A días del lanzamiento de Tranquilo, Santi Celli atraviesa uno de los momentos más introspectivos de su carrera. El músico presentó un disco atravesado por la ansiedad contemporánea, los tiempos acelerados de la industria y la necesidad de “bajar un cambio” frente a un mundo cada vez más hiperestimulado. El resultado es una obra que funciona casi como un refugio emocional: canciones sensibles, ambientes íntimos y una búsqueda sonora coherente con esa idea de desacelerar.
El artista dialogó con El Destape y habló sobre el largo proceso de creación del álbum -que se extendió durante más de dos años-, las presiones de los algoritmos y la hiperproductividad, y también sobre las colaboraciones que atraviesan el proyecto. “No me gusta el mundo así”, reflexionó. “Siento que en el 2X en el que vivimos se pierden muchas cosas muy sustanciales”.
Entrevista completa con Santi Celli
En primer lugar, ¿cómo te sentís a unos días del lanzamiento de Tranquilo? ¿Cómo estás viviendo las repercusiones?
- Me siento muy bien, me siento muy contento de que haya salido por fin porque fue un proceso largo. Y también estoy muy feliz con el feedback. Es una época difícil para destinarle tiempo a escuchar un disco completo y es bastante esperanzador lo que estoy recibiendo porque hay gente que lo pone de principio a fin y me manda mensajes re largos y re sentidos, así que feliz con eso.
Es un disco bastante introspectivo, que te mete en un mismo universo.
- Qué bueno que lo sientas así. Intenté que todo lleve hacia un mismo lugar. No sé si diría que es un disco conceptual, pero sí quise que todas las cosas estuvieran alineadas. Primero, que sea coherente con lo que yo soy como persona, que sea transparente en las letras y que estéticamente esté cuidado. También que todo alegue a este mundo interior representado por un departamento, por una casa o por ese espacio íntimo. Estoy contento de que se perciba de esa forma.
¿Cómo fue el proceso de composición?
- Duró más o menos dos años y medio. Empecé a buscar canciones nuevas después de un tiempo de haber estado trabajando muchísimo y ya con ese mindset de “bueno, ahora hay que componer de nuevo”. Pero en el camino me fui dando cuenta de que ya no quería hacer las cosas tan apuradas y que necesitaba vivir para entender realmente qué era lo que quería decir.
Fue un proceso largo porque aparecieron muchas canciones e ideas, pero no siempre estaban alineadas entre sí. Yo tampoco tenía muy claro cuál era mi punto de vista sobre el presente. Eso recién lo entendí cuando entramos a grabar.
¿Y qué descubriste ahí?
- Toda esta bajada del disco sobre respetar los procesos y tratar de bajar un cambio a la velocidad que propone el mundo hoy en día. Creo que eso lo encontré viviendo justamente el camino para darme cuenta de eso.
¿Es el disco que más tiempo te llevó?
- Sí, sin dudas. Pero también fue el que más me obligó a evolucionar como persona, como intérprete y como letrista. Estoy agradecido de haber podido sobreponerme a los momentos de ansiedad, cuando veía que me bajaban las métricas o los números porque no estaba alimentando los algoritmos. Todo eso me generaba ansiedad, claro, pero también creo que pude sacar cosas positivas de ese proceso.
Hoy pareciera que todo exige ir más rápido.
- Sí, hay como un mood general de hiperproductividad, de estar todo el tiempo súper estimulados. Cada vez hay que hacer más cosas para llamar la atención de alguien porque estamos muy dispersos. Y a mí no me gusta el mundo así. Siento que en el “2X” en el que vivimos se pierden muchas cosas muy sustanciales. No quiero sonar anticuado ni renegado del presente, pero sí quiero ser crítico con la época. No me gusta tanta omisión, ¿viste? Omitir tantas cosas en el medio.
¿Y cómo fue la grabación del videoclip con Ale Sergi?
- Fue una jornada larguísima porque todos los videos del disco suceden en el mismo espacio, un set que recrea algo parecido a mi departamento. Entonces había que hacer nueve videos ahí adentro y lograr que cada uno tuviera identidad propia a través de las luces, las acciones y la puesta. Con Ale hicimos dos o tres tomas nada más y creo que esa espontaneidad se nota. Todo el rodaje fue en un solo día, así que fue intenso, pero muy divertido.
