Durante siglos, el azafrán fue símbolo de lujo, poder y tradición culinaria. Conocido como el “oro rojo” por su valor, puede superar ampliamente el precio del oro por kilo, hoy enfrenta una amenaza que no distingue fronteras: el cambio climático. Las alteraciones en los patrones de lluvia, el aumento de las temperaturas y las sequías prolongadas están impactando de lleno en su producción mundial.
La especie, que se obtiene de los estigmas de la flor Crocus sativus, requiere condiciones climáticas muy específicas. Florece durante un período breve y delicado, y su cosecha depende de un equilibrio preciso entre frío, humedad y suelos bien drenados. Cuando ese equilibrio se rompe, el resultado es inmediato: menos flores, menor rendimiento y un incremento en los costos.
Una cosecha cada vez más incierta
Irán concentra la mayor parte de la producción global de azafrán, seguido por países como España, India y Grecia. Sin embargo, en los últimos años los productores han registrado descensos significativos en el volumen recolectado. Las lluvias fuera de temporada, los inviernos menos fríos y las olas de calor anticipadas afectan directamente el ciclo de floración.
El problema no es solo la cantidad, sino también la calidad. El azafrán necesita temperaturas estables para desarrollar el color, aroma y sabor que lo caracterizan. Las variaciones extremas pueden alterar esas propiedades y disminuir su valor comercial.
Muchos agricultores aseguran que las temporadas son cada vez más impredecibles. Antes podían anticipar el calendario de floración; hoy dependen de condiciones meteorológicas que cambian de forma abrupta. Esa incertidumbre complica la planificación y pone en riesgo una actividad que, en muchas regiones, es sustento económico clave.
Un trabajo artesanal que no admite errores
La cosecha del azafrán sigue siendo manual. Cada flor debe recogerse al amanecer y deshojarse con precisión para extraer apenas tres hebras rojas. Se necesitan miles de flores para obtener un solo kilo de especia seca. Esa combinación de esfuerzo humano y escasez natural explica su alto precio.
Cuando el clima reduce la floración, el impacto es inmediato: menos producción significa mayor encarecimiento en el mercado internacional. Restaurantes, industrias alimentarias y consumidores finales ya perciben la suba en los precios.
El azafrán no es solo un ingrediente. En muchas regiones forma parte de la identidad cultural, de celebraciones tradicionales y de economías locales que se transmiten de generación en generación. La caída en la producción no solo implica una crisis agrícola, sino también social.
Algunos productores comenzaron a explorar técnicas de riego más eficientes, variedades más resistentes y métodos de cultivo adaptados a nuevas condiciones climáticas. Sin embargo, especialistas advierten que si las tendencias actuales continúan, el futuro del “oro rojo” podría volverse aún más incierto.
