El chamamé: cómo surgió, qué instrumentos se usan y sus clásicos más famosos

Se trata de uno de los géneros más escuchados del folklore argentino. Tránsito Cocomarola, Teresa Parodi, Antonio Tarragó Ros y más emblemas son parte fundamental de la evolución de este estilo autóctono del litoral.

26 de mayo, 2026 | 17.04

El chamamé es una de las expresiones culturales más profundas y vibrantes del Litoral argentino, con su epicentro en la provincia de Corrientes. Esta manifestación no se limita únicamente a un estilo musical, sino que engloba una danza y una forma de vivir que moldean la identidad de los habitantes del nordeste del país.

Su relevancia social es tal que ha sido reconocido oficialmente como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, consolidando lazos colectivos que se transmiten de generación en generación y que se extienden con fuerza hacia el sur de Brasil, Paraguay, y otras regiones de Sudamérica. La riqueza de este género radica en su capacidad de resistencia y adaptabilidad a lo largo del tiempo.

Desde sus primeras manifestaciones documentadas, el chamamé funcionó como un canal de comunicación espiritual y un refugio para la memoria colectiva de los pueblos del área guaranítica. Hoy en día, su vigencia trasciende fronteras institucionales y geográficas, celebrándose en festivales multitudinarios donde la música se vive como un ritual de alegría, añoranza y profunda conexión con la tierra nativa.

Origen e historia

La génesis del chamamé se remonta al siglo XVI y está rodeada de debates historiográficos, dado que conviven diversas teorías que no han podido ser ratificadas con exactitud cronológica. La corriente más extendida sostiene que posee una raíz netamente guaraní, vinculada originalmente al jeroky ñembo'e o "danza de plegarias", una ceremonia sagrada comunitaria donde los chamanes transmitían relatos míticos y valores culturales a través de los sonidos de la guitarra nativa (mbaraka) y bastones de ritmo.

A esta matriz aborigen se le sumó un fuerte componente religioso y europeo durante el período de las misiones jesuíticas, fundamentalmente a partir de la labor en Yapeyú desde 1691, donde se adiestró a los nativos en la interpretación y construcción de instrumentos barrocos. Asimismo, la posterior influencia de las corrientes inmigratorias europeas (italianos, españoles, alemanes y polacos) junto a los aportes de las comunidades afrodescendientes que poblaron la región, terminaron de moldear los compases y la fisonomía definitiva de esta música litoraleña.

Los instrumentos que se usan

La instrumentación del chamamé experimentó una notable evolución técnica y tímbrica con el correr de los siglos. En sus etapas primitivas y misionales, predominaban los coros de cuerdas compuestos por arpas, violines y guitarras primitivas, además de instrumentos de viento barrocos. Con la llegada de los inmigrantes europeos a los campos del Litoral, se incorporaron elementos que definirían el sonido moderno del género, desplazando paulatinamente al arpa de los conjuntos tradicionales.

Chango Spasiuk y Teresa Parodi.

Actualmente, el esqueleto instrumental del chamamé se sostiene de manera indispensable sobre el acordeón y el bandoneón, encargados de llevar las melodías principales y los fraseos melancólicos o alegres del ritmo. Estos vientos se amalgaman de manera perfecta con la base rítmica y armónica de las guitarras y, en ocasiones, del contrabajo, logrando esa sonoridad acústica y corpórea tan característica del género.

Exponentes y clásicos del chamamé

A lo largo de su historia formal, el chamamé ha contado con grandes creadores e intérpretes que supieron llevar el sonido del Litoral a los principales escenarios del mundo. Entre las figuras fundacionales e indiscutidas se destaca Tránsito Cocomarola, considerado el máximo referente del género, junto a nombres de la talla de Tarragó Ros, Roberto Galarza, Isaco Abitbol, Ramona Galarza y Ernesto Montiel.

Ramona Galarza.

La continuidad y proyección internacional de esta música encontró su cauce en renovadores de enorme virtuosismo instrumental y poético. Figuras contemporáneas y formaciones como Raúl Barboza, Teresa Parodi, Antonio Tarragó Ros, Ramón Ayala, Los de Imaguaré y Amboé han mantenido viva la llama litoraleña, adaptando el mensaje tradicional a las nuevas plataformas de consumo masivo sin perder la esencia identitaria.

Antonio Tarragó Ros.

A lo largo de su historia formal, el chamamé ha contado con grandes creadores e intérpretes que supieron llevar el sonido del Litoral a los principales escenarios del mundo. Entre las figuras fundacionales e indiscutidas se destaca Tránsito Cocomarola, considerado el máximo referente del género y creador de composiciones inmortales como Kilómetro 11 y Laguna Totora.

En esa misma línea dorada de pioneros se ubican nombres de la talla de Ramón Sixto Ríos, autor de la célebre obra Merceditas, y Osvaldo Sosa Cordero, cuya pluma dio vida a piezas fundamentales del patrimonio litoraleño como Alma Guaraní y Nendivei. La riqueza poética e instrumental del género también se consolidó gracias a la impronta de músicos como Alberto Castillo, recordado por la potencia rítmica de "El Toro", y Roberto Galarza, quien enriqueció el cancionero popular con Volver en guitarra.

Asimismo, la obra de Ramón Ayala con su emblemática Posadeña Linda y las creaciones de Eustaquio Vera con Añoranza o Miguel Ramírez con Recordando a Concepción terminaron de estructurar la identidad lírica de esta música litoraleña.