La historia del violinista que revolucionó el folklore con una versión nueva de la chacarera

Defensor del quichua y virtuoso del violín, el músico santiagueño se consolidó como uno de los referentes más importantes del folklore latinoamericano.

11 de junio, 2026 | 20.19

La historia de la música popular argentina cuenta con figuras que trascendieron los escenarios para convertirse en verdaderos guardianes de la identidad cultural. Sixto Doroteo Palavecino nació en Barrancas (Salavina), en la provincia de Santiago del Estero. Con la compañía inseparable de su violín sachero dibujó en sus obras al monte que lo vio crecer, sus colores, su naturaleza, sus costumbres y mitos.

Su camino con la música estuvo marcado por la tenacidad. Autodidacta por definición, prefería que lo llamaran "violinero", ya que consideraba que el término "violinista" debía reservarse exclusivamente para quienes habían estudiado formalmente el instrumento.

Durante su infancia, debió sortear una estricta prohibición familiar. Su madre no le permitía tocar instrumentos musicales porque sostenía la firme creencia de que los músicos, por andar frecuentando los bailes, terminaban volviéndose enfermos y alcohólicos. Sin embargo, el deseo de Sixto fue más fuerte: a los 10 años construyó él mismo su primer violín y, para evitar que su madre lo descubriera, lo ocultaba minuciosamente dentro del hueco de un árbol de algarrobo.

A lo largo de su prolífica carrera, compuso una enorme variedad de géneros nativos como gatos, escondidos, triunfos, chacareras y vidalas. Su gran revolución estilística se dio a través de una innovadora estructura musical. En sus composiciones, principalmente en las chacareras, introdujo la particularidad de cantar la primera parte en lengua quichua y la segunda en castellano.

Esta original mezcla bilingüe pasó a ser conocida popularmente como chacarera overa, teniendo a "La Huackachiara" como uno de sus máximos estandartes. Con más de 300 obras de su autoría, Sixto Palavecino supo interpretar como nadie el sentimiento profundo de su pueblo. Entre sus títulos más reconocidos se destacan:

  • Dulzura quichua
  • La callejera
  • Folklorear
  • Changuitos de mi tierra
  • Lamento de chacarera
  • La Pedro Cáceres
  • Telesitapaj

El Alero Quichua y la difusión radial

Con el objetivo de rescatar, conservar y difundir la lengua quichua, originaria del Perú pero fuertemente radicada en Santiago del Estero, donde se conservó viva en catorce departamentos por más de quinientos años, fundó la histórica institución cultural Alero Quichua Santiagueño.

Como extensión de este proyecto, en 1969 creó el programa radial homónimo. El ciclo inició sus transmisiones a través de las frecuencias de LV11 Radio del Norte en Santiago del Estero. Con el paso del tiempo, el formato perduró y se emite en la actualidad por LRA 21 Radio Nacional de Santiago del Estero.

El espacio difunde de manera ininterrumpida música, canto, poesía y diálogos en quichua con su respectiva traducción, manteniendo además un estrecho contacto con personalidades de diversas instituciones quechuas de Perú, Bolivia y el resto del mundo.

Sixto Palavecino con León Gieco en un programa de televisión.

Su permanente e incansable militancia por la preservación de la lengua nativa se materializó en un ambicioso proyecto literario que le demandó ocho años de arduo trabajo: la traducción completa del español al quichua del emblemático poema de José Hernández, el Martín Fierro.

Esta monumental obra bilingüe tuvo sus ediciones en los años 1990 y 2007. Para su realización, Palavecino contó con el soporte tecnológico del lingüista evangelista Donald Burns. La aclamada reedición del año 2007 fue desarrollada en formato panalfabeto, logrando respetar con absoluta precisión la rima y la métrica originales del texto de Hernández, lo que permitió su posterior distribución educativa en las escuelas de toda la provincia de Santiago del Estero.

Como broche de oro de su legado patriótico y cultural, el Himno Nacional Argentino también tuvo su primera y trascendental versión en quichua nacida directamente de las manos y el compromiso de Sixto Palavecino.