Si alguien en la Argentina piensa en chamamé, sin dudas en su cabeza suena el estridente ruido de un acordeón al ritmo de Kilómetro 11. ¿Pero cómo sería posible hacer resonar esa música cuando en el país ya no quedan luthieres para fabricar el instrumento? La fábrica social de acordeones de Puerto Tirol, Chaco, se propone recuperar no solo el oficio a través de la formación sino también sino también sistematizar ese saber perdido.
"Los que conocían el oficio se fueron muriendo, se fue perdiendo esa transmisión, como ha pasado con muchos oficios que hoy nos damos cuenta que los necesitamos y mucho", explicó Daniela Valdez, vicepresidenta del Instituto de Cultura del Chaco, en diálogo con El Destape. La funcionaria, junto a otros representantes de diversos proyectos forma parte del Encuentro Federal de Industrias Culturales y Creativas (EFICC), que se celebra en Mendoza entre hasta el 6 de junio.
"Lo que buscamos es principalmente el rescate de un oficio que estaba prácticamente extinto", resaltó. Al tiempo que remarcó que hoy, quien quiera tocar el acordeón tiene que importarlo, "que no solo es costoso, sino que también se pierde la oportunidad de producir algo que nos constituye identitariamente".
Si bien el proyecto había surgido unos años atrás, quedó frenado durante un tiempo y logró reactivarse gracias a la asistencia técnica del Consejo Federal de Inversiones (CFI). Tras una primera etapa de preparación y equipamiento, la fábrica se encuentra pronta a ponerse en marcha con 10 personas que aprenderán los detalles de un oficio extinto, que se recuperó con el espejo y el apoyo de una experiencia similar en Brasil.
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Cómo recuperar el oficio extinto
El músico Renato Borghetti descubrió hace muchos años que en su Río Grande do Sul natal solo quedaban 3 de las casi 50 fabricas de acordeones que alguna vez hubo y decidió crear la Fábrica de Gaiteros, que hoy tiene casi 700 alumnos en 27 escuelas donde los niños aprenden a tocar los instrumentos que se construyen solo con ese fin.
El camino presentó una serie de desafíos tan creativos como variados: desde pedirle a una fábrica que vuelva a producir el cartón del fuelle y comprar toneladas, hasta insistir a la mayor acerera de la región que analice la composición del metal de las lengüetas para recrear la aleación. Pero esos obstáculos superados fueron "know how" de partida de la experiencia chaqueña.
"Tenemos gente formada en algunos aspectos de lo que se necesita, pero falta lo más específico, entonces los especialistas de Brasil van a hacer estas capacitaciones para tener luthieres chaqueños", valoró Valdez.
En Puerto Tirol, la fábrica social no solo formará constructores, también afinadores y otros oficios afines para una provincia en la que existen más de 500 acordeonistas. Pero además combinará la enseñanza con un taller abierto para usar como espacio de trabajo de los mismos estudiantes.
"Muchos instrumentistas que hoy no tenían ni dónde afinar o reparar su acordeón, no existía soporte", planteó. En tanto que, resaltó: "Además estamos agregando otros procesos más de innovación como la audioperceptiva en la construcción del instrumento. Hoy podemos incorporarle conocimientos que antes se hacían más desde la intuición o desde la práctica".
El acordeón, la pieza cultural que motoriza otras industrias
La fábrica es también un ejemplo de como la industria cultural puede ser el motor que pone a funcionar una cadena virtuosa para la economía regional, uno de los ejes en el que más insistieron los diversos disertantes durante el EFICC.
Para la fabricación se necesitan materiales y esos proveedores los encontraron en la misma provincia del Chaco. "Necesitábamos industria maderera para el cuerpo, que empezaron a tratarlas para que podamos usarla; precisábamos resinas de la miel y la encontramos en nuestras apícolas; el fuelle es del cuero de la cabra que también se produce en otra zona del Chaco", ejemplificó la funcionaria
Los instrumentos creados serán de estudio, destinados a espacios gratuitos de enseñanza que fomentan el acordeón. Para Valdez "se fueron activando diversas industrias locales", pero también "el sostenimiento de la práctica de este patrimonio cultural".
"No veo la hora de entregar el primer acordeón terminado. Muchos chicos quieren estudiar y no pueden porque necesitan el instrumento, que no es un barato, así que nos hace muchísima ilusión", concluyó.
