Una canción puede empezar en una habitación, en una plaza o en una esquina del barrio; puede nacer de una pérdida, de una injusticia, de un amor o simplemente de la necesidad de decir algo. A pesar de esto, para muchos jóvenes transformar esa idea en una grabación profesional suele ser un camino casi inviable; pero Re-Suena llegó para hacer ese trayecto posible.
"Gracias a Re-Suena conocí lo que es un estudio profesional. Entré el año pasado y a fin de año ya había grabado mi primer tema", cuenta Eduardo, rosarino de 34 años, sobre el programa que acompaña a músicos emergentes que no cuentan con los recursos económicos para desarrollar sus proyectos artísticos.
Esta iniciativa surgió a partir de un diagnóstico realizado por el Ministerio de Cultura de Santa Fe en distintos barrios de Rosario y de la provincia. Allí detectaron un fenómeno cada vez más visible: los jóvenes utilizan la música como "un canal para expresar lo que les pasa, lo que sienten", tal como explica Gino Svegliati, director de Integración Territorial y Comunitaria de la Ministerio.
Aunque el rap, el trap y el hip hop son los géneros más presentes, Re-Suena no se limita a una única estética; entre sus participantes conviven propuestas vinculadas al soul, al funk, la cumbia, las baladas y otras expresiones contemporáneas. Además, el programa impulsa cruces entre estilos y lenguajes artísticos. En estos años, algunos jóvenes llegaron a combinar música urbana con elementos del tango, el rock e incluso arreglos sinfónicos.
Asimismo, el funcionario hace hincapié en la importancia de este tipo de proyectos sobre todo en jóvenes con pocas posibilidades socioeconómicas: "Muchas veces aquello que se canaliza a través de una canción termina convirtiéndose en algo positivo y evita que encuentre salida en otros caminos atravesados por la violencia o la delincuencia".
Marisol tiene 29 años, también es oriunda de Rosario y es parte de Re-Suena desde hace tres años, cuando comenzó el programa. "Además de aprender, uno se divierte. A veces llego cansada o sensible por cosas de la vida cotidiana y siempre termino yéndome contenta. Nos reímos mucho, hay un clima muy lindo. Yo siempre les digo que no me quiero ir cuando terminan las clases", destaca la joven cuyo nombre artístico es Solencia, sobre la humanidad que reina en el programa.
La propuesta va mucho más allá de la composición de canciones: actualmente funciona a través de una red de catorce semilleros distribuidos en Rosario, donde semanalmente se desarrollan talleres de escritura, producción musical y creación artística. A eso se suman espacios de formación técnica donde los participantes aprenden operación de sonido, producción de visuales, técnicas vocales, trabajo como DJ y herramientas para grabar y producir sus propias obras.
El recorrido de los artistas que pasan por Re-Suena
El objetivo final es que los artistas puedan completar todo el recorrido: desde la primera idea hasta la publicación de sus canciones en plataformas digitales y la posibilidad de presentarlas en vivo. "No solo es ir a grabar, dan todas las herramientas. Todos los dias hay una clase distinta de lo que vos quieras: hacer instrumentales, hacer beats, componer tus letras", señala Eduardo.
“Es un proceso largo y colectivo”, resume Gino, y en ese recorrido también se producen transformaciones personales. Según cuenta, muchos jóvenes llegan con letras influenciadas por discursos dominantes que giran alrededor de la violencia, las armas o la objetivación de las mujeres.
Eduardo evidencia el cambio que este ciclo representa en la vida de sus inscriptos al contar que desde sus 15 años está involucrado con la música urbana pero siempre se enfrentó a complicaciones que dificultaron su desarrollo artístico. "Antes no teníamos recursos, no teníamos nada. Para poder hacer algo musical tenías que moverte de acá para allá, llegabas a un estudio y no tenías tiempo de desarrollar todo lo que querías, te ibas con las canciones incompletas o mal producidas porque no tenías el conocimiento que necesitabas".
Re-Suena la memoria: cuando la música es historia
Seis artistas del programa se unieron en esta iniciativa impulsada este año en el marco de los 50 años del último golpe de Estado, para crear canciones inspiradas en obras vinculadas a la memoria, los derechos humanos y la historia reciente argentina. "Fue un diálogo con esas canciones, una conversación e inspiración", explica Solencia.
El objetivo no era solamente producir música nueva, sino también llevar esas creaciones a escuelas de la ciudad para generar encuentros con estudiantes y mantener viva la reflexión sobre el pasado. "La calidez de los chicos fue tan linda. Se les notaba el entusiasmo en la mirada. También estaba mi propia timidez de cantar frente a tanta gente, pero fue una experiencia muy hermosa y me ayudó a seguir desenvolviéndome", recuerda la joven.
La ampliación que acercará a más jóvenes a la música y la importancia de fomentar la cultura
Actualmente, Re-Suena atraviesa su tercera edición y prepara un nuevo paso: desembarcar en la ciudad de Santa Fe durante los próximos meses, replicando allí el modelo que ya funciona en Rosario. Más allá de la formación artística, quienes impulsan la iniciativa entienden que la música también es una herramienta para construir comunidad.
En tiempos atravesados por discursos individualistas, Gino Svegliati defiende el valor de estos espacios colectivos. “La cultura se desarrolla más allá de la presencia o no del Estado, pero hay una diferencia enorme cuando existe un acompañamiento que fomenta y potencia esos proyectos de vida”, afirma.
Más allá del incentivo al arte de la gente que no puede costear sus proyectos, Re-Suena es un espacio de comunidad que salva a sus participantes del desamparo social: "Lo más importante acá es la unión, no se queda nadie afuera. No importa de donde venís ni que musica hacés. Acá no se excluye a nadie, al contrario: alguien pasa por la vereda y se lo invita a que se sume a cualquier curso que le interese".
