Si viajamos en el tiempo a la Buenos Aires del siglo XX y decidimos pasar por la Confitería La Ideal, muy probablemente veamos a Carlos Gardel tomando un café o a Madonna filmando Evita. Pero no hace falta una máquina del tiempo para vivir la experiencia de tomar algo rico y saborear las delicias de esta emblemática cafetería ubicada en la calle Suipacha.
Inaugurada en 1912, Confitería La Ideal es una de las grandes confiterías notables de la Buenos Aires. Durante más de un siglo fue testigo de distintas épocas de la vida porteña, y es que, por allí pasaron figuras de la cultura popular, presidentes, artistas y músicos, mientras la ciudad cambiaba a su alrededor.
Confitería La Ideal: un emblema de la Ciudad de Buenos Aires
En la década de 1910, la visita de Carlos Gardel ayudó a consolidar el vínculo de La Ideal con el universo del tango. A fines de los años 20, el entonces presidente Hipólito Yrigoyen también formó parte de sus páginas memorables. Décadas más tarde, el lugar volvió a quedar asociado al cine, ya que, en 1996, sus salones funcionaron como escenografía de Evita, dirigida por Alan Parker y protagonizada por Madonna.
Parte del encanto de esta confitería está en que no se trata solamente de un lugar para tomar café, sino que es toda una experiencia. Entrar a Confitería La Ideal es encontrarse con vitrales centenarios, molduras, arañas originales y una arquitectura que conserva el aire elegante de la Belle Époque. La restauración que permitió su reapertura en 2022 recuperó buena parte de ese patrimonio y devolvió al microcentro uno de sus espacios más emblemáticos.
Para quienes buscan un plan de fin de semana en el centro porteño, van a encontrarse con una propuesta de película. El menú reúne opciones de cafetería, pastelería, desayunos, meriendas, platos de restaurante y barra. Está abierto todos los días de 7 a 1, mientras que los viernes y sábados extiende el horario hasta las 2 de la madrugada. Lo mejor es reservar mesa, ya que siempre hay gente disfrutando de la carta.
La Ciudad de Buenos Aires alberga lugares preciosos que durante décadas supieron brillar y ser el escenario de la vida porteña. Es el deber como ciudadanos cuidarlos y honrar a quienes pasaron por allí manteniéndolos vivos, en este caso, tomando un café y disfrutando de la pastelería orgullo a nivel internacional.
