La construcción de una carrera artística suele estar marcada por la intuición, los saltos al vacío y, en ocasiones, por insólitas coincidencias que unen las historias de las grandes divas del país. En ese sentido, Patricia Sosa reveló un dato sobre sus inicios que la relacionó de manera inmediata con los comienzos de Susana Giménez.
Antes de ser una figura reconocida, la cantante trabajaba como secretaria en una empresa y en ese contexto se le presentó la oportunidad de grabar un jingle publicitario destinado al mercado de Venezuela. Ante la negativa de su jefe de otorgarle el permiso correspondiente para realizar la grabación, Sosa decidió priorizar su vocación musical, renunciando a su puesto de estabilidad con una firme respuesta: "Ok, me voy".
La intuición no falló: la publicidad, correspondiente a una marca de detergente, se transformó en un éxito rotundo en el país caribeño y le reportó importantes ingresos económicos que apuntalaron su decisión de volcarse de lleno al arte. Este puntapié inicial emparenta de forma directa su biografía con la de la diva de los teléfonos.
Susana Giménez alcanzó la notoriedad pública y el despegue definitivo de su carrera como modelo gracias a otra publicidad de un producto de limpieza: el emblemático comercial del jabón Cadum. Aquella campaña, filmada a fines de la década del 60, inmortalizó el icónico latiguillo del "shock" y recorrió gran parte de Latinoamérica, transformando a Susana en una figura indispensable del espectáculo continental.
De esta manera, tanto para la conductora como para la intérprete, un artículo de aseo doméstico funcionó como el trampolín inesperado en sus carrera. Más tarde, el destino de Patricia Sosa tomaría el rumbo definitivo que la consagró en la historia de la música popular: a los 25 años, unió fuerzas con el guitarrista y productor Oscar Mediavilla -su pareja histórica- para fundar La Torre, una de las bandas pioneras del hard rock local.
Así fue el show de Patricia Sosa en La Trastienda
Patricia Sosa concretó una presentación el pasado 5 de febrero en el escenario de La Trastienda, extendiendo su show por un lapso de dos horas y media. El concierto se caracterizó por una dinámica que combinó momentos de cercanía acústica con pasajes de marcada impronta rockera, sosteniendo la fluidez en la comunicación con la audiencia desde el inicio de la función.
Durante la jornada, la intérprete expuso las composiciones de su reciente producción de estudio, Alquimia, alternando el desarrollo del repertorio con una revisión de los hitos principales de sus cuatro décadas de carrera. La selección musical contempló piezas emblemáticas como Aprender a volar, El mar más grande que hay, Solo quiero rock'n roll y No te rindas.
