Una gran idea para el fin de semana siempre es desconectar, reírse sin culpa y volver a una comedia que ya demostró ser infalible, Dodgeball (Pelotas en juego) es una de esas películas que siempre funcionan. Estrenada en 2004 y ahora disponible en Netflix, esta comedia protagonizada por Ben Stiller y Vince Vaughn se convirtió con el tiempo en un clásico moderno del humor absurdo y deportivo.
El enfrentamiento entre Peter LaFleur y White Goodman
La película gira en torno a Peter LaFleur (Vince Vaughn), dueño de un gimnasio barrial llamado Average Joe’s, un espacio caótico y poco glamoroso que está a punto de ser embargado. Para salvarlo, Peter y su grupo de clientes, tan desmotivados como entrañables, deciden competir en un torneo profesional de dodgeball (quemados). El problema es que deberán enfrentarse a White Goodman (Ben Stiller), un villano memorable: narcisista, musculoso y dueño del gimnasio rival, Globo Gym.
Dirigida por Rawson Marshall Thurber, Dodgeball apuesta por una comedia física, exagerada y autoconsciente, que no teme ir al límite del disparate. Su humor se apoya tanto en los diálogos como en las situaciones ridículas, los gags visuales y la parodia del mundo fitness, muy en boga a comienzos de los 2000 pero todavía reconocible hoy.
El elenco es uno de sus grandes puntos fuertes. Además de Vaughn y Stiller, aparecen Christine Taylor, Rip Torn: inolvidable como el entrenador Patches O’Houlihan, Jason Bateman como narrador deportivo y un grupo coral de secundarios que elevan cada escena. La química entre los actores y la clara división entre “héroes torpes” y “villanos ridículos” hace que el relato sea simple pero eficaz.
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¿Por qué "Dodgeball" es una gran película para ver en 2026?
La película envejeció bien. Su humor es directo, sin vueltas, y nunca pretende ser más profunda de lo que es. Dodgeball entiende perfectamente su objetivo: entretener. En poco más de 90 minutos construye un relato ágil, lleno de momentos icónicos, frases memorables y situaciones tan absurdas que resultan irresistibles.
En tiempos de catálogos infinitos y estrenos constantes, volver a una comedia como Dodgeball es casi un acto de descanso mental. Ideal para ver como una opción perfecta para el fin de semana: liviana, efectiva y con una energía que invita a reírse sin pensar demasiado. A veces, eso es exactamente lo que se necesita.
