En una ciudad donde la cocina de mar atraviesa distintas tradiciones y estilos, Zarautz encuentra su propia identidad haciendo del océano Atlántico el verdadero protagonista. A cargo del chef Leandro Leyell, este restaurante propone una cocina contemporánea que combina preparaciones reconocibles con técnicas actuales. La premisa es clara y contundente: trabajar el producto sin ocultarlo y dejar que cada ingrediente conserve su personalidad intacta.
El restaurante abrió sus puertas en la planta baja de Casa Zarautz, una casona centenaria en Palermo que alberga dos propuestas diferentes (en el piso superior funciona La Terrazza, dedicada al fuego). Con una escala íntima, el espacio conserva su arquitectura original, ladrillos de época y pisos calcáreos, en armonía con mesas de mármol y luces tenues. La protagonista indiscutida es su cocina integrada, que permite a los comensales observar en vivo la elaboración de pescados, mariscos, caldos y salsas.
Técnica precisa, charcutería de mar y una carta con sello propio
La propuesta gastronómica anticipa su espíritu innovador con alternativas poco habituales que llevan el concepto de la charcutería al universo marino, ofreciendo curados y ahumados artesanales de lisa, boquerones marplatenses y salmón. Entre las entradas se destacan la Velouté de Cangrejo, una sopa intensa con pinzas de cangrejo y croutons de zanahoria al rescoldo, y Nuestra Tortilla y Gambas, una clásica tortilla de papas de centro cremoso terminada con nage de crustáceos y gambas al hierro.
En los platos principales, el recorrido por las aguas argentinas se profundiza a través de creaciones memorables como la merluza negra & manteca negra, el pulpo "Fondo del Mar", el socarrat de pulpo, el bife de tiburón al limón y el lenguado en masa phyllo. Para ampliar el registro, la carta suma opciones como los agnolotti de hinojo y cabra.
Un poco más allá de los mariscos: horno, infusiones y postres
Detrás de cada plato hay un despliegue técnico: cocciones sous vide, horno de vapor e infusiones al vacío que buscan construir sabor sin caer en excesos. Este cuidado por los detalles se traslada también a la vajilla seleccionada y a una carta de vinos diseñada a medida.
Para el cierre, la propuesta dulce mantiene el mismo rigor con opciones como el flan "El Bristol" servido en hojaldre, la granita de frambuesas & kirsch, la geometría de chocolates y los cítricos en contraste. Zarautz logra redondear una experiencia donde la precisión convive con una mirada contemporánea sobre nuestra cocina de mar.
