Ojo de sangre: la rareza astronómica que descubrió la NASA e impacta a la comunidad científica

Científicos de la NASA dieron con un descubrimiento que impacta a la comunidad. Los detalles del denominado "ojo de sangre" del universo.

10 de febrero, 2026 | 16.58

La NASA anunció un nuevo descubrimiento que impacta a la comunidad científica: se trata de un "ojo de sangre", un fenómeno astronómico sumamente extraño. El telescopio espacial James Webb fue la tecnología que permitió dar con esta rareza espacial, que se ubica en el corazón de una galaxia lejana. Lo más interesante de todo es que, este ojo de sangre se encuentra en regiones del Universo con menos de mil millones de años de antigüedad, lo que significa una etapa extremadamente temprana del cosmos.

Cómo fue el descubrimiento de la NASA: qué es un ojo de sangre

Según investigadores del Centro de Astrofísica Harvard & Smithsonian, el ojo de sangre en cuestión no sería una galaxia en sí, sino Agujeros Negros de Colapso Directo (DCBH), es decir, semillas de agujeros negros de alta masa. Los mismos se forman a partir del colapso directo de una gran cantidad de materia en forma de nube de gas.

La NASA descubrió un nuevo "ojo de sangre".

Cómo son los Agujeros Negros de Colapso Directo

Los Agujeros Negros de Colapso Directo son altamente extraños, dado que sus condiciones de formación rara vez se dan al mismo tiempo. Para originarse se necesita que colapsen entre sí gas libre de metales, gas refrigerante atómico y flujo lo suficientemente grande de fotones Lyman-Werner, para destruir moléculas de hidrógeno. De no suceder esto, el resultado termina siendo estelar, es decir, se forman nuevas estrellas, consecuencia del enfriamiento del gas y la fragmentación de la nube de gas primordial.

Gracias a que no se puede transformar en estrellas, la masa de gas sufre un colapso gravitacional, alcanzando una densidad de materia extremadamente alta en su núcleo. De ahí el nombre de estos agujeros negros, los cuales se distinguen por colapsar directamente desde la nube de gas primordial, no desde un progenitor estelar, como sucede con la mayoría de los agujeros negros.

La rareza de estos agujeros negros es tal que, la primera vez que fueron identificados fue en el 2016, por un equipo de investigación de la Universidad de Harvard, a cargo del director Fabio Pacucci. Esto fue posible gracias a los datos brindados por el Telescopio Espacial Hubble y el Observatorio de rayos X Chandra.

Ahora bien, en lo que respecta a su color, es producto de un exceso significativo de radiación infrarroja, en comparación con otras categorías de fuentes con alto corrimiento al rojo. En concreto, son varias las condiciones que se tienen que dar para el origen de un ojo de sangre, y aún mayores para su descubrimiento.