Por Natalia Siniawski y Janina Nuno Rios
CIUDAD DE MÉXICO, 3 jul (Reuters) - Mientras el Mundial lleva a México cámaras, dinero y celebraciones, la excapitana de la selección femenina de Afganistán Khalida Popal plantea una pregunta fundamental: ¿qué parte de esa atención llegará a las niñas vulnerables y a las refugiadas que no llegan a los estadios?.
Popal, una de las fundadoras de la selección femenina de Afganistán, huyó del país tras el regreso al poder en 2021 de los talibanes, que prácticamente eliminaron a las mujeres del deporte y de gran parte de la vida pública.
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Ahora, en Ciudad de México, colabora con organizaciones locales para organizar clínicas de fútbol dirigidas a niños refugiados y comunidades marginadas, aprovechando el Mundial para presionar a los países anfitriones a fin de que dejen un legado social duradero más allá del torneo.
"¿Qué pasará después del Mundial? ¿Y cómo puede la comunidad conseguir la atención y el apoyo que necesita?", dijo Popal en una entrevista con Reuters.
Popal señaló que México ha logrado avances significativos en el fútbol femenino, destacando el creciente peso de la Liga MX Femenil y el nombramiento de la primera árbitra, Katia García, para dirigir un partido del Mundial masculino.
"Vi a esa mujer allí de pie. Ese es el México que queremos ver", afirmó Popal, añadiendo que las líderes femeninas visibles sobre el terreno de juego inspiran a las niñas a creer que tienen un lugar en el fútbol.
Popal rechazó rotundamente la idea de que el deporte y las cuestiones sociales deban mantenerse separados. "Todo lo relacionado con el fútbol es política. Es negocio y es política", afirmó, señalando que el fútbol femenino, en particular, está intrínsecamente ligado al activismo.
Dado que este deporte careció históricamente de respaldo financiero, las jugadoras se movían únicamente por amor al juego, añadió Popal, lo que les ha dado fuerzas para liderar importantes campañas mundiales contra la brecha salarial, la violencia de género y por la inclusión de la comunidad LGBTQ+.
Sin embargo, señaló que esos avances deben ir acompañados de progresos fuera del terreno de juego.
México sigue lidiando con altos niveles de violencia de género y feminicidio. El año pasado, 70.500 personas solicitaron asilo, según la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR).
La mayoría son mujeres y niños que viven en centros de acogida, y Popal advirtió que dejar a las comunidades vulnerables sin oportunidades ni apoyo a largo plazo alimenta los ciclos de violencia y exclusión.
Su advertencia se basa en la experiencia de Afganistán. Desde que los talibanes volvieron al poder en 2021, señaló, las mujeres han sido excluidas de la vida pública, con restricciones que se extienden a la educación, el empleo y el deporte.
Afganistán se ha convertido en "una prisión a cielo abierto" para las mujeres, afirmó, y señaló que las normas de los talibanes ahora incluso castigan a las mujeres por hablar en voz alta en público.
Para Popal, la selección femenina afgana en el exilio representa algo más que un regreso a la competición internacional. Es un recordatorio de la importancia de salvaguardar los derechos de las mujeres.
Sin embargo, a medida que el fútbol femenino atrae más atención mundial e inversión empresarial, Popal advirtió que esta base activista corre el riesgo de quedar eclipsada.
"El fútbol se ha comercializado tanto que ha silenciado la voz de las deportistas", afirmó Popal. "Cuanto más dinero entra, más marcas se incorporan; cuanto más estampados y más logotipos llevas en el pecho, más pierdes tu poder de expresarte".
A través de su organización, Girl Power, Popal espera salvaguardar esa autenticidad. Al llevar el fútbol a los centros de acogida de refugiados y a las comunidades de base, su objetivo es fomentar la solidaridad entre mujeres y la resiliencia, demostrando que el fútbol pertenece a todo el mundo, no solo a la élite privilegiada.
Con información de Reuters
