El sistema financiero se refugia en los prendarios ante el récord de deuda familiar

En momentos en que cayó el uso de tarjetas de crédito y sube la morosidad de las familias, los préstamos prendarios muestran señales de recuperación impulsados por promociones automotrices y financiamiento subsidiado.

08 de mayo, 2026 | 18.01

En medio de un consumo que no ofrece señales de recuperación y de una mora creciente de los créditos entre las familias, las entidades financieras comenzaron a privilegiar líneas respaldadas por activos concretos, mientras pierden dinamismo los préstamos más asociados al gasto corriente y al financiamiento cotidiano. La fotografía de abril dejó esa diferencia expuesta: las operaciones con tarjetas de crédito volvieron a caer en términos reales, mientras los créditos prendarios registraron un repunte luego de varios meses de retracción.

La morosidad de las familias alcanzó niveles que no se observaban desde la salida de la convertibilidad, tal como informó este medio. Según datos del Banco Central, el porcentaje de personas con créditos en situación irregular llegó al 11,2 por ciento en febrero, luego de 16 meses consecutivos de deterioro. La mayor parte de ese incumplimiento se concentra precisamente en tarjetas de crédito y préstamos personales.

La combinación de ingresos deteriorados, caída del consumo y refinanciaciones permanentes empezó a modificar la lógica del negocio bancario. En ese escenario, las entidades muestran mayor predisposición a expandir líneas que tienen como garantía un bien tangible —como un automóvil— y mayor cautela frente al crédito al consumo sin respaldo patrimonial.

Un informe de la consultora Equilibra señala que el crédito en pesos al sector privado durante abril, descontando inflación, cayó 0,1 por ciento sin estacionalidad. El informe sostuvo que el comportamiento quedó “en línea con el estancamiento observado a lo largo del primer trimestre del año (0,1 por ciento real s.e. entre diciembre de 2025 y marzo de 2026)”.

Dentro de ese escenario general, las diferencias entre segmentos fueron marcadas, según consigna la agencia de noticias financieras Bloomberg. El crédito a empresas cayó 0,9 por ciento real mensual, mientras que los préstamos a familias mostraron una leve recuperación de 0,4 por ciento real. Sin embargo, esa mejora no alcanzó a las líneas vinculadas al consumo masivo.

Las operaciones con tarjetas de crédito crecieron apenas 1,7 por ciento nominal durante abril y el saldo financiado llegó a 24,4 billones de pesos. Pero al descontar una inflación estimada en torno al 2,5 por ciento mensual, el resultado volvió a ser negativo en términos reales. También existe una restricción creciente de oferta por parte de los bancos, que comenzaron a endurecer condiciones frente al aumento de la morosidad. En otras palabras, las entidades financieras perciben que prestar dinero sin una garantía concreta implica hoy un riesgo mayor.

Automotrices y bancos

A diferencia de las tarjetas o los préstamos personales, el crédito prendario tiene asociado un activo tangible: el vehículo financiado. Si el cliente incumple, el banco cuenta con una garantía real sobre la cual ejecutar el crédito. Esa estructura reduce el riesgo para las entidades y permite ofrecer condiciones más atractivas en un contexto de fragilidad económica. Luego de cinco meses consecutivos de caídas reales, los créditos prendarios avanzaron 6,4 por ciento nominal en abril y el stock total alcanzó 6,1 billones de pesos. En comparación con abril del año pasado, el crecimiento fue de 43,2 por ciento.

El dato no implica necesariamente una recuperación sólida del sector automotor. De hecho, los indicadores de producción y ventas continúan mostrando caídas importantes. Según la Asociación de Fabricantes de Automotores (ADEFA), en abril las terminales produjeron 37.521 vehículos, un retroceso de 10,1 por ciento frente a marzo y una caída interanual de 17,5 por ciento.

En el acumulado del primer cuatrimestre, la producción bajó 18,6 por ciento respecto del mismo período de 2025. Las ventas mayoristas a concesionarios también mostraron un deterioro: en abril se comercializaron 35.976 unidades, 31,6 por ciento menos que un año atrás. “El sector está en plena transición y los datos del primer cuatrimestre de 2026 lo reflejan. La actividad durante abril registró una dinámica donde la producción sigue enfrentando desafíos estructurales”, sostuvo Rodrigo Pérez Graziano, presidente de ADEFA. en el comunicado mensual.

El repunte del financiamiento prendario parece responder más a estrategias comerciales agresivas y subsidios financieros que a una mejora estructural del mercado. Las automotrices y algunos bancos comenzaron a ofrecer cuotas subsidiadas, tasas reducidas y promociones para sostener operaciones en un contexto de caída de ventas. En paralelo, las entidades financieras muestran una creciente dependencia del negocio de refinanciación de deuda de hogares. La mora en tarjetas y préstamos personales se convirtió en una fuente de rentabilidad a través de intereses cada vez más elevados.

El CEO de Santander Argentina, Alejandro Butti, reconoció que actualmente “la mora la tenemos concentrada en personas. Tarjetas y préstamos personales es lo más importante”. Aun así, rechazó cualquier posibilidad de intervención estatal o alivio legislativo para familias endeudadas. “No necesitamos intervención del Estado ni ningún proyecto de ley de esos que andan dando vuelta en el Congreso. Los bancos sabemos cómo hacerlo”, afirmó el directivo.

El mecanismo funciona sobre todo a través del pago mínimo de tarjetas. Las entidades permiten mantener activa la línea de crédito pagando apenas una pequeña parte del saldo total, mientras el resto se refinancia con tasas que pueden superar el 80 por ciento nominal anual y costos financieros totales por encima del 170 por ciento. El cliente evita caer formalmente en mora, pero queda atrapado en una refinanciación permanente. El deterioro del salario real y la falta de recuperación del consumo profundizan ese proceso.