Mientras Luis Caputo viaja a Washington para participar en las Reuniones de Primavera del Fondo Monetario Internacional (FMI) y buscar la aprobación del desembolso de 1.000 millones de dólares, el organismo de crédito le dio un tirón de orejas al país al empeorar sus pronósticos de crecimiento para 2026 y casi duplicar su pronóstico de inflación.
Así lo reveló el FMI mediante su último Monitor Económico Mundial (World Economic Outlook), que actualiza cada seis meses y que dio a conocer este martes. Según este nuevo informe, el PBI de Argentina crecerá un 3,5% en 2026. La cifra, aunque positiva, representa un empeoramiento de las condiciones respecto al Monitor Económico Mundial previo, de octubre pasado, en el que el FMI esperaba que la economía argentina creciera un 4% este año, 0,5 puntos más.
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El cambio no es casualidad, sino que se da luego de un semestre en el que la actividad empezó a mostrar signos más claros de estancamiento (la suba de 1,9% de enero fue la menor desde noviembre de 2024), mientras se siguen desplomando sectores clave en la generación de empleo como la industria y el comercio.
Esta perspectiva más pesimista también surge después de ocho meses consecutivos de caída en la recaudación, que obliga al Gobierno a realizar mayores ajustes en el gasto público para no afectar el superávit fiscal. De hecho, el pronóstico del Fondo no es aislado sino que se alinea con el que realizó el Banco Mundial la semana pasada, cuando recortó el crecimiento de Argentina para 2026 a 3,6%, frente al 4% de su informe previo en 2025.
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El FMI empeoró notablemente su proyección de inflación para el país, luego de una aceleración de la suba de precios en los últimos meses, con un IPC que desde diciembre viene rozando el 3% mensual. En concreto, el organismo espera ahora que Argentina tenga una inflación del 30,4% promedio en 2026, cuando en el informe de octubre pasado esperaba un 16,4%.
Además, el organismo de crédito también agravó su pronóstico sobre el balance de la cuenta corriente, que mide la diferencia entre las importaciones y exportaciones de un país. En este caso, ahora considera que Argentina tendrá un déficit del 0,8% del PBI en 2026, cuando en octubre pasado esperaba para este año un déficit comercial del 0,4%, la mitad. Se trata de la consecuencia lógica de la perpetuación del atraso cambiario, que perjudica la competitividad de las exportaciones industriales, junto a una apertura comercial que inunda el país de importaciones de bienes finales.
Al contrario, el único indicador en el que el FMI mejoró su pronóstico es en el desempleo. Ahora, el organismo espera una desocupación del 7,2% promedio para el país en 2026, mientras que hace seis meses preveía una del 7,5%. La duda, dado que este tipo de informes suele elaborarse con bastante anticipación, es si esta cifra se cerró previamente a que el Indec revelase la suba del desempleo al 7,5% en el cuarto trimestre de 2025, el 18 de marzo pasado.
El viaje de Caputo por la aprobación de la última revisión
Como sea, estas nuevas proyecciones más pesimistas evidencian un llamado de atención del FMI a Argentina, justo cuando el ministro de Economía, Luis Caputo, debe viajar a Washington para participar de las Reuniones de Primavera del organismo con pares de economía y finanzas de todo el mundo.
Se esperaba que Caputo partiera este martes hacia el mediodía, luego de su participación en el encuentro anual de la AmCham, aunque desde el Palacio de Hacienda no confirmaron todavía qué día específicamente se reuniría con la titular del Fondo, Kristalina Georgieva.
Sin embargo, el propósito último del viaje del ministro es otro: lograr por fin la aprobación de la segunda revisión del acuerdo firmado en abril de 2025, lo que permitiría destrabar automáticamente el desembolso de 1.000 millones de dólares.
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El staff técnico del organismo viene demorando el visto bueno a la revisión desde hace dos meses, cuando terminó su misión técnica en el país. Evidentemente, las cifras del informe de este martes permiten entender por qué, ya sea producto de una desconfianza real en la capacidad de repago o, simplemente, de un llamado de atención político.
Como sea, resulta obvio que la revisión terminará aprobándose tarde o temprano. Sobre todo porque la acumulación de reservas del Banco Central del primer trimestre, por unos 5.000 millones de dólares, le dará al FMI razones para otorgar un waiver (o perdón parcial) por el abierto fracaso en la acumulación de las reservas requeridas para el corte de fines de diciembre pasado.
En este contexto, es posible que Caputo también se vuelva de Estados Unidos con un pedido de mayor flexibilización del cepo al dólar, algo que ya estuvo ensayando con medidas sobre exportaciones y uso de tarjeta de crédito la semana pasada. Dado que el control de capitales todavía rige para las deudas de empresas previas a 2023, sería una vía por la que el organismo podría apuntar a una dinamización de la inversión externa que, a su vez, haga crecer la actividad.
