El Tesoro debe renovar este miércoles unos 9,6 billones de pesos, en lo que será el primer test del año para la estrategia de financiamiento en moneda local de los próximos meses. La Secretaría de Finanzas ofrece en este llamado a licitación los instrumentos del Tesoro, en la actual estrategia del equipo económico de pagar deuda con más deuda. La licitación que el Tesoro vuelve a colocar en el centro de la escena la discusión sobre la liquidez disponible del sistema financiero.
.Durante enero, los vencimientos totales del Tesoro rondan los 30 billones de pesos y cerca de la mitad de ese monto está en manos del sector privado. En esta licitación no solo se mide la capacidad de renovación, sino también el margen de maniobra que queda para evitar que las tensiones se trasladen a las tasas de interés o a los distintos tipos de cambio financieros.
El mercado sigue de cerca la relación entre lo que el Tesoro ofrece y lo que los inversores están dispuestos a aceptar. La necesidad de alcanzar un nivel elevado de rollover no responde solo a una cuestión contable. Si la renovación queda por debajo de los vencimientos, la alternativa es emitir pesos o convalidar tasas más altas para captar fondos.
MÁS INFO
Desde las mesas de dinero se señala que el resultado de la licitación será leído como una señal sobre la liquidez disponible en la plaza. Si la demanda acompaña, el mensaje será que existe margen para seguir financiando al Estado sin un ajuste inmediato en las tasas. Si ocurre lo contrario, la lectura será que los pesos escasean y que el costo del dinero seguirá en aumento.
Esa tensión comenzó a impactar en los rendimientos de corto plazo, donde se exhibe una alta volatilidad. La tasa de caución, que funciona como referencia para los préstamos entre agentes financieros, se ubicaba en torno al 42% anual. Al mismo tiempo, las colocaciones a plazo fijo por montos elevados promediaban el 25% anual. Ambos números conviven con una inflación del 31,5% registrada en 2025, lo que deja al descubierto una brecha entre el rendimiento del ahorro tradicional y la evolución de los precios.
Mientras las tasas que pagan los bancos por los depósitos quedan por debajo de la inflación, el financiamiento de muy corto plazo muestra valores más altos. Esa diferencia sugiere que el sistema prioriza la liquidez inmediata y que los pesos se mueven con rapidez hacia los instrumentos que permiten entrar y salir sin quedar expuestos a plazos largos.
En ese marco, la licitación del Tesoro se inserta en una competencia directa por los pesos disponibles. El Estado necesita refinanciar vencimientos en un contexto donde el sector privado evalúa alternativas que ofrecen liquidez diaria y tasas que superan a las de los depósitos. La decisión de participar o no en la licitación no se explica solo por la confianza en la política económica, sino también por la comparación concreta entre rendimientos.
Un resultado ajustado puede presionar al alza las tasas de las próximas licitaciones y, por arrastre, al resto de los instrumentos en pesos. A su vez, tasas más altas encarecen el crédito y condicionan el nivel de actividad, un vínculo que suele quedar fuera de la discusión diaria del mercado pero que aparece en los datos con el correr de los meses.
Otro punto que sigue el mercado es la señal que se envía a los precios del dólar financiero. Cuando las tasas en pesos no logran compensar la inflación o el riesgo percibido, parte de los fondos busca cobertura cambiaria. En ese sentido, la licitación también opera como un ancla: si logra absorber pesos sin sobresaltos, reduce presiones indirectas sobre los tipos de cambio alternativos.
