compensarlas luego con descansos, sin que eso implique el pago de horas extras.
En términos prácticos, el esquema habilitaría jornadas de diez o incluso doce horas como límite, durante momentos de alta demanda productiva, con la posibilidad de otorgar días libres cuando la actividad se desacelera.
Desde el Gobierno, la iniciativa es presentada como una herramienta moderna, alineada con estándares internacionales, que busca compatibilizar productividad empresarial y estabilidad del empleo. Sin embargo, desde el ámbito sindical y académico surgen cuestionamientos de fondo: advierten que el banco de horas podría vaciar de contenido el régimen de horas extras y debilitar derechos laborales históricos.
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El banco de horas apunta a reemplazar un esquema rígido de jornada laboral por uno más adaptable a los ciclos productivos. En lugar de pagar horas extras cuando se supera el horario habitual, esas horas se acumulan en una cuenta individual y luego se compensan con descansos. Para las empresas, el beneficio es claro: mayor previsibilidad de costos y capacidad de respuesta ante picos de demanda.
El anuncio y el contexto político
La reforma laboral fue anunciada por Milei durante la presentación del Plan Argentina Grande Otra Vez, en un acto realizado en la planta de Sidersa, en la ciudad bonaerense de San Nicolás en 2025. El evento reunió a empresarios y representantes de pymes de la región industrial -Zárate, Campana, Arrecifes, Capitán Sarmiento y Pergamino- y celebró la adhesión de la firma al Régimen de Incentivos para Grandes Inversiones (RIGI), con una inversión cercana a los 300 millones de dólares para una nueva planta de aceros largos.
En su discurso, el Presidente sostuvo que, tras un año y medio de estabilización macroeconómica, el foco debe ponerse en dinamizar la microeconomía. “No hay nada mejor para un trabajador que una empresa, y no hay nada mejor para una empresa que un trabajador”, afirmó. Según su diagnóstico, la reforma laboral permitiría generar cientos de miles de empleos formales y reducir la litigiosidad, uno de los principales costos que -según el Ejecutivo- desalientan la contratación.
Los críticos, en cambio, advierten que el impacto puede recaer directamente sobre los trabajadores. Señalan que la medida podría eliminar, en la práctica, el pago de horas extras, uno de los componentes que históricamente compensó el esfuerzo adicional. También alertan que, en un mercado laboral con fuertes asimetrías de poder, la “flexibilidad” puede traducirse en jornadas extensas impuestas de hecho, con menor capacidad real de negociación.
